VIAJE ALUCINANTE

(FANTASTIC VOYAGE)

ISAAC ASIMOV

EDITORIAL PLAZA & JANS

PRIMERA EDICIN: NOVIEMBRE 1966

TRADUCTOR J.FERRER ALEU

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A Mark y Marcia, que me obligaron a escribir este libro.

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Esta historia, que ha dado tema a una novela y a una pelcula, tiene varios autores, todos los cuales han contribuido de diferente manera a su forma actual. Para todos nosotros, la tarea fue larga, ardua y llena de dificultades, pero fue tambin motivo de grandes satisfacciones y, si puedo expresarme asi, de intenso regocijo. Cuando Jay L. Bixby y yo escribimos el argumento original, estbamos muy lejos de saber hasta dnde llegara y qu sera de l en manos de unos hombres de gran imaginacin y soberbia maestra: Sal David, productor de la pelcula; Richard Fleischer, director de sta y verdadero brujo de la fantasa; Harry Kleiner, que escribi el guin; Dale Hennesy, director artstico y artista por derecho propio; varios mdicos y cientficos que nos brindaron una gran parte de su tiempo y de sus conocimientos; y, por ltimo, Isaac Asimov, que puso a contribucin su pluma y su talento para dar forma y realidad a esta fantasmagora de hechos y de fantasa,

OTTO KLEMENT.

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CAPITULO I: AVION

Era un viejo avin, un cuatrimotor a reaccin de plasma, que haba sido retirado del servicio activo, y segua una ruta que ni era econmica ni particularmente segura. El aparato pasaba entre bancos de nubes, en un viaje de doce horas, cuando un avin-cohete supersnico hubiera podido hacerlo en cinco.

Y todava le faltaba ms de una hora de viaje.

El agente a bordo del avin saba que su cometido en la tarea no terminara hasta que el aparato aterrizase, y que la ltima hora sera la ms larga.

Dirigi una mirada al otro y nico ocupante de la amplia cabina de pasajeros, el cual dormitaba en aquellos instantes, con la barbilla hundida en el pecho.

Este pasajero no tena una apariencia que llamase la atencin, pero, en aquel momento, era el hombre ms importante del mundo.

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El general Alan Crter levant la cabeza, malhumorado, al entrar el coronel. Crter tena los ojos hinchados y cadas las comisuras de los labios. Trat de devolver su forma primitiva al sujetapapeles que estaba retorciendo, y ste se escap de entre sus dedos.

 Por poco me da  dijo el coronel Donald Reid, tranquilamente.

Tena el cabello rubio y liso, peinado hacia atrs; en cambio, su breve bigote era gris y erizado. Llevaba el uniforme con la misma e indefinible falta de naturalidad

que su interlocutor. Ambos eran especialistas, reclutados para un trabajo de superespecializacin, y se les haba dado graduacin militar por razones de conveniencia y casi de necesidad, dadas las aplicaciones de sus conocimientos cientficos.

Ambos llevaban la insignia FDMC, con cada letra en el centro de un pequeo hexgono, dos arriba y tres abajo. En el hexgono del centro de la hilera de tres haba un smbolo para clasificar mejor a quien lo llevaba. En el caso de Reid, era un caduceo, revelador de su profesin de mdico.

 Adivine lo que estoy haciendo  dijo el general.

 Rompiendo sujetapapeles.

 Cierto. Y, adems, contando las horas. Como un estpido!  Su voz se hizo ms aguda, aunque sigui controlndola. Heme aqu sentado, hmedas las manos, pegado el cabello, latindome con fuerza el corazn, y contando las horas. Aunque ahora cuento ya por minutos. Setenta y dos minutos, Don. Setenta y dos minutos para que aterricen en el aeropuerto.

 Bien. En tal caso, por qu est nervioso? Ocurre algo malo?

 No. Nada. Fue recogido felizmente. Lo arrancaron literalmente de las manos de Ellos, sin que, al parecer, recibiese un solo rasguo. Lleg sin novedad al avin, un avin viejo...

 S. Lo s.

Crter movi la cabeza. No le interesaba contarle cosas nuevas al otro; le interesaba solamente hablar. Pensamos que Ellos pensaran que Nosotros pensaramos que el tiempo tena la mayor importancia, y que por ello le meteramos en un X-52 y lo proyectaramos al espacio. Pero Nosotros pensamos que Ellos pensaran esto y alertaran al mximo su red de anticohetes...

 Paranoia dijo Reid; as lo llamamos en nuestra profesin. Me refiero a que alguien pueda creer que Ellos haran esto. Se expondran a una guerra y a la aniquilacin total.

 Tal vez se expondran a ello, para impedir lo que est ocurriendo. Poco me falta para creer que nosotros nos arriesgaramos, si nos hallsemos en su situacin. Por consiguiente, elegimos un avin comercial, un cuatrimotor a reaccin. Me pregunt si lograra despegar. Es tan viejo...!

 Y lo hizo?

 Si hizo, qu?

Por un instante, el general haba perdido el hilo de sus ideas.

 Si despeg.

 Oh, s! Y viene sin novedad. Recibo la informacin de Grant.

 Quin es Grant?

 El agente encargado. Le conozco bien. Con el asunto en sus manos, me siento todo lo seguro que puedo sentirme, lo cual no es mucho. Grant llev toda la operacin; les quit a Benes de las manos, como quien saca una pepita de una sanda.

 Entonces...?

 Sigo estando preocupado. Sepa, Reid, que slo hay una manera segura de llevar los asuntos en este maldito embrollo. Debemos pensar que Ellos son tan listos como Nosotros; que, por cada truco que inventamos, Ellos inventan un truco contrario; que, por cada hombre que situamos entre Ellos, Ellos sitan otro entre Nosotros. Esto empez hace ms de medio siglo. Era preciso que estuviramos equilibrados, pues, en otro caso, todo habra terminado hace ya tiempo.

 Tranquilcese, Al.

 Acaso puedo hacerlo? Esto de ahora, esa cosa que Benes trae consigo, ese nuevo conocimiento, puede deshacer el empate de una vez para siempre, y darnos el triunfo.

 Ojal los Otros no lo crean as dijo Reid. Si lo creen... Bueno, Al, hasta ahora ha habido reglas en nuestro juego. Ninguno de los bandos hace nada para acorralar al otro hasta el punto de obligarle a apretar el botn de los cohetes. Hay que dejarle un margen en el cual pueda retroceder. Empujarle, pero no demasiado. Cuando Benes llegue aqu, pueden pensar que les hemos apretado con exceso.

 No tenemos ms remedio que arriesgarnos dijo Crter; y, como acuciado por una idea importuna, aadi: Esto, si Benes llega hasta aqu.

 Llegar. Por qu no?

Crter se haba puesto en pie, disponindose a iniciar un paseo de un lado a otro. Pero mir fijamente al otro y se sent de nuevo, bruscamente.

 Est bien, no nos excitemos. Veo en sus ojos el brillo de las pildoras sedante, doctor. Yo no las necesito. Pero supongamos que Benes llega dentro de setenta y dos..., de sesenta y seis minutos. Supongamos que aterriza en el aeropuerto. Todava habr que traerlo aqu, cuidar de su seguridad... Puede haber algn fallo...

 Entre la copa y los labios salmodi Reid. Por el amor de Dios, general, seamos sensatos y hablemos de las consecuencias. Quiero decir, qu pasar cuando ya est aqu?

 Bueno, Don; esperemos a que haya llegado.

 Bueno, Al  le imit el coronel, con un deje de irritacin en sus palabras . De nada sirve esperar a que llegue, pues entonces ser demasiado tarde. Estar usted demasiado ocupado, y todas las hormiguitas del Pentgono empezarn a correr locamente de un lado para otro, sin dejar hacer nada de lo que creo que debera hacerse.

 Le prometo... Y el general hizo un vago ademn para zanjar la cuestin.

Reid hizo caso omiso de l.

 No. Sabe usted muy bien que no podr cumplir ninguna promesa que haga para el futuro. Llame al jefe ahora, quiere? Ahora! Usted puede hacerlo. En este momento, es la nica persona que puede llegar hasta l. Hgale ver que la FDMC no es nicamente la criada del Departamento de Defensa. Y, si no puede hacerlo, pngase en contacto con el comisario Furnald. ste est de nuestra parte. Dgale que quiero algunas migajas para la ciencia biolgica. Hgale observar que hay votos en juego. Escuche, Al; tenemos que gritar para que nos oigan. Tenemos que tener alguna oportunidad para luchar. En cuanto Benes llegue y se le echen encima los verdaderos generales, a quienes Dios confunda, nos quedaremos sin empleo para siempre.

 No puedo hacerlo, Don. Y no quiero hacerlo. Voy a decirle la verdad: no voy a hacer absolutamente nada hasta que Benes est aqu. Y no me gusta que pretenda usted forzarme la mano.

Los labios de Red palidecieron.

 Y qu debo hacer, general?

 Esperar, como espero yo. Contar los minutos. Red  se  volvi  para  marcharse.   Segua  dominando firmemente su indignacin.

 Si yo estuviera en su sitio, general, pensara en las pildoras sedantes.

Crter le dej marchar, sin replicarle. Consult su reloj.

 Sesenta y un minutos!  murmur, y estir la mano para coger un sujetapapeles.

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Casi con un sentimiento de alivio entr Reid en el despacho del doctor Michaels, jefe civil del departamento mdico. La expresin del ancho rostro de Michaels no pasaba nunca de una tranquila animacin, acompaada, a lo sumo, de una seca risita; mas, por otra parte, nunca descenda a nivel inferior de una fugaz solemnidad que, al parecer, ni l mismo se tomaba muy en serio.

Tena en la mano su inseparable grfica, o una de ellas. Para el coronel Reid, todas esas grficas se parecan. Cada una de ellas era un verdadero lo, y, tomadas en su conjunto, el lo se multiplicaba.

En ocasiones, Michaels trataba de explicarle las grficas, o de explicarlas a otras personas; Michaels era terriblemente aficionado a explicarlo todo.

Por lo visto, el torrente sanguneo estaba provisto de una dbil radioactividad, y el organismo (igual en el hombre que en una rata) tomaba su propia fotografa, por as decirlo, sobre un principio laserizado que daba una imagen tridimensional.

 En fin, no se preocupe por esto  deca Michaels, al llegar a este punto . Lo cierto es que se obtiene una imagen en tres dimensiones de todo el torrente circulatorio, la cual puede ser entonces registrada bidimensionalmente en cuantas secciones y direcciones se requieran para el trabajo. Si la imagen se ampla lo bastante, puede llegar hasta los menores capilares.

Y con ello me quedo convertido en un simple gegrafo  terminaba Michaels. Un gegrafo del cuerpo humano, que traza el mapa de sus ros y bahas, de sus radas y de sus riachuelos; los cuales son mucho ms complicados que los de la Tierra, se lo aseguro.

Reid contempl la grfica por encima del hombro de Michaels y dijo:

 De quin es, Max?

 De nadie que valga la pena  dijo Michaels, dejando la grfica a un lado. La gente, cuando espera, suele leer un libro. Yo leo un sistema sanguneo.

 Tambin esperando, en? Lo mismo que l dijo Red, moviendo la cabeza en direccin al despacho de Crter . Y esperando lo mismo, no?

 La llegada de Benes, naturalmente. Y, sin embargo, no acabo de creerlo.

 De creer, qu?

 De que ese hombre tenga lo que dice que tiene. Yo soy fisilogo, claro est, y no fsico dijo Michaels, encogindose de hombros en humorstico ademn casi de excusa, pero suelo creer en los tcnicos. Y stos dicen que no hay manera. Les o decir que el Principio de Incertidumbre impide que pueda hacerse por ms de un tiempo dado. Y el Principio de Incertidumbre es indiscutible, no cree?

 Tampoco yo soy tcnico, Max; pero estos mismos expertos nos dicen que Benes es la autoridad suprema en este campo. Los del Otro Lado lo han tenido a su servicio y se han mantenido a nuestra altura gracias a l; slo gracias a l. No tenan otro sabio de primera fila, mientras que nosotros tenemos a Zaletski, a Kramer, a Richtheim, a Lindsay y a todos los dems. Y nuestros hombres ms importantes creen que debe tener algo, si l lo dice.

 De veras lo creen? No creern, nicamente, que no podemos arriesgarnos a que as sea? A fin de cuentas, aunque resultara que no nos trae nada, su desercin sera ya una victoria para nosotros. Los Otros no podran utilizar ya sus servicios.

 Por qu haba de mentir?

 Y por qu no? dijo Michaels. Con esto logra salir de all y venir aqu, que es donde supongo que quiere estar. Si resulta que no nos trae nada, no por ello le haremos volver, no es cierto? Adems, es posible que no mienta; sencillamente, puede estar equivocado.

 Hum! Reid se retrep en su silln y puso los pies sobre la mesa, en un estilo impropio de un coronel. Apntese un tanto. Y, si nos da gato por liebre, le estar bien empleado a Crter. Les estar bien empleado a todos. Malditos imbciles!

 No le ha sacado nada a Crter, eh?

 Nada. No quiere hacer absolutamente nada hasta que llegue Benes. Est contando los minutos, y yo he empezado tambin a hacerlo. Faltan cuarenta y dos.

 Para qu?

 Para que el avin que lo trae aterrice en el aeropuerto. Y las ciencias biolgicas se quedan con las manos vacas. Si Benes trata nicamente de huir del Otro Lado, se apoderar de todo, de las tajadas, de las migajas e incluso del olor. Ser demasiado bueno para ellos y no lo soltarn para nada del mundo.

 Tonteras... Tal vez al principio se agarren a la presa; pero tambin nosotros tenemos influencias. Podemos soltarles a Duval, al tenaz y piadoso Peter.

Una expresin de disgusto se pint en el rostro de Reid.

 Me gustara arrojarlo a los militares. Tal como siento ahora, me gustara tambin arrojrselo a Crter. Si Duval estuviese cargado de electricidad negativa, y Crter de electricidad positiva, y pudiese juntarlos hasta que murieran los dos echando chispas...

 No sea destructor, Don. Se toma demasiado en serio a Duval. Un cirujano es un artista, un escultor que trabaja con tejidos vivos. Un gran cirujano es un gran artista y tiene temperamento de tal.

 Bueno; tambin yo tengo temperamento, y no lo

empleo para ser un incordio. Acaso monopoliza Duval el derecho de ser un antiptico y soberbio hijo de perra?

 Si l tuviera el monopolio de esto, mi coronel, yo estara encantado. Dejara que lo disfrutase l solo, y le estara agradecido. Lo malo es que en el mundo hay muchos hijos de perra tan antipticos y tan soberbios como l mismo.

 Supongo que s, supongo que s  murmur Reid, pero sin ablandarse . Treinta y siete minutos.

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Si alguien le hubiese repetido al doctor Peter Lawrence Duval la descripcin en comprimido de Reid, le habra respondido aqul con el mismo breve gruido con que habra correspondido a una declaracin de amor. Y no era que Duval fuese insensible al insulto o a la lisonja, sino que slo reaccionaba frente a ellos cuando tena tiempo, y raras veces lo tena. Lo que habitualmente llevaba en el semblante no era una mueca, sino ms bien una contraccin muscular provocada por lejanos pensamientos. Hay que presumir que todo hombre tiene su forma de evasin de este mundo; la de Duval era la sencillsima de concentrarse en su trabajo. Este proceder le haba llevado, a sus cuarenta y pico de aos, a la fama como neurocirujano, y a su estado casi inconsciente de soltera.

Al abrirse la puerta, ni siquiera levant la mirada de las cuidadosas mediciones que estaba haciendo sobre unas radiografas en tres dimensiones que tena delante. Su ayudante entr con su acostumbrado paso, lento y silencioso.

 Qu ocurre, Miss Peterson? pregunt, concentrando todava ms su atencin sobre las fotografas.

La impresin de profundidad era bastante clara para el ojo, pero la medicin de la profundidad real exiga un delicado clculo de los ngulos y un conocimiento previo del grado probable de tal profundidad.

Cora Peterson esper que pasara el momento de concentracin adicional. Tena veinticinco aos, exactamente veinte menos que Duval, y haba puesto cuidadosamente a los pies del cirujano su ttulo facultativo, obtenido el ao anterior.

En las cartas que escriba a su casa, deca casi siempre que cada da pasado con Duval vala tanto como un curso escolar; que el estudio de sus mtodos, de la tcnica de su diagnstico y del empleo de los instrumentos de su oficio, era increblemente aleccionador. En cuanto a su dedicacin al trabajo y a la causa de la curacin, slo poda calificarse de estimulante.

En un terreno menos intelectual, ella se daba perfecta cuenta, con la clarividencia del fisilogo profesional, de la aceleracin de los latidos de su corazn cuando captaba los planos y las curvas de la cara de l, inclinada sobre su trabajo, y observaba los rpidos, firmes y seguros movimientos de sus dedos. Sin embargo, su rostro permaneca impasible, porque la joven no aprobaba la actuacin de su poco intelectual msculo cardaco.

El espejo le deca, con bastante claridad, que no era una mujer vulgar, sino todo lo contrario. Sus ojos negros eran grandes y tenan una expresin ingenua; sus labios reflejaban un humor alegre cuando ella se lo permita, cosa que no ocurra a menudo; y su figura la enojaba por su visible propensin a chocar con el debido aspecto profesional Hubiese querido provocar silbidos (o su equivalente intelectual) por su competencia, y no por las sinuosidades de su cuerpo.

Al menos Duval apreciaba su eficiencia y no pareca turbado por sus atractivos fsicos, lo cual era un motivo ms de admiracin por parte de ella.

Por fin respondi:

 Benes aterrizar antes de treinta minutos, doctor Duval.

 Hum...! murmur l, levantando la cabeza. Y qu hace usted aqu? Su jornada de trabajo ha terminado.

Cora hubiese podido replicarle que tambin haba terminado para l, pero saba que slo terminaba cuando el hombre daba fin a su trabajo. Muy a menudo se haba quedado con l durante diecisis horas seguidas, aunque presuma que el doctor habra sostenido (con absoluta buena fe) que la obligaba a observar la jornada de ocho horas.

 Estoy esperando para verle  dijo.

 A quin?

 A Benes. No le parece emocionante, doctor?

 No. Por qu?

 Es un gran sabio, y dicen que trae una informacin importantsima, que revolucionar todo lo que estamos haciendo.

 De veras? Duval levant la fotografa que estaba encima del montn, la dej a un lado y fij su atencin en la siguiente. Acaso la ayudar en su trabajo con el lser?

 Puede facilitar el dar en el blanco.

 Ya da en el blanco. En cuanto a lo que puede aadirle Benes, slo ser til para los artfices de la guerra. Todo lo que aqul har ser aumentar las probabilidades de destruccin mundial.

 Pero, doctor Duval, usted mismo dijo que el progreso de la tcnica podra tener gran importancia para el neurofisilogo.

 Eso dije? Est bien, lo dije. De todos modos, preferira que se tomase usted el descanso necesario, Miss Peterson. Levant de nuevo la cabeza (y no suaviz un poquito el tono de la voz?) : Parece cansada.

Cora levant la mano hasta la mitad del camino de sus cabellos, pues, traducida al lenguaje femenino, la palabra cansada quiere decir despeinada. Dijo:

 En cuanto Benes haya llegado, me marchar. Lo prometo. Y, a propsito...

Qu?

 Emplear usted el lser maana?

 Es lo que ahora estoy tratando de decidir . , si usted me deja, Miss Peterson.

 El modelo 6951 no puede utilizarse.

Duval dej la fotografa y se ech atrs en su silla.

Por qu?

 No me inspira bastante confianza. No puedo enfocarlo debidamente. Supongo que uno de los diodos del tnel est averiado, pero todava no he descubierto cul.

 Est bien. Monte uno del que podamos fiarnos, por si fuera necesario, y hgalo antes de marcharse. Maana. .

 Maana ver lo que anda mal en el 6951.

 S.

Ella se volvi, dispuesta a marcharse, pero mir rpidamente su reloj y dijo:

 Veintin minutos..., y dicen que el avin llegar puntualmente.

l emiti un vago sonido y Cora comprendi que no la haba odo.

Y se march, cerrando la puerta a su espalda, despacio y sin ruido.

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El capitn William Owens se arrellan en el blando y almohadillado asiento del automvil. Se frot cansadamente la afilada nariz y apret las cuadradas mandbulas. Sinti que el coche se elevaba por efecto de los fuertes chorros de aire comprimido y emprenda la marcha perfectamente nivelado. No oy el menor zumbido del turborreactor, aunque quinientos caballos se agitaban a su espalda.

A travs de las ventanillas a prueba de bala, poda ver, a derecha e izquierda, la escolta de motocicletas. Otros coches le precedan y le seguan, convirtiendo la noche en un bullicio de luces veladas.

Aquel medio batalln de guardianes le haca sentirse importante, aunque, desde luego, no eran para l. Ni siquiera eran para el hombre a quien iban a recibir; no para el hombre como tal. Slo para el contenido de un gran cerebro.

El jefe del Servicio Secreto se sentaba a la izquierda de Owens. El hecho de que ste no estuviera seguro del nombre de aquel caballero indefinible que, desde los quevedos hasta los conservadores zapatos, pareca un profesor de instituto  o un dependiente de camisera , era una prueba del carcter annimo del Servicio.

 Coronel Gander... haba dicho Owens, haciendo una prueba, al estrecharle la mano.

 Gonder  haba dicho el otro, sin alzar la voz . Buenas tardes, capitn Owens.

Ahora estaban ya en las cercanas del aeropuerto. En alguna parte, en lo alto y delante de ellos, y seguramente a pocas millas de distancia, estara el arcaico avin, disponindose a aterrizar.

 ste es un gran da, no?  dijo Gonder, tambin en voz baja.

Todo en aquel hombre pareca murmurar, incluso el corte discreto de su traje de paisano.

 S  dijo Owens, esforzndose en quitar toda tensin al monoslabo.

Y no era que se sintiera particularmente tenso, sino, simplemente, que su voz pareca no poder abandonar aquel tono. Era el mismo aire de tensin que parecan reflejar su nariz fina y afilada, sus ojos entornados y sus salientes pmulos.

A veces pensaba que esto le convena. La gente se imaginaba que era excitable, cuando no lo era. Al menos, no ms que cualquier otra persona. Por otra parte, la gente hua a veces de l por esta misma razn, sin que tuviera que levantar la mano. Tal vez las cosas se equilibraban por s solas.

 Ha sido un buen golpe  dijo  traerle hasta aqu. Hay que felicitar al Servicio.

 El mrito corresponde a nuestro agente. Es el mejor de nuestros hombres. Y creo que su secreto es que tiene toda la estereotipada apariencia de un agente.

 De veras?

 Es alto Jugaba al ftbol en el instituto, Y guapo. De constitucin esplndida. Cualquier enemigo que lo vea dir: Mira; es el tipo que habra de tener uno de sus agentes; por consiguiente, no puede serlo. Y lo dejar en paz, para enterarse ms tarde de que, efectivamente, lo era.

Owens frunci el ceo. Hablaba el otro en serio? O bromeaba, porque pensaba que as aliviara la tensin?

 Supongo  dijo Gonder  que se da usted cuenta de que su papel en este asunto tiene verdadera importancia. Podr identificarlo, verdad?

 Le conozco bien  dijo Owens, con su breve y nerviosa risita. Nos encontramos varias veces en conferencias cientficas, en el Otro Lado. Una noche me emborrach con l; bueno, no llegamos a emborracharnos..., nos alegramos un poco.

 Habl?

 No le emborrach para hacerle hablar. Pero, de todos modos, no habl. Haba alguien ms con l. Sus sabios van siempre en parejas.

 Y usted, le habl?

El tono de la pregunta haba sido ligero; pero no la intencin que se ocultaba en ella.

Owens se ech a rer.

 No hay nada que yo sepa que l no sepa ya; puede creerme, coronel. Podra estar hablando con l todo un da sin causar el menor dao.

 Ojal supiera yo algo de esto. Les admiro a ustedes, capitn. Aqu tenemos un milagro de la tecnologa capaz de transformar el mundo, y slo un puado de hombres pueden comprenderlo. La mente del hombre huye de los hombres.

 La cosa no es tan grave, cralo  dijo Owens . Somos muchsimos. Claro que slo hay un Benes, y yo estoy muy lejos de poder considerarme de su clase. En realidad, mis conocimientos se limitan casi exclusivamente a aplicar la tcnica a mis planos de barcos. Esto es todo.

 Pero, reconocer a Benes?

El jefe del Servicio Secreto pareca necesitar una seguridad absoluta.

 Aunque tuviera un hermano gemelo, y estoy seguro de que no lo tiene, lo reconocera.

 No es precisamente cuestin de rutina, capitn. Como ya le he dicho, nuestro agente, Grant, es muy bueno; pero, incluso as, me sorprende un poco que haya podido lograrlo. Y tengo que preguntarme: no habr en esto una contramaniobra? No habrn barruntado que trataramos de apoderarnos de Benes, y habrn fabricado un falso Benes?

 Yo advertira la diferencia  respondi Owens, confiado.

 No sabe usted lo que puede hacerse hoy en da con la ciruga plstica y la narcohipnosis.

 No importa. Su cara podra engaarme, pero no su conversacin. O conocer la Tcnica mejor que yo  y su acento puso la mayscula en la palabra o no ser Benes, sea cual fuere su aspecto. Tal vez pueden imitar el cuerpo de Benes, pero no su mente.

Haban llegado al campo. El coronel Gonder consult su reloj.

 Lo oigo. El avin aterrizar dentro de unos minutos... y a la hora fijada.

Hombres armados y vehculos blindados se desplegaron, incorporndose a los que haban rodeado el aeropuerto, que qued convertido en un territorio ocupado y cerrado para todos los que no tuvieran autorizacin especial.

Las ltimas luces de la ciudad se haban extinguido, dejando slo un dbil resplandor en el horizonte, hacia la izquierda.

Owens suspir con infinito alivio. Benes llegara, al fin, dentro de un instante.

Final feliz?

Frunci las cejas al percibir la entonacin mental que haba puesto un punto de interrogacin detrs de estas dos palabras.

Final feliz...!, pens, torvamente; pero la entonacin escap a su control y las dos palabras volvieron a ser: Final feliz?

CAPITULO II: AUTOMOVIL

Grant observ con profundo alivio cmo se acercaban las luces de la ciudad al aproximarse el avin a su destino. Nadie le haba dado verdaderos detalles sobre la importancia del doctor Benes, salvo el hecho evidente de que se trataba de un sabio que desertaba, provisto de informacin vital. Era el hombre ms importante del mundo, le haban dicho, pero sin explicarle la razn.

No te precipites, le haban dicho. No lo eches a perder todo ponindote nervioso. Pero el asunto es vital, le haban dicho, increblemente vital.

Tmalo con calma, pero piensa que todo depende de ello, haban aadido: tu pas, tu mundo, la Humanidad.

Y lo haba hecho. Tal vez no lo habra logrado si ellos no hubiesen temido matar a Benes. Cuando se dieron cuenta de que slo matando a Benes podan salvar algo, era ya demasiado tarde y el pjaro haba volado. Un rasguo de bala sobre las costillas era el nico dao sufrido por Grant, y lo haba remediado con un vendaje.

Pero ahora estaba cansado, mortalmente cansado. Fsicamente cansado, desde luego; pero tambin fatigado de toda su estpida carrera. En sus tiempos de estudiante, haca de esto diez aos, solan llamarle "Granito" Grant, y l haba procurado justificar el apodo en el campo de ftbol. Un brazo roto fue su recompensa, aunque tuvo la suerte de conservar intactos los dientes y la nariz, reteniendo de este modo su aspecto de hombre guapo. (Sus abios se curvaron en una silenciosa y fugaz sonrisa.)

Desde entonces, haba renunciado tambin al empleo de su nombre patronmico. Slo el monosilbico gruido de Grant. Resultaba muy masculino, muy rudo.

Pero al diablo con ello! Qu ventajas le haba reportado, salvo cansancio y todas las probabilidades de una vida breve? Haba cumplido ya los treinta y haba llegado el momento de sacar a relucir de nuevo su nombre de pila. Charles Grant. Tal vez incluso Charlie Grant. El viejo Charlie Grant!

Dio un respingo, pero volvi a fruncir el ceo y a ponerse firme. Tena que ser as. El bueno y viejo Charlie. Ni ms, ni menos. El bueno y viejo y dulce Charlie, aficionado a dormitar en una mecedora. Hermoso da, Charlie. Hola, Charlie! Parece que va a llover... Bscate un empleo cmodo, viejo Charlie, de modo que, sin fatigarte demasiado, puedas gozar maana de un buen retiro.

Grant mir de soslayo a Jan Benes. Le pareci ver algo familiar en aquella mata de pelo gris, en aquella cara de firme y gruesa nariz, de spero y descuidado bigote, tambin grisceo. La nariz y el bigote eran buen tema para los caricaturistas; pero tambin sus ojos contaban  unos ojos circuidos de finas arrugas , y las rayas horizontales que surcaban su frente.

La ropa de Benes no le caa muy bien; pero haban tenido que salir precipitadamente, sin tiempo para acudir a un buen sastre. El sabio, segn saba Grant, frisaba en los cincuenta; mas pareca ms viejo.

Benes estaba inclinado hacia delante, observando las luces de la ciudad que se iban aproximando.

Grant le dijo:

 Ha estado alguna vez en esta parte del pas, profesor?

 No he estado en ninguna parte de su pas dijo Benes . O acaso esta pregunta era una trampa?  aadi, con dbil pero claro acento extranjero.

 No. Lo dije slo por decir algo. Es nuestra segunda ciudad, por orden de importancia. Sin embargo, se la regalo. Yo soy del otro extremo del pas.

 A m me tiene sin cuidado. Un extremo, el otro extremo..., qu ms da? La cuestin es que estoy aqu. Ser...

No termin la frase, y pintse en sus ojos una expresin de tristeza.

Romper lazos es cosa dura, pens Grant, aunque uno crea que es su deber hacerlo. Dijo:

 Procuraremos que no tenga usted tiempo de cavilar, profesor. Le daremos trabajo. Benes conserv su expresin triste.

 Lo supongo. Estoy seguro de ello. Es el precio que he de pagar, no?

 Grant contest:

 Temo que s. La verdad es que nos dio usted bastante trabajo, sabe?

Benes apoy una mano en el brazo de Grant.

 Se jug usted la vida, y se lo agradezco. Pudieron matarle.

 Para m, el jugarme la vida es algo rutinario. Gajes del oficio. Me pagan para ello. No tanto como suelen pagar por tocar una guitarra o para darle a una pelota de bisbol, pero s lo que creen que vale mi vida.

 No debe tomarlo de este modo.

 Y qu remedio! Mi Organizacin as lo toma. Cuando lleguemos, me estrecharn la mano y me dirn como a regaadientes: Buen trabajo! Es la reserva que hay que emplear entre hombres. Y luego: Ahora hablaremos de su nueva misin, pero tendremos que deducir de su paga el importe de ese vendaje de su costado. Tenemos que vigilar los gastos.

 No me dejo engaar por su cinismo, joven.

 Pues yo tengo que engaarme con l, profesor, para no abandonar mi trabajo.  Grant casi se sorprendi por la sbita amargura de su propia voz . Case el cinturn, profesor. Este cacharro salta mucho al aterrizar.

Pero, a pesar de las predicciones de Grant, el avin aterriz suavemente y corri sobre el suelo hasta detenerse, girando al mismo tiempo.

Las fuerzas del Servicio Secreto les rodearon. Los soldados saltaron de sus camiones de transporte acordonando el avin, dejando slo un pasillo para la escalerilla mototizada que avanzaba en direccin a la portezuela del aparato.

Tres automviles cerrados se detuvieron al pie de la escalera.

 Esto es un alarde de seguridad, coronel  dijo Owens.

 Ms vale pecar por exceso que por defecto dijo el coronel.

Y sus labios se movieron casi en silencio para pronunciar lo que Owens identific, asombrado, como una rpida oracin.

Owens dijo:

 Me alegro de que ya est aqu.

 No tanto como yo. Ms de una vez ha estallado un avin en pleno vuelo, sabe? Ahora est ya en tierra firme.

Se abri la portezuela del avin y Grant apareci inmediatamente en la abertura. Mir a su alrededor y agit la mano.

 Al menos, l parece estar entero dijo el coronel Gonder. Pero, dnde est Benes?

Como respondiendo a su pregunta, Grant se hizo a un lado para hacerle sitio a Benes. ste permaneci un momento all, sonriendo. Despus, con su vieja maleta en la mano, empez a bajar precavidamente la escalera. Grant le sigui. Detrs de l, salieron el piloto y el copiloto.

El coronel Gonder se acerc al pie de la escalerilla del avin.

 Profesor Benes, encantado de tenerle con nosotros! Me llamo Gonder, y estoy al cuidado de su seguridad a partir de este momento. Le presento a William Owens. Aunque creo que ya le conoce usted.

Los ojos de Benes se iluminaron, mientras el hombre levantaba los brazos, dejando caer su maleta. El coronel Gonder la recogi disimuladamente.

 Owens! S, claro! Nos emborrachamos juntos una noche. Lo recuerdo muy bien. Por la tarde habamos tenido una sesin interminable, aburrida, una de esas sesiones en que lo nico interesante es lo que no se puede decir, y yo me senta abrumado. Owens y yo nos encontramos a la hora de cenar. Le acompaaban cinco de sus colegas; pero a stos no los recuerdo muy bien. Despus, Owens y yo nos fuimos a un pequeo club, donde haba baile y msica de jazz; bebimos aguardiente, y Owens simpatiz mucho con una de las muchachas. Se acuerda de Jaroslavic, Owens?

 El hombre que le acompaaba? dijo Owens.

 El mismo. Le gustaba el alcohol mucho ms de lo que cabe imaginar, y, sin embargo, no poda beber. Tena que permanecer sereno. rdenes terminantes.

 Para vigilarle a usted?

Benes afirm con un solo movimiento de cabeza, largo y vertical, y sacando un poco el labio inferior.

 Yo le ofreca licor continuamente. Vamos, Miln  le deca, una garganta seca es mala cosa para un hombre. Y l tena que seguir rehusando, aunque se le iba el alma por los ojos. Fue un poco cruel por mi parte.

Owens sonri y asinti con la cabeza.

 Subamos al coche y vayamos a la Jefatura. Lo primero que hemos de hacer es exhibirle a usted por all, a fin de que todos vean que ha llegado. Despus, le prometo dejarle dormir veinticuatro horas de un tirn, antes de hacerle ninguna pregunta.

 Me bastar con diecisis. Pero, ante todo .  Mir a su alrededor, ansiosamente. Dnde est Grant? Ah! Ah est!

Se dirigi al joven agente.

 Grant! dijo, y le tendi la mano. Adis. Y gracias. Muchsimas gracias. Volveremos a vernos, no?

 Es posible  dijo Grant . No es difcil encontrarme. Basta con buscar la misin ms ingrata, y all estoy yo metido.

 De todos modos, me alegro de que estuviera metido en sta.

Grant enrojeci.

 Esta ingrata misin, profesor, tena su importancia. Y celebro haber podido serle til. Lo digo de veras.

 Lo s. Y ahora, adis. Adis!

Benes agit la mano y retrocedi, dirigindose al coche cerrado.

Grant se volvi al coronel.

 Pondr en peligro la seguridad si me largo ahora, jefe?

 Puede irse. Y permtame que le diga una cosa, querido Grant...

 Qu, seor?

 Buen trabajo!

 La frase adecuada es: Una funcin muy linda! Es la nica que me conmueve.

Se llev irnicamente el ndice a la sien y se alej.

Grant hace mutis pens; y a continuacin : Entra el viejo y buen Charlie?

El coronel se volvi a Owens.

 Suba al coche con Benes y hable con l. Yo ir en el automvil de delante. Y, cuando lleguemos a la Jefatura, quiero que lo identifique con toda seguridad, si puede; o que lo niegue rotundamente, en otro caso. No quiero nada ms.

 Record el episodio de la borrachera  dijo Owens.

 Exactamente  dijo el coronel, de mala gana . Lo record demasiado pronto y demasiado bien. Hable con l.

Subieron todos a los coches. El cortejo se puso en marcha y los autos aumentaron la velocidad. Desde lejos, Grant los vio marchar, agit la mano ciegamente, sin dirigirse a nadie en particular, y sigui andando.

Ahora tendra mucho tiempo libre y saba exactamente cmo tena que emplearlo, despus de una noche de sueo. Sonri, con gozosa anticipacin.

**** ** ****

La comitiva sigui su camino cuidadosamente elegido. Los perodos de agitacin y de calma variaban en todos los barrios de la ciudad y a cada hora. Sabase, pues, el que corresponda a aquel barrio determinado y a aquella hora.

Los coches roncaban por las calles vacas, entre casas de vecindad en silencio y almacenes cerrados. Las motocicletas marchaban en vanguardia, y el coronel, en el primero de los coches, trataba nuevamente de calcular cmo reaccionaran los Otros ante el victorioso golpe.

Un acto de sabotaje en la Jefatura caba dentro de lo posible. Se haban tomado todas las precauciones; pero era axiomtico, en su oficio, que todas las precauciones eran pocas.

Una luz?

Por un brevsimo instante, le pareci que una luz haba brillado y se haba apagado en uno de los caserones que haba frente a ellos. Inmediatamente cogi el telfono para avisar a la escolta motorizada.

Habl de prisa y en tono de mando. Una de las motocicletas que cerraban la comitiva se lanz hacia delante a toda velocidad.

En el mismo momento, empez a roncar un motor a uno de los lados de la calle (un ronquido casi ahogado por el estruendo de la comitiva en marcha) y un automvil sali disparado de uno de los callejones laterales.

Llevaba los faros apagados, y fue tan sbita su aparicin que nadie pudo darse cuenta cabal de lo que pasaba. Nadie pudo, despus, formarse una idea exacta de los acontecimientos.

El coche-proyectil, dirigido contra el coche cerrado en que iba Benes, tropez con la motocicleta que avanzaba. En la colisin que se produjo, la moto qued hecha aicos, su conductor fue lanzado a gran distancia y qued destrozado y muerto en la calzada. En cuanto al coche-proyectil, su trayectoria se desvi de manera que fue a dar contra la parte posterior del automvil cerrado.

Hubo mltiples colisiones. El coche de Benes perdi la direccin, empez a dar vueltas y fue a estrellarse contra un poste del telfono. El automvil agresor, perdida tambin la direccin, fue a chocar contra un muro de ladrillos y se incendi.

El auto del coronel se detuvo.

Las motocicletas chirriaron, dieron media vuelta y corrieron hacia atrs.

Gonder salt de su automvil, corri hacia el coche destrozado y se asom a la ventanilla.

Owens, conmocionado y con un araazo en un pmulo, pregunt:

 Qu ha pasado?

 Por el amor de Dios, dejemos esto! Cmo est Benes?

 Est herido.

 Pero, vive?

 S. Aydeme.

Entre los dos incorporaron a Benes y lo sacaron del coche. Benes tena los ojos abiertos pero empaados, y slo emita sonidos incoherentes.

 Cmo se encuentra, profesor?

Owens dijo rpidamente en voz baja:

 Se ha dado un fuerte golpe en la cabeza con el tirador de la portezuela. Conmocin cerebral, probablemente. Pero es Benes. Con toda seguridad.

 Ahora tambin lo s yo! grit Gonder. No sea...!  Y se trag con dificultad la palabra que iba a lanzar.

La puerta del primer coche permaneca abierta. Entre los dos introdujeron a Benes en el automvil y, en el mismo instante, son un disparo de fusil en algn lugar, arriba. Gonder se lanz dentro del coche, encima de Benes.

 Largumonos de aqu!  chill.

El coche y la mitad de la escolta motorizada emprendieron la marcha. Los dems se quedaron. Numerosos policas se dirigan corriendo al edificio en el que haba sonado el disparo. La luz mortecina del coche incendiado daba a la escena un tono amarillo y siniestro. Empezaba a orse el lejano zumbido de los curiosos que se agolpaban en el lugar.

Gonder apoy la cabeza del sabio sobre su regazo. Benes estaba ahora completamente inconsciente; respiraba despacio y tena dbil el pulso. Gonder contemplaba fijamente a aquel hombre, que poda morir en cualquier momento, y murmuraba desesperadamente para s:

 Y casi habamos llegado..., casi habamos llegado!

CAPITULO III: JEFATURA

Grant estaba slo adormilado cuando llamaron a su puerta. Se levant tambalendose, sali de su habitacin y avanz descalzo por el fro pasillo, bostezando a ms y mejor.

 Ya voy!

Sentase amodorrado y quera sentirse as. En el desempeo de su profesin, se haba acostumbrado a despertarse del todo ante el menor ruido extrao. Una alerta instantnea. Tmese una buena cantidad de sueo, adasele una pulgarada de ruido, y se obtendr instantneamente el Quin vive!.

Pero ahora no estaba de servicio, y todo esto poda irse al diablo.

 Qu quiere?

 De parte del coronel, seor dijeron al otro lado de la puerta Abra inmediatamente.

Contra su voluntad, Grant acab de despertarse. Se coloc a un lado de la puerta, bien pegado a la pared, y abri aqulla todo lo que permita la cadena.

 Mustreme su carnet de ID(Intelligence Departmen. Servicio de Inteligencia) dijo.

Le alargaron una tarjeta; la cogi y volvi a su habitacin. Busc la cartera y sac de ella su identificador. Insert el carnet en l y ley el resultado en la placa translcida.

Volvi a la puerta y solt la cadena, apercibido, a pesar suyo, a ver aparecer una pistola o alguna otra seal de hostilidad. Pero el joven que entr pareca totalmente inofensivo.

 Tendr que acompaarme a la Jefatura, seor.

 Qu hora es?

 Las seis cuarenta y cinco aproximadamente, seor.

 De la maana?

 S, seor.

 Maldita sea! Para qu me necesitan a estas horas?

 Lo ignoro, seor. Slo cumplo rdenes. Debo insistir en que me acompae, seor. Lo siento.  Intent una tmida broma : Tampoco yo tena muchas ganas de levantarme, y aqu estoy.

 Tengo tiempo para afeitarme y darme una ducha?

 Pues...

 Est bien. Tengo, al menos, tiempo para vestirme?

 S, seor..., pero de prisa!

Grant se frot con el pulgar el vello del mentn y se alegr de haberse duchado la noche anterior.

 Dme cinco minutos para vestirme y hacer mis necesidades.

Ya en el cuarto de bao, grit:

 A qu viene todo esto?

 No lo s, seor.

 A qu Jefatura vamos?

 No creo que ..

 Est bien, djelo.

El ruido del agua de los servicios impidi momentneamente continuar la conversacin.

Grant sali, malhumorado, pero sintindose ya un poco civilizado.

 Pero vamos a una Jefatura. Ha dicho usted esto, no?

 S, seor.

 De acuerdo, hijo mo dijo Grant amablemente. Pero le advierto que si pretende engaarme le har pedazos.

 S, seor.

Grant frunci el ceo al detenerse el coche. La maana era gris y hmeda. Presagiaba lluvia. Se hallaban en una zona de almacenes destartalados y, medio kilmetro atrs, haban cruzado una barrera.

 Qu ha pasado aqu? haba preguntado Grant, sorprendido.

Pero su acompaante le haba respondido con su acostumbrada expresin hermtica.

Se detuvieron, y Grant llev delicadamente su mano a la culata de su enfundado revlver.

 Ser mejor que me diga lo que viene ahora.

 Hemos llegado. Es una instalacin secreta del Gobierno. No lo parece, pero lo es.

El joven se ape, y lo propio hizo el conductor.

 Tenga la bondad de permanecer dentro del coche. Mr. Grant.

Ambos se alejaron unos treinta pasos, mientras Grant miraba cautelosamente a su alrededor. El coche sufri una sbita sacudida y Grant perdi por un instante el equilibrio. Al recobrarlo, se dispuso a abrir la portezuela del automvil, pero se contuvo, asombrado, al ver que unas paredes lisas se elevaban en torno de l.

Tard unos segundos en darse cuenta de que se estaba hundiendo con el coche, de que ste haba sido colocado en la plataforma de un ascensor. Pero cuando lo hubo comprendido era ya demasiado tarde para intentar salir de all.

En lo alto, se cerr una trampa, y durante un rato rein una oscuridad absoluta. Grant encendi los faros del coche, pero la luz rebot intilmente en la curva de pared ascendente.

Nada poda hacer, y esper durante tres interminables minutos. Entonces, el ascensor se detuvo.

Se abrieron dos grandes puertas. Grant tens sus msculos, apercibido para la accin. Pero los distendi inmediatamente. Un MP un verdadero MP(Military Police. Polica Militar), con autntico uniforme militar le estaba esperando en un "scooter". El hombre luca en el gorro las iniciales FDMC. El "scooter" llevaba idntica inscripcin.

Automticamente, Grant busc el sentido de las iniciales. Fuerzas de Defensa de Montaa Centralizadas  pens . Fbricas del Departamento de Marina Costera.

 Cmo? dijo en voz alta, pues no haba entendido lo que le deca el MP.

 Si tiene usted la bondad de subir, seor...  repiti el MP con rgida cortesa, sealndole el asiento vaco.

 Desde luego. Es un bonito lugar.

 S, seor.

 Qu extensin tiene?

Cruzaban una zona cavernosa y desierta, con camiones y coches alineados junto a los muros, todos ellos con la inscripcin FDMC.

 Es muy grande  dijo el MP.

 Esto es lo  que ms  me gusta  de  todos  ustedes

 dijo Grant. Siempre dispuestos a facilitar datos valiosos.

El vehculo subi por una rampa suave a otro piso, ste sumamente poblado. Individuos uniformados, de ambos sexos, se movan presurosamente de un lado a otro, y todo el lugar respiraba una atmsfera indefinible, pero indudable, de agitacin. Los ojos de Grant tropezaron con una muchacha vestida con lo que pareca un uniforme de enfermera (con las letras FDMC primorosamente bordadas sobre la curva del pecho) y record los planes que haba empezado a hacer la noche anterior.

Si se trataba de una nueva misin...

El vehculo gir bruscamente y se detuvo delante de una mesa.

El MP se ape.

 Charles Grant, seor  dijo.

El oficial sentado detrs de la mesa permaneci impasible ante la informacin.

 Nombre? pregunt.

 Charles Grant  respondi ste , tal como acaba de decirle este amable caballero.

 El carnet de ID, por favor.

Grant se lo entreg. Llevaba slo un nmero en relieve, al que el oficial dedic una breve mirada. Despus insert el carnet en el Identificador que haba sobre la mesa, mientras Grant lo observaba sin gran inters. Era exactamente igual que su Identificador de bolsillo, aunque mayor, acromeglico. La pantalla gris y anodina se ilumin, y apareci en ella su propio retrato, de frente y de perfil, con su aspecto amenazador de gngster, segn pensaba siempre Grant.

Dnde estaba la mirada abierta y franca? Dnde la simptica sonrisa? Dnde los hoyuelos de las mejillas que enloquecan, s, seor, que enloquecan a las muchachas? Slo quedaban las cejas fruncidas, que le daban aquel aspecto terrible. Era sorprendente que pudiesen reconocerle.

Sin embargo, el oficial le reconoci y, por lo visto, sin el menor esfuerzo: una simple mirada a la foto y otra mirada a Grant. El hombre sac el carnet, se lo devolvi e indic con un ademn que podan seguir.

El scooter torci a la derecha, pas bajo un arco y enfil un largo pasadizo, reservado al trnsito y con espacio sealado para dos vehculos en ambas direcciones. El trfico era muy intenso, y Grant era la nica persona que no vesta uniforme.

A intervalos casi hipnticamente regulares, abranse puertas a ambos lados de la va, con aceras para peatones adosadas a los muros. stas estaban menos concurridas.

El "scooter" se dirigi a otro arco, en el que haba un rtulo que deca: Departamento mdico.

Un MP de servicio en una garita elevada, como las de los policas de trfico, accion un interruptor. Se abrieron unas pesadas puertas de acero, y el "scooter" las cruz y se detuvo.

Grant se pregunt debajo de qu parte de la ciudad estara en aquel momento.

El rostro del hombre con uniforme de general que avanzaba rpidamente a su encuentro, parecile vagamente familiar. Lo reconoci sin lugar a dudas cuando le tendi la mano.

 Crter, no? Nos vimos en el Transcontinental

hace un par de aos. Por aquel entonces no vesta usted uniforme.

 Hola, Grant. Oh, al diablo el uniforme! Lo llevo slo aqu, por cuestin de prestigio. Es la nica manera de establecer una cadena de mando. Venga conmigo, "Granito Grant...", no era as como le llamaban?

 Pues..., s.

Cruzaron una puerta y entraron en lo que era visiblemente una sala de operaciones. Grant mir por la ventanilla de observacin y vio el acostumbrado espectculo de unos hombres v mujeres vestidos de blanco, en un ambiente de asepsia casi tangible v rodeados de duros resplandores de metal, agudo y fro; y todo ello absorbido hasta hacerlo insignificante por esa proliferacin de instrumentos electrnicos que haba convertido la medicina en una rama de la ingeniera.

En aquel momento introducan una mesa de operaciones, v un mechn de pelo gris se destacaba de la blanca almohada.

Entonces tuvo Grant su peor sobresalto.

 Benes?  murmur.

 Benes respondi el general Crter, con voz destemplada.

 Qu le ha pasado?

 Que al fin lo pillaron. Por nuestra culpa. Vivimos en la era de la electrnica, Grant. Todo cuanto hacemos, lo hacemos por medios transistorizados. Nos libramos de nuestros enemigos manipulando una corriente electrnica. Tenamos todo el trayecto vigilado con todos los medios a nuestro alcance, pero slo contra enemigos electro-nieados. No pensamos en un automvil con un hombre al volante, ni con fusiles con gatillos manejados por el hombre.

 Supongo que no habrn cogido vivo a ninguno.

 A ninguno. El hombre que iba al volante muri en el acto. Los otros fueron muertos por nuestras balas. Por nuestra parte, tuvimos tambin algunas bajas.

Grant volvi a mirar hacia abajo. El rostro de Benes tena la expresin vaca que solemos asociar con los potentes sedantes.

 Presumo que, si est vivo, queda todava alguna esperanza.

 Est vivo. Pero la esperanza es poca.

 Tuvo alguien ocasin de hablar con l?  pregunt Grant.

 Un tal Owens, capitn William Owens. Acaso le conoce?

Grant movi la cabeza.

 Slo vi de refiln, en el aeropuerto, a alguien a quien Gonder dio este nombre.

 Owens habl con Benes dijo Crter, pero no obtuvo ninguna informacin importante Gonder tambin habl con l. Y usted, ms que nadie. Le dijo algo?

 No, seor. Y si lo hubiese hecho no habra entendido una palabra. Mi misin consista en traerlo a este pas, y nada ms.

 Desde luego. Pero usted habl con l, y pudo decirle algo, aun sin proponrselo.

 Si lo hizo, me entr por un odo y me sali por el otro. Pero no creo que lo hiciera. El que ha vivido en el Otro Lado se ha acostumbrado a cerrar el pico.

Crter lanz un bufido.

 Huelgan sus muestras de superioridad, Grant. En este lado, sufren ustedes idntica instruccin. Si no lo sabe .. Perdn, no deb decir esto.

 Olvdelo, general  dijo Grant, encogindose de hombros para dejar zanjada la cuestin.

 Bueno, lo cierto es que no habl con nadie. Fue puesto fuera de combate antes de que pudiramos sacarle lo que pretendamos. Para esto, hubiese podido quedarse en el Otro Lado.

 Mientras venamos  dijo Grant , cruzamos una barrera de policas...

 All ocurri la cosa. Cinco manzanas ms, y lo habramos tenido aqu, sano y salvo.

 Y qu es lo que tiene?

 Una lesin en el cerebro. Tenemos que operar, y por esto le necesitamos a usted.

 A m? dijo Grant, con voz estentrea. Escuche, general: en cuestiones de ciruga del cerebro soy

como un recin nacido. Me tumbaron al estudiar el cerebelo en la vieja Universidad del Estado.

Crter no replic, y al propio Grant le parecieron huecas sus palabras.

 Venga conmigo dijo Crter.

Grant le sigui. Cruzaron una puerta, pasaron por un breve corredor y entraron en otra estancia.

 La Sala Central de Control  dijo Crter, brevemente.

Las paredes estaban cubiertas de pantallas de televisin. La silla del centro estaba medio rodeada por un tablero semicircular de interruptores, montado en acentuada pendiente.

Crter se sent y Grant permaneci en pie.

 Deje que le explique la esencia de la situacin  dijo Crter. Ya sabe que existe una especie de empate entre Nosotros y Ellos.

 Desde luego. Y as ha sido durante mucho tiempo.

 Sin embargo, este equilibrio de fuerzas no es mala cosa. Rivalizamos y no ganamos para sustos, pero de esta manera hemos progresado mucho. Los dos. Pero si el equilibrio se rompe tiene que romperse a favor nuestro. Supongo que lo comprende, no?

 Creo que s, general  dijo Grant, secamente.

 Benes representa la posibilidad de esta ruptura. Si pudiera decirnos lo que sabe...

 Puedo hacerle una pregunta, seor?

 Diga.

 Qu es lo que sabe? Qu clase de cosa?

 Todava no. Todava no. Espere un momento. La naturaleza exacta de la informacin no es lo ms importante en este instante preciso. Djeme proseguir. Si pudiera decirnos lo que sabe, el equilibrio se rompera a nuestro favor. Si muriese, o incluso si sanase pero no pudiese darnos la informacin debido a su lesin, cerebral, entonces continuara el empate.

 Aparte del humanitario dolor por la prdida de una mente privilegiada  dijo Grant , podramos decir que el mantenimiento del equilibrio no sera una desgracia tan grande.

En efecto, si la situacin es la que acabo de exponerle. Pero puede no serlo.

Por qu?

_ Piense en Benes. Tiene fama de moderado, pero no existe el menor indicio de que haya tenido dificultades con su Gobierno. Durante un cuarto de siglo, dio plenas muestras de lealtad y recibi un trato excelente. De pronto, deserta...

 Porque quiere deshacer el equilibrio con ventaja para nosotros.

 Quiere realmente esto? Tambin es posible que, antes de darse cuenta de todas las consecuencias, revelase al Otro Lado lo bastante para darles la delantera. Entonces pudo advertir que, sin proponrselo deliberadamente, haba puesto el dominio mundial en manos de su propio bando, y tal vez las virtudes de ste no le satisfacan lo bastante para sentirse tranquilo. Y venir a nosotros, no para darnos la victoria, sino para que nadie se alzase con ella. Dicho de otro modo, habra venido a nosotros para mantener el equilibrio.

 Hay algn indicio de esto, seor?

 Ninguno dijo Crter. Pero debe usted comprender que es una posibilidad, y que tampoco hay la menor prueba de que no sea as.

 Prosiga.

 Si la cuestin de la vida o la muerte de Benes significase un dilema entre nuestra victoria total y la continuacin del empate, podramos arreglarnos. La prdida de esta oportunidad de un triunfo total sera una vergenza, pero tal vez maana se nos presentase otra ocasin. Sin embargo, podemos encontrarnos ante una alternativa entre el empate y la derrota total, y esta ltima hiptesis es sencillamente intolerable. De acuerdo?

 Desde luego.

 As, pues, mientras exista la menor posibilidad de que la muerte de Benes ocasione nuestra derrota total, esta muerte debe ser evitada a cualquier precio, a toda costa y a todo riesgo.

 Presumo que si me ha dado toda esta explicacin, general, es porque va a pedirme que haga algo. En realidad, me he jugado la vida para evitar peligros mucho menores que el de una derrota total. Si quiere que le confiese la verdad, nunca me ha divertido; pero lo he hecho. Sin embargo, qu puedo hacer en una sala de operaciones? Cuando ayer necesit un aposito sobre las costillas, Benes tuvo que ponrmelo. Y, en comparacin con otros aspectos de la tcnica mdica, soy un as poniendo vendas. Crter tampoco replic esta vez.

 Gonder lo ha recomendado para esto. En primer lugar, por cuestin de principios. Le considera un hombre extraordinariamente capaz. Y yo tambin.

 Menos coba, general. Me irrita.

 Maldicin! No le estoy lisonjeando, sino que le estoy explicando algo. Gonder le considera un hombre capacitado en general, pero tambin estima que su misin ha quedado incompleta. Tena que traernos a Benes sano y salvo, y esto no se ha logrado.

 Estaba sano y salvo cuando fui relevado por el propio Gonder.

 Sin embargo, ahora no lo est.

 Est apelando a mi orgullo profesional, general?

 Llmelo as, si quiere.

 De acuerdo. Sostendr el escalpelo. Enjugar el sudor de la frente del cirujano. Incluso les guiar el ojo a las enfermeras. Creo que esto es cuanto soy capaz de hacer en una sala de operaciones.

 No estar solo. Formar parte de un equipo.

 Lo supona  dijo Grant . Alguien tendr que manejar el escalpelo. Yo me limitar a sostener la bandeja.

Crter accion unos cuantos interruptores con pulso seguro. En una de las pantallas de televisin aparecieron inmediatamente dos caras provistas de gafas oscuras. Estaban inclinadas con gran atencin sobre un rayo lser, cuya roja luz fue adelgazndose hasta adquirir el grosor de un hilo. Despus la luz se apag y los dos personajes se quitaron las gafas.

 se es Peter Duval dijo Crter. Oy hablar alguna vez de l?

 No; lo siento.

 Es el mejor neurocirujano de todo nuestro pas.

 Y quin es la chica?

 Su ayudante.

 Ah!

 No est pensando siempre en lo mismo. Es un tcnico sumamente competente.

El entusiasmo de Grant baj unos grados.

 Lo creo, seor.

 Dice que vio a Owens en el aeropuerto?

 Slo un momento, seor.

 Tambin l estar con usted. Y nuestro jefe del Departamento Mdico. l les dar instrucciones.

Otra rpida manipulacin en el tablero, y esta vez la pantalla de televisin emiti el grave zumbido indicador de la conexin del sonido en ambas direcciones.

Una simptica cabeza calva apareci en primer trmino, sobre la intrincada red de un sistema circulatorio que llenaba la pared a su espalda.

Crter llam:

 Max!

Michaels mir hacia arriba. Entorn los prpados. Tena una expresin bastante apagada.

 Dgame, Al.

 Grant est a su disposicin. Apresrese. Tenemos poco tiempo.

 Cierto. Ir a buscarle. La mirada de Michaels se encontr con la de Grant. El hombre dijo, hablando muy despacio : Espero que est dispuesto, Mr. Grant, a participar en el ms extraordinario experimento de toda su vida. O de la vida de cualquiera.

CAPITULO IV: INSTRUCCION

Grant se encontr en el despacho de Michaels, contemplando boquiabierto el mapa del sistema circulatorio.

 Es un lo de mil demonios  dijo Michaels , pero es un verdadero mapa del territorio. Cada trazo es una carretera; cada punto de unin, una encrucijada. Es tan intrincado como un mapa de carreteras de los Estados Unidos. O todava ms, porque est en tres dimensiones.

 Dios mo!

 Cien mil millas de vasos sanguneos. Ahora no ve gran cosa, porque la mayora de aqullos son microscpicos y se requiere un aumento considerable para verlos; pero jntelos y forme una lnea nica, y podr dar con ello? cuatro vueltas a la Tierra o, si lo prefiere, llegar casi a mitad de camino de la Luna. Ha dormido, Grant?

 Unas seis horas. Tambin di unas cabezadas en el avin. Estoy en forma.

 Est bien. Podr comer, afeitarse y atender a otras cosas por el estilo, si lo cree necesario. Ojal hubiese podido yo dormir. Pero, en cuanto hubo dicho esto, levant una mano. No quiero decir con esto que no me halle tambin en forma. No me quejo. Ha tomado morfgeno?

 Ignoro lo que es esto. Una especie de droga?

 S. Relativamente nueva. Dormir no es lo ms necesario, sabe? En realidad, cuando uno duerme, no descansa mucho ms de lo que descansara permaneciendo cmodamente tumbado y con los ojos abiertos. Tal vez, incluso, descansa menos. Lo que necesitamos son los sueos. Precisamos de un tiempo para soar. En otro caso, se quiebra la coordinacin cerebral y uno empieza a sufrir alucinaciones y acaba por morir.

 Y el morfgeno nos hace soar, no es esto?

 Exactamente. Proporciona media hora de sueos intensos, y uno queda listo para todo el da. Sin embargo, le aconsejo que se abstenga de emplearlo, salvo en caso de extrema necesidad.

 Por qu? Le deja a uno fatigado?

 No. No precisamente fatigado. Lo que ocurre es que los sueos son malos. El morfgeno vaca la mente; la limpia de los desperdicios acumulados durante el da; y es una dura experiencia. Mejor que no lo pruebe. Yo tuve que hacerlo. Haba que preparar el mapa y me he pasado toda la noche en vela.

 Ese mapa?

 Es el sistema circulatorio de Benes hasta el ltimo capilar, y he tenido que estudiarlo a fondo. Aqu arriba, casi en el centro del crneo y muy cerca de la pituitaria, est localizado el cogulo de sangre.

 Y es esto lo grave?

 S. Todo lo dems puede remediarse fcilmente. El magullamiento general y las contusiones, el shock, la conmocin. Pero no el cogulo, salvo quirrgicamente... y de prisa!

 Cunto tiempo cree que puede aguantar, doctor Michaels?

 No lo s. Confo en que no sea fatal durante algn tiempo, pero podra producirse una irremediable lesin cerebral mucho antes de que sobreviniese la muerte. Nuestra gente espera milagros de Benes y ha sido muy vapuleada. Crter, en particular, ha recibido un duro golpe. Y le necesita a usted.

 Quiere decir que piensa que los del Otro Lado harn un nuevo intento?

 l no lo dice, pero sospecho que es esto lo que teme y que sta es la razn de que quiera tenerle a usted en su equipo.

Grant mir a su alrededor.

 Hay algn motivo para pensar que han entrado en este lugar, que tienen agentes en l?

 No, que yo sepa; pero Crter es un hombre muy receloso Creo que piensa en la posibilidad de un asesinato mdico.

 Duval?

Michaels se encogi de hombros.

 Es un tipo poco simptico, y el instrumento que emplea puede causar la muerte si se desva una centsima de milmetro.

 Y cmo se puede impedir?

 No se puede.

 Entonces empleen a otra persona; alguien en quien puedan confiar.

 Nadie ms que l tiene la habilidad necesaria. Y Duval est aqu, con nosotros. Y, a fin de cuentas, no hay la menor prueba de que no sea absolutamente leal.

 Pero si me colocan al lado de Duval, como una especie de enfermero, con la misin de observarle de cerca, no veo que pueda ser de ninguna utilidad. No sabr lo que est haciendo, ni si lo hace honrada y correctamente. En realidad, lo ms probable es que me desmaye cuando vea abrir el crneo.

 No le abrir el crneo  dijo Michaels . El coguno lo puede ser alcanzado desde fuera. En esto se muestra concluyente.

 Entonces...

 Llegaremos a l por el interior.

Grant frunci las cejas y movi la cabeza lentamente.

 La verdad es que no entiendo una palabra.

Michaels dijo pausadamente:

 Todos los dems que participan en este proyecto, Mr. Grant, conocen la materia y saben exactamente lo que tienen que hacer. Usted es un profano, y no resulta fcil ponerle al corriente. Sin embargo, debo hacerlo. Tengo que familiarizarle con cierto trabajo terico realizado en esta institucin.

Los labios de Grant experimentaron un sbito temblor.

 Lo siento, doctor, pero acaba usted de pronunciar una fea palabra. Mientras estuve en el instituto, destaqu en el ftbol y no me fue mal con las chicas. En cuanto a la teora, no pierda el tiempo conmigo.

 Conozco su historial, Mr. Grant, y s que exagera. Sin embargo, no quiero herir su amor propio acusndole de inteligente e instruido, ni siquiera hablando en confianza. No me extender en teoras, sino que le informar, sin ellas, del meollo de la cuestin. Supongo que habr observado nuestra insignia: FDMC.

 Desde luego.

 Y tiene idea de lo que significa?

 He intentado adivinarlo. Qu le parece Federacin de Dementes Marcianos y Compaa? Se me ha ocurrido otro ttulo mejor, pero no es apto para la Prensa.

 En realidad, significan Fuerzas Disuasorias de Miniaturizacin Combinadas.

 Lo cual tiene an menos sentido de lo que yo dije.

 Se lo explicar. Ha odo hablar alguna vez del debate sobre miniaturizacin?

Grant pens unos momentos.

 Recuerdo que, cuando estaba en el instituto, dedicamos a ello un par de sesiones de la clase de fsica.

 Entre otros tantos partidos de ftbol?

 S. En realidad, fue a ratos perdidos. Si no recuerdo mal, un grupo de fsicos sostena que podan reducir el tamao de los objetos en cualquier proporcin, y fueron acusados de fraude. Bueno, tal vez no de fraude, pero s de estar en un error. Recuerdo que el profesor expuso varios argumentos encaminados a demostrar la imposibilidad de reducir a un hombre al tamao, digamos, de un ratn, sin que perdiese su calidad de hombre.

 Lo mismo se hizo en todos los institutos del pas. Recuerda alguna de las objeciones?

 Creo que s. La reduccin del tamao puede intentarse de dos maneras. O comprimiendo todos y cada uno de los tomos del objeto, o suprimiendo tomos en la proporcin requerida. Para juntar los tomos, venciendo las fuerzas de repulsin interatmmicas, se requerira una presin extraordinaria. Todas las presiones contenidas en el centro de Jpiter seran insuficientes para reducir a un hombre al tamao de un ratn. Me explico?

 Con claridad difana.

 Y, aunque se lograse, la presin matara a cualquier ser viviente. Aparte de esto, un objeto reducido en su tamao mediante la compresin de sus tomos, conservara toda su masa original, y un objeto del tamao de un ratn con la masa de un hombre sera muy difcil de manejar.

 Sorprendente, Mr. Grant. Debi de divertir no poco a sus amiguitas con esta romntica historia. Y el otro mtodo?

 El otro mtodo consiste en suprimir tomos en la proporcin exacta, de modo que la masa y el tamao del objeto disminuyan, permaneciendo constante la relacin entre las partes. Ahora bien, para reducir a un hombre al tamao de un ratn, habra que conservar nicamente un tomo de cada setenta mil, pongo por caso. Si esto se aplica al cerebro, lo que quedara del cerebro humano sera apenas ms complicado que el cerebro de un ratn. Adems, cmo volver el objeto a su tamao natural, segn pretendan hacer aquellos qumicos? Cmo recuperar los tomos y situarlos de nuevo en su debido lugar?

 Perfecto, Mr. Grant. Y, sin embargo, cmo pudieron creer algunos fsicos famosos que la miniaturizacin era posible?

 Lo ignoro, doctor. Lo nico que s es que no se habl ms del asunto.

 Debido, en parte, a que nuestros colegas, obedeciendo rdenes superiores, destruyeron aparentemente la teora. Pero la tcnica prosigui de un modo subterrneo, tanto aqu como en el Otro Lado. Aqu, literalmente: en este subterrneo.  Michaels golpe casi con furia la mesa que tena delante. Aqu se dan cursos especiales sobre tcnica de miniaturizacin, para fsicos graduados que no podran seguirlos en ningn otro lugar, excepto en escuelas anlogas del Otro Lado. La miniaturizacin es absolutamente posible, pero no por los mtodos que usted ha descrito. Mr. Grant, ha visto usted ampliaciones fotogrficas? O reducciones al tamao de microfilm?

 Desde luego.

 Entonces le dir, prescindiendo de teoras, que el mismo procedimiento puede aplicarse a los objetos tridimensionales, incluso al hombre. Somos miniaturizados, no como objetos, sino como imgenes; como imgenes tridimensionales manipuladas desde fuera del universo de espacio-tiempo.

Grant sonri.

 Bueno, maestro; esto no son ms que palabras.

 S; pero usted no quera teoras, verdad? Lo que los fsicos descubrieron hace diez aos fue la utilizacin de un hiperespacio, es decir, de un espacio con ms de las tres dimensiones espaciales ordinarias. El concepto es casi inaprehensible; las matemticas estn casi fuera de nuestra comprensin; pero lo curioso es que puede hacerse. Los objetos pueden ser miniaturizados. Ni suprimimos tomos, ni los comprimimos, sino que reducimos tambin el tamao de los tomos. Lo reducimos todo, y la masa decrece automticamente. Cuando lo deseamos, devolvemos al objeto su tamao primitivo.

 Habla usted en serio? dijo Grant. Quiere decir que podemos reducir realmente un hombre al tamao de un ratn?

 En principio, podemos reducir un hombre al tamao de una bacteria, de un virus, de un tomo. Tericamente, la miniaturizacin no tiene lmite. Podramos reducir un ejrcito, con todos sus hombres y su equipo, de modo que cupieran dentro de una caja de cerillas. Tericamente, pues, podramos enviar esta caja de cerillas al lugar conveniente y poner el ejrcito en accin despus de devolverle su tamao natural. Comprende el alcance que tiene esto?

 Y, si no he entendido mal  dijo Grant , tambin los del Otro Lado pueden hacerlo.

 Estamos seguros de que s... Pero dejemos esto, Grant. Las cosas marchan a toda velocidad, y disponemos de poco tiempo. Venga conmigo.

**** ** ****

Siempre venga por aqu y venga por all. Desde que le haban despertado por la maana, Grant no haba podido permanecer ms de quince minutos en el mismo

sitio. Esto le fastidiaba, pero no vea la manera de evitarlo. Obedeca todo a un plan deliberado para no dejarle tiempo para reflexionar? Adonde pensaba enviarle? Ahora se hallaba en el "scooter" en compaa de Mi chaels. ste conduca el vehculo como un veterano.

 Si Ellos y Nosotros lo tenemos, las fuerzas se neu tralizan  dijo Gant.

 S  dijo Michaels , pero el caso es que la sitacin no favorece a ninguno de los bandos. Hay una pega.

S?

 Durante diez aos, hemos estado trabajando para aumentar la proporcin, para alcanzar un mayor grado de miniaturizacin, y tambin de expansin, pues todo consiste en invertir el supercampo. Desgraciadamente, hemos llegado en esta direccin a los lmites teorticos.

 Cmo son?

 No muy favorables. Aqu interviene el Principio de Incertidumbre. La extensin de la miniaturizacin, multiplicada por la duracin de sta, empleando naturalmente las debidas unidades, es igual a una expresin que contiene la constante de Plae. Si un hombre es reducido a la mitad de su tamao, puede mantenerse as durante siglos. Si es reducido al tamao de un ratn, slo puede durar unos das en este estado. Si lo reducimos al tamao de una bacteria, la duracin ser slo de horas. Despus, aumentar de nuevo de tamao.

 Pero podr ser nuevamente reducido.

 Slo despus de un largo intervalo. Quiere que le d algunos datos matemticos?

 No. Me basta con su palabra.

Haban llegado al pie de una escalera automtica. Mi thaels lanz un dbil gruido de cansancio y se ape. Grant salt por encima de la portezuela.

Se apoy en la barandilla, mientras la escalera aseen da majestuosamente.

 Y qu es lo que ha descubierto Benes?

 Dicen que afirma haber vencido el Principio de Incertidumbre. Segn l, conoce la manera de mantener indefinidamente la miniaturizacin.

 No parece usted muy convencido.

Michaels se encogi de hombros.

 Soy bastante escptico. Si aumenta simultneamen te la intensidad de la miniaturizacin y la duracin de sta, tiene que ser a expensas de algo ms, pero que me aspen si tengo la menor idea de lo que esto puede ser. Tal vez se reduce todo a que yo no soy Benes. En todo caso, l afirma que puede hacerlo, y no podemos correr el riesgo de no creerle. Como tampoco pueden correrlo los del Otro Lado; por esto han tratado de matarle.

Haban llegado a lo alto de la escalera y Michaels se haba detenido un momento para completar su explicacin. Luego retrocedi hasta otra escalera para subir al piso superior.

 Ahora ya sabe usted, Grant, lo que hemos de hacer: salvar a Benes. Por qu? Por la informacin que posee. Y cmo? Valindonos de la miniaturizacin.

 Por qu hemos de valemos de la miniaturizacin?

 Porque el cogulo del cerebro no puede ser alcanzado desde fuera. Ya le haba dicho esto. Por consiguiente, miniaturizaremos un submarino, lo inyectaremos en una arteria y, con el capitn Owens en las mquinas y yo como piloto, viajaremos hasta el cogulo. All, Duval y su ayudante, Miss Peterson, realizarn la operacin.

Grant abri unos ojos como naranjas.

Y yo?

 Usted vendr con nosotros como miembro de la tripulacin. Su presunta funcin ser la inspeccin general. Grant estall:

 No cuenten conmigo. Jams me prestara a una cosa as. Ni pensarlo!

Dio media vuelta y empez a bajar por la escalera ascendente, con efecto casi nulo. Michaels le sigui; pareca divertido.

 Su oficio es correr riesgos, no?

 Riesgos de mi propia eleccin. Riesgos a los que est habituado. Riesgos con los que sea capaz de enfrentarme. Dme, para pensar en la miniaturizacin, el mismo tiempo que ha pasado usted pensando en ella, y tal vez me arriesgue.

 Mi querido Grant, nadie le ha pedido que se ofrezca como voluntario. Tengo entendido que le ha sido asignada esta misin. Y yo acabo de explicarle su importancia. A fin de cuentas, yo tambin voy, y no soy tan joven como usted ni he jugado nunca al ftbol. En realidad, confiaba en que usted me infundira valor para el viaje, ya que el valor es su especialidad.

 En este caso, soy un psimo especialista  murmur Grant. Y tontamente, casi con petulancia, dijo : Quiero caf.

Permaneci quieto y dej que la escalera lo llevara de nuevo hacia arriba. Cerca del trmino de la escalera automtica haba una puerta con el rtulo: Saln de conferencias. Entraron.

Grant se dio cuenta por etapas del contenido de la estancia. Lo que primero vio fue que, en uno de los extremos de la larga mesa que ocupaba el centro de la habitacin, haba una cafetera de varios brazos y, junto a ella, una bandeja de bocadillos.

Dirigise inmediatamente a aquella punta de la mesa, y slo despus de beber media taza de caf caliente y de engullir un pedazo de bocadillo tamao Grant, advirti el segundo artculo.

Era nada menos que la ayudante de Duval haban dicho que se llamaba Miss Peterson?  una joven de aspecto preocupado, pero muy hermosa y que se mantena terriblemente cerca de Duval. Grant tuvo al instante la impresin de que no iba a gustarle el cirujano, y slo despus de esto empez a captar el resto de lo que haba en la estancia.

Un coronel permaneca sentado a un extremo de la mesa y pareca enojado. Con una de sus manos daba vueltas lentamente a un cenicero, mientras la ceniza de su cigarrillo iba a parar al suelo. Deca enfticamente a Duval:

 Creo que he dejado claramente expuesta mi actitud.

Grant reconoci al capitn Owens, de pie bajo el retrato del presidente. La animacin y el aspecto sonriente que le haba visto en el aeropuerto haban desaparecido; luca un morado en uno de los pmulos. Pareca nervioso e inquieto, y Grant lo comprendi perfectamente.

 Quin es el coronel? pregunt en voz baja al Michaels.

 Donald Reid, mi nmero correlativo en el campo militar, al otro lado de la valla.

 Parece enfadado con Duval.

 Siempre lo est. Y hay muchos como l. Duval tiene pocas simpatas.

Grant iba a replicar: Ella no parece sentir igual; pero la idea le pareci mezquina y se trag las palabras. Vaya mueca! Qu vera en aquel solemne carnicero?

Reid hablaba sin alzar la voz, dominando cuidadosamente el tono.

 Y, aparte de esto, doctor, qu hace ella aqu?

 Miss Cora Peterson  respondi framente Duval  es mi ayudante. Dondequiera que yo vaya, profesionalmente, ella me acompaa, profesionalmente.

 Es una misin peligrosa...

 Y Miss Peterson se ha ofrecido a participar en ella, conociendo perfectamente el riesgo.

 Muchos hombres, competentsimos, se han ofrecido tambin como voluntarios. Habra menos complicaciones si le acompaara uno de estos hombres. Le asignar uno.

 No me asignar ninguno, coronel, porque, si lo hace, no ir, y no habr fuerza en el mundo capaz de llevarme. Ella conoce lo bastante mi manera de actuar para desempear su funcin sin necesidad de que le d instrucciones, anticipndose a mis rdenes y facilitndome lo necesario sin que se lo pida. No aceptar a un desconocido a quien tenga que hablarle a gritos. No puedo hacerme responsable del xito si he de perder un segundo discutiendo con mi tcnico; y no aceptar ninguna misin, si no tengo las manos libres para hacer las cosas a mi manera y con las mayores probabilidades de triunfo.

Grant mir de nuevo a Cora Peterson. sta pareca vivamente turbada; sin embargo, miraba a Duval con la misma expresin que haba visto una vez en los ojos de un sabueso del que tiraba un nio al salir de la escuela. Y esto le pareci sumamente enfadoso.

Michaels terci en la discusin en el momento en que Reid se levantaba furioso.

 Yo opino, Don, que, ya que el xito de la operacin depende principalmente del doctor Duval, y que, de hecho, no podemos imponerle ahora nuestra voluntad, lo mejor ser complacerle en este particular... sin perjuicio de las ulteriores acciones que procedan. Estoy dispuesto a asumir la responsabilidad.

Grant comprendi que con ello ofreca una salida airosa a Reid, el cual, mal que le pesara, tendra que aceptar.

Reid golpe la mesa con la palma de la mano.

 Est bien  dijo . Pero que conste en acta mi oposicin.

Y volvi a sentarse, temblndole los labios.

Duval se sent tambin, despreocupadamente. Grant se dispuso a acercar una silla a Cora, pero sta se le anticip y se sent antes de que pudiera hacerlo.

 Doctor Duval  dijo Michaels , le presento a un joven que va a acompaarnos.

 El forzudo del grupo  dijo Grant . Es mi nico ttulo.

Duval levant unos ojos indignados y se limit a un brevsimo movimiento de cabeza en direccin a Grant.

 sa es Miss Peterson.

Grant sonri ampliamente. Ella no sonri en absoluto, y dijo:

 Mucho gusto.

 Hola  dijo Grant, el cual baj los ojos para mirar lo poco que quedaba de su segundo bocadillo, y, al ver que nadie ms coma, lo dej correr.

En aquel momento entr Crter, caminando de prisa y saludando vagamente a un lado y a otro.

 Quiere acercarse, capitn Owens? Y usted, Grant.

Owens se acerc a la mesa de mala gana y se sent frente a Duval. Grant cogi una silla a cierta distancia y advirti que, si miraba a Crter, poda ver el rostro de Cora de perfil.

Poda un trabajo ser absolutamente malo si ella participaba en l?

Michaels, que se sent al lado de Grant, se inclin para murmurarle al odo:

 No es mala idea llevar una mujer. Su presencia puede picar el amor propio de los hombres. Y a m me gus tara.

 Se inclin usted por esto a su favor?

 No. Duval hablaba en serio. Sin ella, no ira.

 Le es hasta tal punto necesaria?

 Tal vez no. Pero es muy terco cuando se propone algo. Sobre todo cuando se trata de ir contra Reid. No se tienen mucha simpata.

Crter dijo:

 Vayamos al asunto. Pueden ustedes comer o beber, si lo desean, mientras se desarrolla la sesin. Tiene que hacer alguno de ustedes alguna observacin urgente?

Grant dijo, de pronto:

 Yo no me he ofrecido voluntario, general. Renuncio al cargo y le ruego que busque un sustituto.

 No es usted un voluntario, Grant, y su renuncia queda rechazada. Caballeros, y Miss Peterson, Mr. Grant ha sido elegido para formar parte de la expedicin, por diversas razones. Ante todo, fue l quien trajo a Benes a este pas, desempeando la misin con habilidad insuperable,

Todos los ojos se volvieron a Grant, el cual se ech a temblar ante la perspectiva de una amable salva de aplausos. Pero nadie aplaudi, y se qued tranquilo.

Crter prosigui:

 Es tcnico en comunicaciones y posee una gran experiencia como hombre rana. Tiene un magnfico historial de flexibilidad y astucia, y es profesionalmente capaz de tomar decisiones instantneas. Por este motivo, le conferir un poder decisorio para las cuestiones que puedan surgir una vez comenzado el viaje. Lo han comprendido bien?

Por lo visto lo haban comprendido, y Grant, mirndose muy compungido las puntas de los dedos, dijo:

 Si no he entendido mal, cada uno de ustedes har el trabajo que le corresponde, mientras que yo cuidar de los casos de emergencia. Lo siento, pero quiero que conste en acta que no me considero calificado para esta misin.

 Se har constar la declaracin dijo Crter, imperturbable, y ahora, prosigamos. El capitn Owens ha elegido un submarino experimental de investigacin, oceangrafica. No es la embarcacin ideal para la tarea de que se trata; pero lo tenemos a mano y, adems, no existen otras embarcaciones ms adecuadas que l. El propio Owens cuidar, naturalmente, del manejo de su barco: el "Proteus".

El doctor Michaels ser su piloto. Ha preparado y estudiado el mapa del sistema circulatorio de Benes, sobre el cual hablaremos dentro de poco. El doctor Duval y su ayudante se encargarn de la intervencin quirrgica: la extirpacin del cogulo.

Todos ustedes conocen la importancia de esta misin. Nosotros esperamos que la operacin tenga xito y que todos regresen sanos y salvos. Existe la posibilidad de que Benes muera en el curso de la intervencin; pero, si sta no se realiza, su muerte es segura. Tambin es posible que el submarino se pierda; pero, dadas las circunstancias, hay que arriesgar el barco y su tripulacin. El precio puede ser grande; pero la ganancia a obtener, no slo por las FDMC, sino por toda la Humanidad, es todava mayor.

 Ya, camarada murmur Grant entre dientes.

Cora Peterson capt su observacin y le dirigi una mirada penetrante por entre sus negras pestaas. Grant se ruboriz.

 Mustreles el plano, Michaels  dijo Crter.

Michaels puls un botn del instrumento que tena ante l, e inmediatamente se ilumin la pared con el mapa tridimensional del sistema circulatorio de Benes, que Grant haba visto en el despacho de Michaels. Slo que ahora pareci avanzar hacia ellos y agrandarse mientras Michaels haca girar un disco. Al margen de la red circulatoria percibase claramente la silueta de una cabeza y de un cuello.

Los vasos sanguneos se destacaban con un brillo casi fosforescente, y seguidamente aparecieron unas lneas cuadriculadas. Entonces apareci en el campo una flecha negra y muy fina, impulsada por el aparato sealador que manejaba Michaels. ste no se levant, sino que permaneci sentado en su silla, con un brazo apoyado en el respaldo.

 El cogulo  dijo  est aqu.

Grant no haba podido verlo antes de que se lo sealasen; pero ahora que la flecha sealaba delicamente sus lmites, s que vio el menudo y slido nodulo que obstrua una arteriola.

 No representa un peligro inmediato para la vida; pero esta seccin del cerebro y la flecha inici un movimiento circular sufre una compresin nerviosa y puede haber sido ya lesionada. El doctor Duval me ha dicho que los efectos pueden ser irremediables dentro de doce horas, o tal vez menos. Cualquier intento de operar a la manera ordinaria exigira trepanar el crneo por aqu, o por aqu, o por aqu. En todo caso, las lesiones seran importantes, y el resultado, muy dudoso.

En cambio, podemos intentar llegar al cogulo va torrente sanguneo. Si logramos penetrar en la arteria cartida, aqu, en el cuello, podremos considerarnos en ruta bastante directa a nuestro destino.

El movimiento de la flecha a lo largo de la lnea de la roja arteria, abrindose paso entre la red azul de las venas, haca que la cosa pareciese sumamente sencilla.

 Por consiguiente  prosigui Michaels , si el "Proteus" y su tripulacin son reducidos e inyectados... Owens le interrumpi de pronto:

 Espere un momento.  Su voz era dura y metlica. A qu tamao seremos reducidos?

 A un tamao lo bastante pequeo para no activar las defensas del cuerpo. La longitud total del barco ser de tres mieras.

 A cunto equivale esto, en pulgadas?

 A un poco menos de una diezmilsima de pulgada. El buque tendr aproximadamente el tamao de una bacteria grande.

 Entonces  dijo Owens , si penetramos en una arteria, estaremos sometidos a toda la fuerza de la corriente arterial.

 Menos de una milla por hora  dijo Crter.

 Djese de millas por hora. Navegaremos a una velocidad aproximada de cien mil veces la longitud de nuestro barco por segundo..., o algo parecido. A nuestra escala miniaturizada, llevaremos una velocidad doce veces superior a la lograda por cualquier astronauta. Esto, como mnimo.

 Indudablemente dijo Crter. Y qu? Cada glbulo rojo se mueve en el torrente sanguneo a esta velocidad, y el submarino est construido mucho ms slidamente que el glbulo.

 No; no lo est dijo Owens, impetuosamente. Un glbulo rojo de sangre contiene miles de millones de tomos; en cambio, el "Proteus" contendr billones de tomos en el mismo espacio; tomos miniaturizados, naturalmente, pero, qu pasar? Estaremos construidos por un nmero infinitamente mayor de unidades que los glbulos rojos, y, por esta misma razn, seremos ms dbiles. Adems, el glbulo rojo se encuentra en un medio de tomos iguales en tamao a aquellos que lo constituyen; nosotros, en cambio, nos hallaremos en un medio constituido por tomos que sern monstruosos para nosotros.

 Puede contestar a esto, Max?  dijo Crter.

Michaels se apresur a responder:

 No pretendo ser tan experto como el capitn Owens en los problemas de miniaturizacin. Supongo que se refiere a la comunicacin de James y Schwartz, segn la cual la fragilidad aumenta con la intensidad de la miniaturizacin.

 Exacto  dijo Owens.

 El aumento es muy lento, segn recordar usted, y James y Schwartz tuvieron que hacer, en el curso de su anlisis y a electos de simplificacin, algunas presunciones que pueden resultar equivocadas. A fin de cuentas, cuando aumentamos un objeto, ste no se hace por ello menos frgil.

 Pero jams hemos aumentado un objeto a ms de cien veces su tamao normal  dijo Owens, despectivamente, y ahora estamos hablando de miniaturizar una embarcacin a una millonsima de su tamao lineal. Nadie ha ido nunca tan lejos, ni mucho menos, en cualquiera de ambas direcciones. Lo cierto es que no hay nadie en el mundo que pueda predecir el grado de fragilidad que alcanzaremos, ni si podremos resistir la fuerza del torrente sanguneo, ni siquiera si podremos repeler la accin de los glbulos blancos. No es as, Michael?

 Pues, s  respondi ste.

Entonces intervino Crter, en tono de creciente impaciencia :

 Resulta, pues, que la experimentacin normal sobre una reduccin tan drstica no ha llegado an a su trmino. Pero, como no estamos en situacin de completar aquel programa, tenemos que arriesgarnos. Si el barco se pierde, perdido estar.

 Y a m que me fran un huevo  murmur Grant. Cora Peterson se inclin hacia l para susurrarle gravemente :

 Por favor, Mr. Grant. Piense que no est usted en el campo de ftbol.

 Oh! Conoce usted mi historial, seorita?

 Silencio!

Crter dijo:

 Tomaremos todas las precauciones posibles. Benes ser mantenido, por su propio bien, en un estado de hipotermia. Este enfriamiento reducir la necesidad de oxgeno del cerebro, y, en consecuencia, los latidos del corazn sern mucho ms lentos, as como la velocidad del torrente sanguneo.

 Aun as  dijo Owens , dudo de que podamos sobrevivir a la turbulencia...

 Capitn  terci Michaels , si se mantiene alejado de las paredes de la arteria, se hallar en la regin de flujo laminar, donde no hay turbulencia sensible. Estaremos slo unos minutos en la arteria, y, cuando pasemos a los vasos menores, se habr acabado el problema. El nico lugar en que no podramos evitar la turbulencia mortal sera el corazn, y nos mantendremos alejados de l. Puedo continuar?

 Hgalo, por favor  dijo Crter.

 Cuando lleguemos al cogulo, ste ser destruido mediante un rayo lser. Como el lser y su rayo habrn sido miniaturizados en la misma proporcin que todo lo dems, no producirn, si se emplean como es debido, y tratndose de Duval no podemos esperar otra cosa, la menor lesin en el cerebro y ni siquiera en el vaso sanguneo. Y no ser necesario eliminar todo vestigio del cogulo. Bastar con romperlo en fragmentos. Las clulas blancas se encargarn de stos.

Despus nos alejaremos inmediatamente, como es de suponer, y regresaremos por el sistema venoso hasta la base del cuello, donde seremos extrados de la vena yugular.

 Y cmo se podr saber dnde estamos, y cundo?  pregunt Grant.

 Michaels pilotar la embarcacin  dijo Crter  y cuidar de que se encuentren ustedes en el lugar debido, en todo momento. Mantendrn comunicacin por radio con nosotros...

 Ignoramos si esto ser eficaz  objet Owens . Existe un problema en la adaptacin de las ondas de radio a la miniaturizacin, y nadie lo ha intentado an en una reduccin tan grande como la nuestra.

 Cierto, pero nosotros lo intentaremos. Adems, el "Proteus" est impulsado por fuerza nuclear y siempre podremos localizarlo por la radiactividad. Dispondrn ustedes de sesenta minutos, caballeros.

 Quiere usted decir que tendremos que realizar el trabajo y regresar en slo sesenta minutos? pregunt Grant.

 Exactamente. Su tamao ser el correspondiente a esta duracin. Tendrn tiempo de sobra Pero, si se demorasen ms, empezaran a aumentar de tamao automticamente. No podemos dejarles ms tiempo all abajo. Si supiramos lo que sabe Benes, podramos mantenerles all indefinidamente; pero si lo supiramos...

 Este viaje sera innecesario  contest Grant con irona.

 Cierto. Y, si empiezan a aumentar de tamao dentro del cuerpo de Benes, no tardarn en atraerse la atencin de las defensas del cuerpo, y Benes morir al poco rato. Deben procurar que esto no ocurra.

Dicho lo cual, Crter mir a su alrededor.

 No hay ms observaciones? En este caso, empiecen los preparativos. Hay que entrar en el cuerpo de Benes lo antes posible.

CAPITULO V: SUBMARINO

La actividad de la sala de hospital haba alcanzado el grado mximo. Todo el mundo se movi de prisa, casi a la carrera. Slo la figura que yaca en la mesa de operaciones permaneca inmvil. Estaba cubierto por una gruesa manta trmica, provista de numerosos serpentines por los que circulaba la materia refrigerante. El cuerpo, desnudo, se estaba congelando hasta el punto en que la vida quedaba reducida a un ligero soplo.

La cabeza de Benes apareca ahora afeitada y marcada, como una carta de navegar, con lneas numeradas de longitud y de latitud. Su rostro dormido tena una expresin de tristeza, helada tambin en el semblante.

En una de las paredes haba otra reproduccin de su sistema circulatorio, ampliada hasta el punto de que el pecho, el cuello y la cabeza cubran toda la pared, de lado a lado y del suelo al techo. Era como un bosque en el que los grandes vasos tenan el grosor del brazo de un hombre, mientras los capilares llenaban como una red los espacios intermedios.

En la torre de control, situada sobre la sala de operaciones, se hallaban Crter y Reid, observando. Podan ver los cuadros de monitores, ante cada uno de los cuales haba un tcnico sentado y embutido en su uniforme de las FDMC, como una sinfona en blanco.

Crter se dirigi a la ventanilla, mientras Reid deca pausadamente por el micrfono:

 Lleven el "Proteus" a la sala de miniaturizacin.

Era costumbre dar estas rdenes sin alzar mucho la voz, y en la sala reinaba el silencio. La manta trmica reciba los ltimos y apresurados toques Cada uno de los tcnicos estudiaba su monitor con el amor de un recin casado que se encuentra al fin solo con su novia. Las enfermeras evolucionaban alrededor de Benes como grandes mariposas de alas blancas. Con los preparativos del "Proteus" para la miniaturizacin, todos comprendan que haba empezado la ltima fase de la cuenta atrs.

Red oprimi un botn.

 Corazn!  dijo.

El sector del corazn apareci detalladamente en la pantalla de televisin que Reid tena delante. La banda sonora reprodujo los latidos, que sonaron opacos y con agorera lentitud.

 Cmo va, Henry?

 Perfectamente. Se mantiene a un ritmo regular de treinta y dos pulsaciones por minuto. Ninguna anomala acstica ni electrnica. El resto del cuerpo debe de estar igual.

 Bien.

Reid apag la imagen. Para un hombre de corazn, poda algo ir mal, si el corazn funcionaba bien?

Pas al sector de los pulmones. La pantalla se anim sbitamente, reflejando los movimientos respiratorios.

 Todo bien, Jack?

 S, doctor Reid. Hemos bajado el ritmo respiratorio a seis por minuto. Imposible rebaiarlo ms.

 No les pido que lo hagan. Sigan igual.

Ahora, la hipotermia. Este sector era ms extenso que los otros. Afectaba a todo el cuerpo, y el personaje central era el termmetro. Los aparatos registraban la temperatura de los miembros y de diversos puntos del torso, y, mediante delicados contactos, poda saberse el grado de calor del cuerpo a profundidades exactas por debajo de la piel. Los diferentes registros anotaban constantemente las oscilaciones de la temperatura, y cada uno de ellos llevaba su correspondiente rtulo: Circulatorio, Respiratorio, Cardaco, Renal, Intestinal, etctera.

 Algn problema, Sawyer? pregunt Reid.

No, seor. La temperatura general es de veintiocho grados centgrados; ochenta y dos Fahrenheit.

 Huelga la equivalencia; gracias.

 S, seor.

A Reid le pareca sentir aquel fro en sus propias entraas. Diecisis grados Fahrenheit por debajo de la temperatura normal; diecisis grados cruciales, que reducan el metabolismo a un tercio de lo normal; la necesidad de oxgeno, a un tercio; y tambin los latidos del corazn, y la velocidad del torrente circulatorio, y la escala de vida, v la tensin sobre el cerebro bloqueado por el cogulo..., haciendo con todo ello ms favorable el medio en que habra de moverse la embarcacin, a punto de penetrar en la jungla del interior humano.

Crter se acerc a Reid.

 Todo a punto, Don?

 En la medida de lo posible, habida cuenta de que ha tenido que improvisarse de la noche a la maana.

 Lo dudo.

Reid enrojeci.

 Qu quiere decir con esto, general?

 Que no haba nada que improvisar. S perfectamente que ha estado usted asentando los cimientos para la experimentacin biolgica de la miniaturizacin. Haba planeado, concretamente, la exploracin del sistema circulatorio humano?

 Concretamente, no. Pero mi equipo ha estado trabajando en estos problemas como cosa corriente. Era su trabajo.

 Don...  Crter vacil, y prosigui luego con voz tensa : Si esto fracasa, Don, alguien pedir una cabeza para adornar el saln de trofeos del Congreso, y esta cabeza ser la ma. Si tiene xito, usted y sus hombres saldrn glorificados. Si esto ocurre, no trate de llevar las cosas demasiado lejos.

 Los militares deben llevar la voz cantante, eh? Me est diciendo que no me entrometa?

 Sera lo ms prudente. Y otra cosa: qu hay de malo con la chica, Cora Peterson?

 Nada. Por qu?

 Levant usted mucho la voz. Le o cuando me dispona a entrar en la sala de conferencias. Hay algn motivo que desaconseje su presencia a bordo?

 Es una mujer. Puede ser un estorbo en caso de emergencia. Adems..

 Qu?

 Si quiere que le diga la verdad, Duval asumi su tono acostumbrado de Yo-soy-la-ley-y-los-profetas, y yo me opuse automticamente. Hasta qu punto se fa usted de Duval?

 Qu quiere decir con esto de si me fo?

 Cul es el verdadero motivo de enviar a Grant con la expedicin? A quin tiene que vigilar?

Crter respondi, en tono grave y ronco:

 No le he dicho que vigile a nadie. La tripulacin debera estar ya en el pasillo de esterilizacin.

Grant husme el dbil olor a medicina que flotaba en la atmsfera y celebr tener oportunidad de afeitarse rpidamente. El uniforme de FDMC tampoco estaba mal; de una pieza, con cinturn, y representativo de un extrao entroncamiento de la medicina y la aventura. El que le haban proporcionado le apretaba un poco debajo de las axilas, pero, a fin de cuentas, slo tendra que llevarlo una hora.

En fila india, l y los dems expedicionarios pasaron por el dbilmente iluminado corredor, rico en rayos ultravioleta. Llevaban gafas oscuras para precaverse de los peligros de la radiacin.

Cora Peterson caminaba inmediatamente delante de Grant. ste lament llevar aquellas gafas oscuras que hacan aparecer borroso el interesante modo de andar de la mujer.

Deseoso de entablar conversacin, pregunt:

 Es suficiente este paseo para esterilizarnos, Miss Peterson?

Ella volvi brevemente la cabeza y respondi:

 Creo que puede usted desechar sus temores masculinos.

Grant apret los labios. Se lo haba buscado. Dijo:

 Juzga usted mal mi ignorancia, Miss Peterson, y abusa de m con su cultura.

 No quise ofenderle.

La puerta del extremo del pasillo se abri automticamente, y Grant, con el mismo automatismo, cerr la brecha abierta entre ambos y alarg la mano a la joven. sta hizo caso omiso de ello y cruz la puerta, pisndole los talones a Duval.

 No hubo ofensa. Pero lo que quise decir es que no estamos realmente esterilizados. Me refiero a los microbios. En el mejor de los casos, ha quedado esterilizada nuestra superficie. En cambio, nuestro interior hierve de grmenes.

 Considerado de este modo  replic Cora , tampoco Benes est esterilizado. De microbios, quiero decir. Pero, cuantos ms grmenes matemos, menos sern los que introduzcamos en su cuerpo. Nuestros grmenes sern miniaturizados con nosotros, y no sabemos hasta qu punto estos grmenes reducidos pueden afectar al ser humano si son introducidos en su torrente sanguneo. Por otra parte, los grmenes miniaturizados que se encuentren en su torrente circulatorio volvern a su tamao normal al cabo de una hora, y esta expansin, si estamos en lo cierto, puede ser perjudicial. Cuanto menos tiempo se vea Benes sometido a factores ignorados, tanto mejor.  Movi la cabeza. Hay muchas cosas que desconocemos. Y esto, ciertamente, es un mal sistema de experimentacin.

 Pero no podemos elegir, verdad, Miss Peterson? A propsito, puedo llamarla Cora durante el viaje?

 Lo mismo me da.

Haban penetrado en una espaciosa habitacin, circular y revestida de cristales. Estaba totalmente embaldosada con azulejos hexagonales, de unos noventa centmetros de anchura y cubiertos de una especie de ampollas semicirculares y tupidas, todo ello de un material cristalino y de un color blanco lechoso. En el centro de la estancia, haba una baldosa aislada, parecida a las dems pero de color rojo oscuro.

Ocupando la mayor parte de la pieza, vease una blanca embarcacin, de unos quince metros de longitud y en forma de herradura, provista de una bveda que tena la parte anterior como de vidrio y que estaba rematada por otra especie de burbuja ms pequea y completamente transparente. La embarcacin se hallaba sobre un ascensor hidrulico y, en aquel momento, lo estaban situando en el centro de la sala.

Michaels se haba acercado a Grant.

 El "Proteus" dijo. Nuestra residencia durante una hora, aproximadamente.

 Qu grande es esta sala!  dijo Grant, mirando a su alrededor.

 Es nuestra sala de miniaturizacin. Ha sido utilizada para la reduccin de piezas de artillera y pequeas bombas atmicas. Tambin puede servir para albergar insectos aumentados de tamao, como, por ejemplo, hormigas del tamao de locomotoras, para su fcil estudio. Estos experimentos biolgicos no han sido todava autorizados, pero hemos hecho subrepticiamente un par de ensayos en este sentido. Ahora colocan al "Proteus" sobre el Mdulo Cero; me refiero al rojo. Despus, supongo que embarcaremos. Nervioso, Mr. Grant?

 Y tanto! Y usted?

Michaels inclin la cabeza con irnico asentimiento.

 Y tanto!

El "Proteus" haba sido ajustado a su soporte, y fueron retirados los ascensores hidrulicos que lo haban colocado en su sitio. A uno de los lados haba una escalerilla que conduca a la entrada.

La embarcacin resplandeca de asptica blancura, desde la agresiva proa hasta el doble "jet" y la enhiesta aleta de la popa.

Owens dijo:

 Yo entrar el primero. Cuando d la seal, subirn todos los dems.

Y empez a subir por la escalerilla.

 Es su barco murmur Grant. Y por qu no?  Despus se volvi a Michaels . Parece ms nervioso que nosotros,

 Es su carcter. Siempre parece estar nervioso, y si de veras lo est, no le faltan motivos. Est casado y tiene dos hijas pequeas. Duval y su ayudante son solteros.

 Tambin yo  dijo Grant . Y usted?

 Divorciado. Sin hijos. Conque ya ve...

Owens poda ser visto ahora claramente, en aquella especie de ampolla de la cima. Pareca observar atentamente los objetos que tena delante. Despus agit una mano, invitando a los otros a subir. Michaels le respondi y ech escalera arriba. Duval le sigui. Grant le cedi el paso a Cora antes de subir l.

Todos ocupaban ya sus asientos cuando Grant cruz la portezuela que haca de escotilla. Arriba, en el nico asiento elevado y aislado, estaba Owens al cuidado de los mandos. Abajo, haba otros cuatro asientos. Los dos de popa, uno a cada lado, estaban ocupados por Cora y Duval; aqulla, a la derecha, cerca de la escalerilla que conduca arriba, y ste, a la izquierda. Los otros dos asientos, muy juntos, estaban a proa. Michaels haba ocupado ya el de la izquierda. Grant se sent a su lado.

A ambos costados de la embarcacin se hallaban unas tarimas de trabajo y una instalacin que pareca de mandos auxiliares. Debajo de las tarimas haba unos departamentos, y, en la parte de popa, dos pequeos cuartos, uno de trabajo y el otro que serva de almacn.

El interior no haba sido todava iluminado. Michaels dijo:

 Vamos a asignarle trabajo, Grant. En circunstancias ordinarias, un tcnico en comunicaciones habra ocupado su puesto. Quiero decir, uno de nuestros hombres. Pero, ya que es usted experto en comunicaciones, cuidar de la radio. Supongo que no tendr ningn problema.

 De momento no puedo ver muy bien...

 Escuche, Owens grit Michaels. Cmo andamos de fuerza?

 Bien. Estoy comprobando ciertos detalles.

Michaels se volvi de nuevo a Grant y le dijo:

 No creo que la radio tenga nada de particular. Es el nico aparato no nuclear que llevamos en el barco.

 Supongo que no habr dificultades.

 Muy bien. Tranquilcese, pues. Todava transcurrirn unos minutos antes de la miniaturizacin. Los otros estn ocupados. Yo, si no le importa, hablar un poco.

 Adelante.

Michaels se retrep en su asiento.

 Todos tenemos reacciones especficas contra el nerviosismo. Algunos encienden cigarrillos... De paso le dir que est prohibido fumar a bordo...

 Yo no fumo.

 Otros beben, y otros se muerden las uas. Yo hablo..., siempre, naturalmente, que no me quede sin habla. Entre ambas cosas, no hay ms que un paso. Me pregunt usted acerca de Owens. Siente algn recelo por su causa?

 Por qu he de sentirlo?

 Estoy seguro de que Crter as lo espera. Crter es un hombre muy suspicaz. Propenso a la paranoia. Sospecho que ha meditado mucho en la circunstancia de que Owens estaba en el coche con Benes en el momento del accidente.

 Tambin yo he pensado en esto  dijo Grant . Pero qu significa? Si quiere usted dar a entender que Owens pudo preparar el atentado el interior del coche era el peor lugar en que poda encontrarse.

 No sugiero nada de esto  dijo Michaels, sacudiendo vigorosamente la cabeza . nicamente trato de rehacer los razonamientos de Crter. Supongamos que Owens fuese un agente enemigo, que se hubiese pasado a su bando durante uno de sus viajes a ultramar para asistir a conferencias cientficas...

 Qu dramtico! dijo Grant, secamente. Han asistido a tales conferencias otras personas que estn a bordo?

Michaels reflexion un momento.

 En realidad  dijo , todos nosotros. Incluso la chica asisti el ao pasado a una breve reunin, en la cual Duval ley una comunicacin. Pero, de todos modos, supongamos que fuese Owens el que se hubiera pasado. Digamos que le asignaran la tarea de asegurarse de la muerte de Benes, aunque para ello tuviera que arriesgar

la propia vida. Tambin el conductor del coche atacante saba que iba a morir; e igualmente lo saban los cinco hombres que dispararon los fusiles. A la gente parece no importarle la muerte.

 Y Owens puede estar dispuesto a morir antes que permitirnos que triunfemos. Estar por esto nervioso?

 Oh, no! Lo que sugiere usted es completamente inverosmil. Puedo admitir, tericamente, que Owens estuviese dispuesto a dar la vida por un ideal, pero no a sacrificar el prestigio de su barco hacindolo fracasar en su primera misin importante.

 Entonces, cree usted que podemos eliminarlo y olvidar la posibilidad de que nos juegue una mala pasada en las encrucijadas, eh?

Michaels le dedic una risita amable, y en su cara de luna llena se pint una expresin de genialidad.

 Desde luego. Pero apostara a que Crter ha pensado en todos y cada uno de nosotros. Y que usted tambin lo ha hecho.

 Por ejemplo, en Duval? dijo Grant.

 Y por qu no? Cualquiera de nosotros podra estar a favor del Otro Lado. Tal vez no por dinero; estoy seguro de que ninguno de los presentes se dejara comprar; pero s por un idealismo equivocado. La miniaturizacin, por ejemplo, es actualmente un arma de guerra, y mucha gente, en nuestro pas, es contraria a este aspecto de la cuestin. Hace unos meses, fue enviada al presidente una declaracin a este respecto; una peticin para que se pusiese trmino a la carrera de miniaturizacin y se estableciese un programa conjunto con otras naciones para su estudio con fines pacficos de investigacin biolgica, sobre todo en el campo de la medicina.

 Quines participaron en este movimiento?

 Muchsimos. Duval fue uno de sus ms destacados y vociferantes promotores. Y si he de ser veraz, tambin yo firm la declaracin. Le aseguro que todos los firmantes fuimos sinceros. Yo lo era, y sigo sindolo. Es posible argumentar en el sentido de que el descubrimiento de Benes para la duracin ilimitada de la miniaturizacin puede, si tiene xito, aumentar en gran manera el peligro de guerra y de destruccin total. En este caso, tanto Duval como yo podramos estar ansiosos de que Benes muriera antes de que pudiese hablar. En cuanto a m, puedo negar que tenga este mvil. Al menos, hasta este extremo. Por lo que atae a Duval, su gran problema radica en su desagradable personalidad. Hay muchos que se alegraran de poder sospechar de l. Michaels lade la cabeza y aadi:

 En cuanto a esa chica...

 Firm tambin?

 No. La declaracin fue firmada nicamente por personas de acreditada experiencia. Pero por qu est aqu?

 Porque Duval insisti en ello. Nosotros presenciamos lo que pas.

 S; pero por qu se prest ella a su insistencia? Es joven y muy bonita. l la aventaja en veinte aos y no siente el menor inters por ella... ni por ningn ser humano. Est ella deseosa de venir con nosotros por Duval... o por otra razn de ndole ms poltica?

 Est usted celoso, doctor Michaels? dijo Grant.

Michaels pareci sorprendido. Despus sonri.

 Nunca haba pensado en esto, se lo aseguro. Y, sin embargo, es posible que lo est. No soy ms viejo que Duval, y, si de veras se interesa ella por los hombres maduros, sera para m un placer que me prefiriese. Pero, a pesar de mis prejuicios, cabra reflexionar sobre sus mviles.

La sonrisa de Michaels se desvaneci, y el hombre adopt de nuevo un aspecto grave.

 Adems, y a fin de cuentas, la seguridad de esta embarcacin no depende nicamente de nosotros, sino tambin de aquellos que nos controlan hasta cierto punto desde el exterior. El coronel Reid estaba a favor de la declaracin, igual que cualquiera de nosotros, aunque, como militar, no poda intervenir en actividades polticas. Pero, si su nombre no figur en la peticin, no le falt a sta su voz. Se pele con Crter a causa de esto. Antes eran buenos amigos.

 Mal asunto dijo Grant.

 Y luego est el propio Crter. Su misma paranoia.

La tensin del trabajo que se desarrolla aqu puede producir inestabilidad en el hombre ms cuerdo. Me pregunto si podemos estar completamente ciertos de que Crter no haya sido un poco desviado...

 Cree que lo ha sido?

Michaels extendi los brazos.

 No, claro que no! Ya le dije que esto no era ms que una charla teraputica. O preferira que me estuviera aqu sentado, sudando o chillando a media voz?

 No, creo que no dijo Grant. Contine, por favor. Mientras lo estoy escuchando, no tengo tiempo de sentir mi pnico. Creo que ya ha mencionado a todos.

 Se equivoca. He dejado deliberadamente para el final al personaje ms sospechoso. En realidad, podemos afirmar que es norma general que el personaje menos sospechoso en apariencia est obligado a ser el culpable. No lo cree usted as?

 Evidente dijo Grant. Y este personaje menos sospechoso, quin es? O ha llegado el momento en que suena un disparo y usted se derrumba y cae al suelo cuando se dispone a pronunciar el nombre del criminal?

 Nadie me est apuntando, al parecer dijo Michaels . Creo que tendr tiempo de decirlo. El personaje menos sospechoso es, evidentemente, usted mismo, Grant. Quin podra serlo menos que el agente de confianza, destinado a custodiar el barco durante la misin? Puede confiarse en usted, Grant?

 No estoy muy seguro. Slo tiene usted mi palabra, y, qu vale sta?

 Exacto. Usted ha estado en el Otro Lado; ha estado all ms a menudo y en circunstancias mucho ms incgnitas que todos los presentes en el barco. Esto es seguro. Supongamos que, por cualquier medio, hubiesen logrado comprarle.

 Supongo que cabe en lo posible  dijo Grant, sin alterarse . Pero yo traje a Benes sano y salvo.

 Cierto; y lo hizo sabiendo, tal vez, que lo liquidaran en la siguiente etapa, dejndole a usted al margen del atentado y en disposicin de cumplir ulteriores misiones, como la actual.

 Creo que piensa usted lo que dice  declar Grant. Pero Michaels movi la cabeza.

 No, no lo pienso. Disclpeme; temo haber empezado a mostrarme ofensivo. Se pellizc la nariz y dijo : Quisiera que empezasen de una vez la miniaturizacin. Entonces tendra menos tiempo para pensar.

Grant se sinti incmodo. El rostro de Michaels adquiri una clara expresin de temor al cesar sus palabras zumbonas. Grit:

 Cmo va eso, capitn?

 Todo listo, todo listo  respondi la voz ronca y metlica de Owens.

Se encendieron las luces. Inmediatamente, Duval abri varios cajones que haba a su lado y empez a sacar y estudiar los planos. Cora inspeccion el lser cuidadosamente.

 Puedo subir ah, Owens? dijo Grant

 Puede asomar la  cabeza,  si  lo  desea  respondi Owens. No hay sitio para ms.

Grant dijo en voz baja:

 Tranquilcese, doctor Michaels. Le dejar solo unos minutos y as podr temblar a gusto, si lo desea, sin que nadie lo observe.

La voz de Michaels era seca y sus palabras parecan formarse con dificultad.

 Es usted muy considerado, Grant  dijo . Si hubiera dormido las horas que acostumbro ..

Grant se levant y se dirigi hacia popa, sonriendo a Cora, la cual se apart framente para dejarle pasar. Despus subi rpidamente por la escalerilla y mir hacia arriba y a su alrededor, diciendo:

Cmo sabr usted el rumbo que ha de tomar?

 Tengo aqu los mapas de Michaels  dijo Owens.

Puls un botn y, en una de las pantallas que tena delante, apareci inmediatamente una copia del sistema circulatorio que Grant haba visto ya repetidas veces. Owens oprimi otro botn y una parte del mapa brill con un tono anaranjado e irisado.

 Nuestra ruta prevista dijo. Michaels me orientar cuando sea necesario, y, como vamos impulsados por energa nuclear, Crter y los otros podrn seguirnos con toda precisin. Contribuirn a orientarnos, si cuida usted debidamente de la radio.

 Tiene usted un tablero de mandos muy complicado.

 Terriblemente complicado dijo Owens, con visible orgullo . Un botn para cada cosa, por decirlo as, y tan firmes como me fue posible. El submarino estaba destinado para actuar a grandes profundidades, sabe?

Grant baj de nuevo y una vez ms se apart Cora para dejarle pasar. Concentraba toda su atencin en el lser, manipulando lo que parecan herramientas de relojero.

 Eso parece complicado dijo Grant.

 Es un lser rojo  dijo Cora, brevemente , si sabe usted lo que esto significa.

 S que lanza un apretado rayo de luz monocromtica coherente, pero no tengo la menor idea de cmo funciona.

 Entonces le aconsejo que vuelva a su sitio y me deje trabajar.

 S, seorita. Pero si tiene que coser alguna pelota de ftbol, le ruego que me avise.

Cora dej a un lado un pequeo destornillador, se frot las puntas de los enguantados dedos y dijo:

 Mr. Grant...

 Diga, seorita.

 Se ha propuesto hacer odiosa esta gran empresa con su sentido del humor?

 No; claro que no. Pero, cmo tengo que hablarle?

 Como a un compaero de la tripulacin.

 Es que usted, adems, es una joven.

 Lo s, Mr. Grant; pero, qu le importa a usted eso? No hace falta que me demuestre con todas sus observaciones y ademanes que se ha dado cuenta de cul es mi sexo. Es fastidioso e intil. Cuando todo esto haya terminado, y si sigue sintindose obligado a practicar el ritual que suele representar ante las muchachas, le responder de la manera que estime ms conveniente; pero, ahora...

 Est bien. Lo considero una cita para despus.

 Y he de decirle algo ms, Mr. Grant.

 S?

 No quiera escudarse en su calidad de ex jugador de ftbol. Es algo que me tiene sin cuidado.

Grant trag saliva y dijo:

 Algo me dice que mi ritual va a fallar, pero...

Ella no le prestaba ya atencin y haba vuelto a su lser. Grant se qued observndola, a su pesar, con la mano apoyada en el tablero, siguiendo los menores movimientos de sus seguros dedos.

 Si al menos fuese un poco ms frivola...  suspir.

Afortunadamente ella no le oy o, al menos, no dio seales de haberle odo.

Sin previo aviso, Miss Peterson le asi una mano, y Grant tuvo un ligero sobresalto al contacto de sus clidos dedos.

 Disclpeme  dijo Cora, y apart a un lado la mano de l y la solt.

Casi inmediatamente, apret un contacto del lser y brot un hilo de luz roja que fue a chocar con el metal en que l haba tenido apoyada la mano. Al punto apareci un diminuto agujero y se percibi un olor a metal vaporizado. Si la mano de Grant hubiese permanecido all, el agujerito habra estado ahora en su dedo pulgar.

 Poda avisarme  dijo Grant.

 No haba ninguna razn para que estuviese usted aqu, verdad?

Levant el lser, sin dejar que l la ayudara, y se dirigi al cuarto almacn.

 Bien, seorita dijo Grant, humildemente. En lo sucesivo, cuando me halle cerca de usted, vigilar dnde pongo la mano.

Cora mir hacia atrs, como sorprendida y sin saber qu hacer. Despus, por un brevsimo instante, sonri.

 Tenga cuidado  dijo Grant . No vayan a quebrarse sus mejillas.

La sonrisa se extingui al punto.

 Lo prometido es deuda  dijo ella, en tono helado.

Y entr en el cuarto de trabajo.

La voz de Owens lleg desde lo alto.

 Grant!  Compruebe la radio!

 Bien  grit Grant . Nos veremos, Cora. Despus! Volvi a su asiento y observ el aparato de radio por primera vez.

 Parece un aparato Morse  dijo.

Michaels levant la cabeza. La palidez de su rostro haba desaparecido en parte.

 S. Tericamente, es difcil transmitir la voz a travs de un aparato miniaturizado. Supongo que conoce el cdigo.

 Desde luego.

Grant transmiti un rpido mensaje. Al cabo de un momento, el sistema de altavoces del cuarto de miniaturizacin retumb con una fuerza que lo haca fcilmente audible desde el interior del "Proteus":

 Mensaje recibido. Repito para comprobacin. El mensaje dice: Miss PETERSON HA SONREDO.

Cora., que en aquel instante volva a su asiento, pareci indignada y dijo:

 Qu lstima!

Grant se inclin sobre el aparato y contest:

 CORRECTO.

La respuesta lleg esta vez en Morse. Grant escuch y tradujo en voz alta:

 Mensaje recibido desde el exterior: PREPRENSE PARA LA MINIATURIZACIN.

CAPITULO VI: MINIATURIZACION

Grant, ignorando en qu consista la preparacin, permaneci sentado donde estaba. Michaels se puso en pie, con rapidez casi convulsiva, y mir a su alrededor como si quisiera hacer una comprobacin de ltima hora.

Duval dej sus mapas a un lado y empez a manipular en su equipo.

 Puedo ayudarle, doctor? pregunt Cora. l levant la cabeza.

 Qu? Oh, no! Slo es cuestin de sujetar bien esta hebilla. Ya est.

 Doctor...

 S? Volvi a mirar hacia arriba y se sinti sbitamente alarmado por la visible dificultad de Cora en expresarse. Tiene algn problema con el lser, Miss Peterson?

 Oh, no! Slo quera decirle que lamento haber sido causa del lamentable incidente entre usted y el doctor Reid.

 Bah! No fue nada. No piense ms en ello.

 Y muchas gracias por haberme trado. Duval respondi, gravemente:

 Su presencia me era absolutamente necesaria. Usted es la persona en quien tengo mayor confianza.

Cora se acerc a Grant, el cual, habiendo observado a Duval, manipulaba ahora con su propio equipo.

 Sabe cmo funciona esto? le pregunt.

 Parece ms complicado que esos cinturones corrientes de los aviones.

 S, lo es. Mire, ese gancho est mal colocado. Permtame. ..

Se inclin sobre l, y Grant se encontr con una mejilla a muy poca distancia y oliendo un ligersimo perfume. Pero se contuvo.

Cora le dijo en voz baja:

 Siento haber estado dura con usted; pero mi posicin es muy difcil.

 En este momento, me parece deliciosa... Oh! Perdneme. Se me ha escapado.

 Mi posicin en las FDMC dijo ella es idntica a la de muchos hombres, pero me siento continuamente en dificultades por la circunstancia de mi sexo. O recibo demasiada consideracin o excesiva condescendencia, y ambas cosas me molestan. Al menos, cuando trabajo. Me produce un sentimiento de frustracin.

Grant tuvo la respuesta en la punta de la lengua, pero se contuvo una vez ms. Sera violentsimo tener que dominar continuamente sus impulsos; tal vez no sera capaz de hacerlo.

 A pesar de su sexo  dijo , y en lo sucesivo tendr cuidado en no propasarme a este respecto, es usted la persona ms serena de cuantos estamos aqu, a excepcin de Duval; aunque tengo la impresin de que ste no se ha dado cuenta de dnde est.

 No le menosprecie, Mr. Grant. Sabe perfectamente dnde est, se lo aseguro. Si est tranquilo, es porque sabe que la importancia de esta misin es mayor que la de su vida individual.

 Por el secreto de Benes?

 No. Porque ser la primera vez que se habr realizado la miniaturizacin en esta escala; y porque sta habr tenido por objeto salvar una vida.

 Ser prudente emplear ese lser? dijo Grant. Despus de lo que estuvo a punto de hacerle a mi dedo...

 En manos del doctor Duval, el lser destruir el cogulo sin daar una sola molcula del tejido circundante.

 Aprecia usted mucho su habilidad.

 Es una apreciacin mundial. Y yo la comparto, con fundados motivos. He estado con l desde que obtuve mi ttulo.

 Sospecho que no se muestra muy considerado ni muy condescendiente con usted, simplemente porque es una mujer.

 No, ciertamente.

Volvi a su asiento y se ci el cinturn con un gil movimiento. Owens grit:

 Doctor Michaels, estamos esperando!

Michaels, que se haba levantado de su asiento y paseaba lentamente por la cabina, pareci vacilar un momento, como si estuviera pensando en otra cosa. Despus, mir rpidamente a los dems, ya preparados, y dijo:

 Oh, s!

Y se sent, sujetndose su propio cinturn. Owens baj de su torreta, comprob rpidamente los cinturones, volvi a subir y se ci el suyo.

 Muy bien. Mr. Grant, dgales que estamos esperando. Grant obedeci, y, casi inmediatamente, tron el altavoz :

Atencin, Proteus. Atencin, Proteus. ste es el ltimo mensaje oral que recibirn hasta que hayan terminado su misin. Disponen de sesenta minutos. Una vez lograda la miniaturizacin, el cronmetro del buque sealar el nmero sesenta. Deben observar continuamente este cronmetro, cuya saeta retroceder una unidad por cada minuto que transcurra. No confen, repito, no confen en su impresin subjetiva sobre el paso del tiempo. Tienen que salir del cuerpo de Benes antes de que la aguja llegue al cero. En otro caso, matarn a Benes, aunque la operacin haya tenido xito. Buena suerte!

Call la voz. Grant, para animar a su desfalleciente espritu, no encontr una observacin ms original que sta:

 Ya est!

l mismo se sorprendi al advertir que lo haba dicho en voz alta.

Michaels, que estaba a su lado, dijo:

 S, ya est.

Y consigui esbozar una dbil sonrisa.

**** ** ****

En su puesto de observacin, Crter esperaba. Hubiera preferido hallarse en el "Proteus", ms que fuera de l. Sera una hora muy difcil, y le hubiera sido ms fcil hallarse en un lugar donde pudiera conocer a cada instante la marcha de los acontecimientos.

Se estremeci al or el sbito y agudo repiqueteo de un mensaje radiado en circuito abierto. El ayudante encargado de la recepcin dijo, con voz pausada:

 El "Proteus" informa de que todo est dispuesto. Crter lanz la orden:

Miniaturizador!

El adecuado botn, rotulado MIN, del adecuado tablero, fue pulsado por el dedo adecuado del adecuado tcnico. Es como un ballet pens Crter, con todo el mundo en su sitio y todos los movimientos previstos, en un baile cuyo final es imposible prever.

La pulsacin del botn repercuti en la pared del fondo del cuarto de miniaturizacin, donde apareci, poco a poco, un enorme disco alveolado, suspendido de un ral cerca del techo. El disco avanz en direccin al Proteus, movindose sin ruido y sin la menor friccin, gracias a los chorros de aire que mantenan su brazo de suspensin a dos o tres milmetros por encima del ral.

**** ** ****

Los que estaban en el interior del "Proteus" podan ver con toda claridad aquel disco surcado geomtricamente, que se acercaba como un monstruo picado de viruela.

La frente y la calva de Michaels transpiraban un sudor desagradable.

 Eso  dijo con voz ahogada por la emocin  es el miniaturizador.

Grant abri la boca, pero Michaels prosigui apresuradamente :

 No me pregunte cmo funciona. Owens lo sabe, pero yo, no.

Grant mir involuntariamente hacia arriba y atrs, en la direccin de Owens, el cual pareca hallarse tenso y rgido. Vease claramente cmo agarraba con una de sus manos una palanca que, pens Grant, deba de ser uno de los mandos ms importantes de la embarcacin; se asa a ella como si encontrase alivio en el contacto con algo material y poderoso. O tal vez el simple contacto con cualquier porcin del buque diseado por l resultbale alentador. l, ms que nadie, deba conocer la fuerza o la debilidad de la burbuja que habra de darles la sensacin de una microscpica normalidad.

Grant mir a otra parte y tropez con la figura de Duval, cuyos finos labios aparecan ligeramente fruncidos en una sonrisa.

 Parece usted inquieto, Mr. Grant. No es su profesin el afrontar situaciones inquietantes sin sentirse inquieto?

Al diablo con l! Cuntas dcadas haca que venan atiborrando al pblico con cuentos de hadas sobre los agentes secretos?

 No, doctor  dijo Grant, sin inmutarse . En mi profesin, el que se enfrenta con situaciones inquietantes sin sentirse inquieto tardar poco en morir. Slo se nos pide que actuemos inteligentemente, sean cuales fueren nuestros sentimientos. Por lo que veo, usted no se siente intranquilo.

 No. Slo interesado. Me siento invadido por... por un sentimiento de asombro. Siento una enorme curiosidad y excitacin, pero no inquietud.

 Cules son, a su entender, las probabilidades de muerte?

Pocas, as lo espero. De todos modos, yo tengo el consuelo de la religin. Me he confesado y, para m, la muerte no es ms que un trnsito.

Grant no tena ninguna respuesta lgica para esto, y guard silencio. Para l, la muerte era un muro negro que slo tena un lado; pero haba de confesar que, por muy lgico que le pareciese su concepto, era en aquel momento menguado remedio contra el gusanillo de la inquietud que (como Duval haba advertido muy bien) se haba colocado en su misma mente.

Se daba cuenta, con afliccin, de que tena la frente hmeda, quiz tan hmeda como la de Michaels, y de que Cora le estaba observando con una expresin que su propio sentido de la vergenza le hizo tomar por desprecio.

 Y usted, Miss Peterson  dijo impulsivamente , se ha confesado de sus pecados?

Ella le respondi framente:

 En qu pecados est usted pensando, Mr. Grant?

Tampoco pudo replicar a esto; por lo cual se dej caer en su silla y levant la cabeza para mirar el miniaturizador, que estaba ahora exactamente encima de ellos.

 Qu se siente cuando lo miniaturizan a uno, doctor Michaels?

 Nada, segn creo. Es una forma de movimiento, una cada hacia dentro, y, como se hace a un ritmo constante, la sensacin no es mayor que la que experimentamos al descender en una escalera automtica a velocidad uniforme.

 Supongo que sta es la teora  dijo Grant, sin apartar los ojos de miniaturizador; pero, cul ser la verdadera sensacin?

 Lo ignoro. Jams lo he experimentado. Sin embargo, los animales sometidos al proceso de miniaturizacin no dan la menor muestra de incomodidad. Continan sus acciones normales sin interrupcin, y esto s que lo he comprobado personalmente.

 Los animales? Grant se volvi a mirar a Michaels, con sbita indignacin. Los animales? Quiere decir que, hasta ahora, ningn hombre ha sido miniaturizado?

 Temo respondi Michaels que nos cabe el honor de ser los primeros.

 Qu emocionante! Permtame que le haga otra pregunta. Cul ha sido el grado mximo de miniaturizacin aplicado con xito a una criatura..., a una criatura viviente?

 A un cincuentavo respondi Michaels, brevemente.

Qu?

 Un cincuentavo. Quiero decir que la reduccin se ha hecho a una cincuentava parte del tamao normal.

 Lo cual equivaldra a reducir mi altura a poco menos de cuatro centmetros.

 S.

 Pero ahora la reduccin ser mucho mayor.

 S. Aproximadamente a una millonsima, segn creo. Owens puede darle la cifra exacta.

 La cifra exacta me tiene sin cuidado. Lo que importa es que el grado de miniaturizacin ser ms elevado todo lo que se ha intentado hasta ahora.

 Efectivamente. Pero esto nos lo dijeron ya... Acaso no estaba usted encuchando?

 Por lo visto, no  dijo Grant, sombramente . Hay cosas que no se captan la primera vez que uno las oye. Pero, dgame, cree usted que podremos soportar el inmenso honor que se nos hace en nuestra carrera de pioneros?

 Temo, Mr. Grant dijo Michaels, acentuando el matiz de irona que tea sus palabras , que no tendremos ms remedio que aguantarlo. En realidad, estamos siendo ya miniaturizados; en este preciso instante; y, por lo visto, no lo haba usted advertido.

 Dios santo! murmur Grant, y volvi a mirar hacia arriba, con una especie de atencin helada y fija.

La base del miniaturizador brillaba con una luz incolora que resplandeca sin cesar. No pareca que la percibiesen los ojos, sino el sistema nervioso en general; de modo que, cuando Grant cerr los ojos, todos los objetos reales se desvanecieron, pero la luz permaneci visible como una vaga e informe radiacin.

Michaels debi de observar cmo cerraba Grant intilmente sus ojos, pues le dijo:

 No es luz. Ni es radiacin electromagntica de clase alguna. Es una forma de energa que no pertenece a nuestro universo normal. Afecta a las extremidades nerviosas, y nuestro cerebro la interpreta como luz porque no sabe interpretarla de otro modo.

 Y es peligrosa?

 No, que se sepa; pero debo confesar que nada ha sido sometido a ella a un grado tan intenso como ahora.|

 Otra vez los pioneros! murmur Grant.

Duval esclam:

 Formidable! Es como la luz de la creacin!

En respuesta a la radiacin, las baldosas hexagonales resplandecan  debajo  del  buque,  y el  propio  "Proteus" pareca encendido por dentro y por fuera. La silla en que Grant se sentaba hubirase dicho que era de fuego, pero permaneca slida y fresca. Incluso el aire que le envolva se encendi, y Grant respir la fra luz.

Sus compaeros de viaje, y sus propias manos, hallbanse envueltos en aquel fuego fro.

La mano luminosa de Duval traz la seal de la cruz en rpido movimiento, y sus relucientes labios  se movieron.

 Por fin tiene usted miedo, doctor Duval? dijo Grant.

Y Duval le respondi, con voz pausada:

 No slo se reza por miedo, sino como accin de gracias por sernos dado ver las grandes maravillas de Dios.

Grant tuvo que confesarse que tambin esta vez haba perdido. Las cosas le estaban saliendo bastante mal.

Owens grit:

 Miren las paredes!

Los muros de la habitacin alejbanse ahora visiblemente, y el techo ascenda con rapidez. Todos los extremos de la espaciosa estancia aparecan envueltos en una penumbra creciente y espesa; tanto ms espesa cuanto que se perciba a travs de un aire resplandeciente. El miniaturizador se haba convertido en algo enorme, cuyos bordes se haban perdido ya de vista. En cada hueco de sus alvolos haba una porcin de aquella luz fantasmal; era como una multitud de estrellas desplazndose en un cielo negro.

Grant sinti que la emocin aplacaba su nerviosismo. Haciendo un esfuerzo, dirigi una rpida ojeada a los otros. Todos ellos miraban hacia arriba, hipnotizados por la luz, por las vastas distancias salidas de la nada, por aquella habitacin convertida en universo y por aquel universo que se perda de vista.

Sin previo aviso la luz mengu hasta adquirir un color rojo opaco, y la seal de la radio empez a sonar con bruscas y agudas vibraciones. Grant dio un respingo.

Michaels dijo:

 Belinski sostuvo en el Rochefleller que las sensaciones subjetivas tenan que cambiar con la miniaturizacin. No se le hizo mucho caso, pero ciertamente, esa seal ha sonado de un modo distinto.

 Pero no su voz  dijo Grant.

 Esto se debe a que usted y yo estamos miniaturizados por un igual. Me refera a las sensaciones que cruzan la barrera de la miniaturizacin, a las sensaciones que vienen de fuera.

Grant descifr y ley el mensaje que acababa de llegar:

 MINIATURIZACIN TEMPORALMENTE SUSPENDIDA. VA TODO BIEN? CONTESTEN EN SEGUIDA!

 Estn todos bien? grit Grant irnicamente. Y, como nadie le respondiera, aadi:

 Quien calla otorga.

Y transmiti: TODO BIEN.

**** ** ****

Crter se humedeci los resecos labios. Observ, con atencin dolorosa, cmo se encenda el miniaturizador, y pens que todos los que se hallaban en la estancia, hasta el ltimo de los tcnicos, experimentaba lo mismo que l.

Nunca, hasta entonces, se haban miniaturizado a un ser humano. Ningn objeto de las dimensiones del Proteus haba sido miniaturizado jams. Nada, hombre o animal, grande o pequeo, haba sido miniaturizado a un grado tan extraordinario. Y la responsabilidad era suya. Toda la responsabilidad de esa prolongada pesadilla era suya.

 Ya empieza!  dijo, en un murmullo que era casi de entusiasmo, el tcnico que estaba al cuidado del botn del miniaturizador.

La frase cundi por el sistema de comunicaciones, y Crter observ cmo el "Proteus" se encoga.

El comienzo fue muy lento, de manera que slo poda advertirse lo que ocurra por el cambio en la posicin relativa de las estructuras hexagonales del suelo en que se apoyaba el buque. Las que estaban parcialmente ocultas bajo el casco del submarino aparecieron en su totalidad, y otras que antes estaban totalmente cubiertas empezaron a mostrarse. Los hexgonos surgan alrededor del Proteus, y la velocidad de miniaturizacin fue aumentando, hasta que el buque pareci un pedazo de hielo fundindose sobre una superficie caliente.

Crter haba observado centenares de miniaturizaciones, pero nunca le haban producido el tremendo efecto que ahora experimentaba. Era como si el buque se hundiese en un agujero profundo, insondable, cayendo en medio  de un absoluto silencio y hacindose  cada vez ms pequeo, a medida que la distancia se converta en millas, en decenas y en centenares de millas. El barco era ahora como un blanco escarabajo posado en el hexgono central, inmediatamente debajo del miniaturizador; posado en el nico hexgono rojo de aquel mundo de polgonos blancos: el Mdulo Cero. El "Proteus" segua cayendo, hundindose.   Crter,  haciendo  un  esfuerzo,  levant  la mano. El resplandor del miniaturizador adquiri un tono rojo opaco, y la operacin se interrumpi.

 Averigen cmo estn, antes de continuar.

Caba en lo posible que estuvieran muertos o que y esto no sera mejor se hallaran imposibilitados de realizar con eficacia la tarea que les haba sido encomendada. En este caso, todo estara perdido, y era mejor saberlo.

El tcnico de comunicaciones  dijo:

 Recibida la respuesta. Dice: TODO BIEN.

Crter pens: Si estn incapacitados para operar, es posible que no puedan darse cuenta de su incapacidad. Pero esto es algo que no tenemos manera de comprobar. Debemos pensar que todo marcha bien, si as lo dice la tripulacin del "Proteus".

 Eleven el buque dijo.

CAPITULO VII: INMERSION

Con gran lentitud, el Mdulo Cero empez a ascender, como un bruido pilar hexagonal de roja superficie y blancos costados, sosteniendo a un "Proteus" de dos centmetros y medio de anchura. Cuando la cima estuvo a un metro veinte del suelo, el aparato se detuvo.

 Listos para la fase nmero dos  dijo la voz de uno de los tcnicos.

Crter lanz una rpida mirada a Reid, el cual asinti con un movimiento de cabeza.

 Fase nmero dos dijo Crter.

Se abri uno de los muros, y un aparato (un gigantesco waldo, as llamado por los primitivos tcnicos nucleares, que tomaron el nombre del protagonista de una novela de ciencia ficcin de los aos cuarenta segn le haban dicho una vez a Crter) penetr en la estancia, movindose silenciosamente sobre chorros de aire comprimido. Tena cuatro metros veinte de altura y consista en una poleas montadas sobre un trpode, las cuales dirigan un brazo vertical que colgaba de un soporte horizontal. El propio brazo estaba compuesto de secciones, cada una de ellas ms corta y de menores dimensiones que la inmediatamente superior. En este caso, haba tres secciones, y la inferior, de unos cinco centmetros de longitud, estaba provista de unos alambres de acero, de seis milmetros de grueso, encorvados de forma que pudiese cruzarse entre s,

La base del aparato llevaba las iniciales FDMC, y, de bajo de ellas, la incripcin: Manipulador de precisin MIN.

Tres tcnicos haban entrado con el aparato, y, detrs de ellos, una enfermera uniformada esperaba con visible impaciencia. El cabello castao que sala de debajo de su gorro de enfermera pareca haber sido peinado apresuradamente, como si la mujer hubiera tenido aquel da otros proyectos.

Dos de los tcnicos colocaron el brazo del waldo encima  del  reducido Proteus.  Para  lograr un  ajuste perfecto, tres finsimos rayos de luz brotaron del soporte del brazo e hirieron la superficie del Mdulo Cero. La distanca entre el rayo y el centro del Mdulo fue expresada en intensidad de luz sobre una pequea pantalla circular dividida en tres segmentos que se encontraban en el centro.

Las intensidades de luz, claramente desiguales, oscilaron delicadamente mientras el tercer tcnico manipulaba un disco graduado. Con habilidad nacida de la prctica, igual en pocos segundos la intensidad de los tres segmentos hasta borrar toda separacin entre ellos. Entonces el tcnico accion una palanca y fij la posicin del waldo. Los rayos determinantes del centro se apagaron, y la luz ms potente de un faro ilumin el "Proteus" por reflejo indirecto.

Fue pulsado otro resorte, y el brazo baj sobre el "Proteus". Fue descendiendo despacio y delicadamente, mientras el tcnico contena la respiracin. Era ste, probablemente, el hombre que haba manipulado ms objetos miniaturizados del pas, y probablemente de todo el mundo (aunque, por supuesto, nadie saba con detalle lo que ocurra en el Otro Lado), pero la operacin actual no tena precedentes.

Iba a levantar algo dotado de una masa normal mucho mayor que cuanto haba manejado anteriormente, y lo que iba a levantar contena cinco seres humanos vivos. La menor vibracin poda acarrear la muerte.

Los dientes de la parte inferior del aparato se abrieron y descendieron despacio sobre el "Proteus". El tcnico interrumpi el movimiento y comprob con sus propios ojos la verdad de lo que revelaban sus instrumentos. Los dientes estaban perfectamente ajustados. Despus empezaron a cerrarse, poco a poco, hasta que se encontraron debajo de la embarcacin y formaron como una cuna enrejada y perfectamente equilibrada. Entonces descendi el Mdulo Cero, y el "Proteus" qued suspendido en aquella especie de cesta.

El Mdulo Cero no se detuvo al nivel del suelo, sino que sigui hundindose. Durante unos momentos, slo se vio un agujero debajo del buque suspendido. Despus, empezaron a elevarse unas paredes de pulido cristal en los bordes del hueco dejado por el Mdulo Cero. Cuando estas paredes, transparentes y cilindricas, hubieron alcanzado una altura de cuarenta y cinco centmetros sobre el nivel del suelo, se vio el brillo de un lquido El Mdulo Cero ascendi de nuevo hasta llegar a ras del suelo, sosteniendo un cilindro de treinta centmetros de dimetro por un metro veinte de altura, lleno de fluido en sus dos terceras partes. El cilindro se apoyaba en una base circular de corcho, en la cual se lea la inscripcin: Solucin salina.

El brazo del waldo, que haba permanecido inmvil durante esta maniobra, fue suspendido ahora sobre la solucin. El buque qued en la parte superior del cilindro, a treinta centmetros por encima del nivel de la solucin.

Entonces el brazo empez a descender, cada vez con mayor lentitud. Se detuvo cuando el "Proteus" estaba a punto de tocar el lquido, y reanud la marcha a una velocidad registrada a la escala de uno a diez mil en el aparato de control. Las agujas de ste se movan velozmente ante los ojos del tcnico, mientras el buque descenda a una velocidad inapreciable a simple vista.

Contacto! La embarcacin sigui bajando hasta quedar medio sumergida. El tcnico la mantuvo as durante unos instantes, y despus, con la lentitud de siempre, fue abriendo las pinzas y, asegurndose de que los dientes no tocaran el barco, las sac de la solucin.

Con un suspiro contenido, levant el brazo del aparato y desconect el waldo.

 Bueno, saqumoslo de aqu  dijo a sus dos acompaantes; y, recordando de pronto, anunci en tono oficial y alterado : El buque en la ampolla, seor!

 Bravo!   Comprueben el estado de la tripulacin!  dijo Crter

**** ** ****

El traslado desde el Mdulo a la ampolla haba sido delicadsimo, visto desde el mundo normal; pero todo lo contrario, visto desde el interior del "Proteus".

Grant haba radiado su mensaje de TODO BIEN, y, dominando la sbita sensacin de mareo que le acometi al elevarse sbitamente la embarcacin empujada por el Mdulo Cero, dijo:

 Y ahora, qu? Ms miniaturizacin? Lo sabe alguno de ustedes?

 Antes de la nueva fase de miniaturizacin tenemos que sumergirnos le respondi Owens.

 Sumergirnos, dnde?

Pero esta vez no recibi respuesta. Volvi a contemplar el confuso universo de la sala de miniaturizacin, y entonces vio por primera vez a los gigantes.

Eran hombres, hombres que se movan a su alrededor, altos como torres en la opaca luz exterior, hombres que parecan acortarse hacia arriba y hacia abajo, como reflejados en gigantescos espejos deformantes La hebilla de un cinturn se haba convertido en un cuadrado de metal de sesenta centmetros de anchura. Un zapato, all en lo hondo, pareca un vagn de ferrocarril. En lo alto, una nariz como una montaa albergaba los dos tneles gemelos de sus ventanas. Los gigantes se movan con extraa lentitud.

 La impresin del tiempo murmur Michaels, mirando hacia arriba y consultando seguidamente su reloj.

 Qu? pregunt Grant.

 Otra de las teoras de Belinski: con la miniaturizacin, se altera el sentido del tiempo. El tiempo normal parece alargarse y estirarse, de manera que cinco minutos parecen convertirse en diez, segn calculo. Este efecto aumenta proporcionalmente con la miniaturizacin, pero no puedo decir con exactitud el grado de esta proporcin.

Belinski careca de los datos experimentales que ahora podramos darle nosotros. Mostr a Grant su reloj de pulsera. Mire.

Grant lo mir, y consult despus el suyo. La manecilla de los segundos pareca avanzar muy lentamente. Se llev el reloj al odo. Oy nicamente el dbil zumbido de su diminuto motor; pero este zumbido pareca ahora ms grave.

 Esto es buena cosa dijo Michaels. Disponemos de una hora; mas, para nosotros, ser como varias horas. Como muchsimas horas, tal vez.

 Quiere decir que nos moveremos con mayor rapidez?

 Para nosotros, nos moveremos con normalidad; pero, a los ojos de un observador del mundo exterior, creo que nos moveremos con gran rapidez, realizando una mayor actividad en un tiempo dado. Lo cual ser una ventaja, si consideramos el poco tiempo de que disponemos.

 Pero...

Michaels movi la cabeza.

 Por favor! No puedo explicrselo con mayor claridad. Creo que comprendo la biofsica de Belinski, pero sus matemticas estn fuera de mi alcance. Tal vez Owens pueda ser ms explcito.

 Se lo preguntar despus  dijo Grant , si hay un despus.

De pronto, el buque qued nuevamente envuelto en luz, en luz blanca ordinaria. Grant advirti que algo se mova y mir hacia la alto Algo bajaba sobre ellos; un par de pinzas gigantescas descendan a ambos lados de la embarcacin.

Owens grit:

 Comprueben todos su cinturn.

Grant no se molest en hacerlo. Sinti un tirn a su espalda y se volvi todo lo que le permitan sus arreos. Cora le dijo:

 Slo he querido comprobar si estaba usted bien sujeto.

 nicamente por el cinturn dijo Grant, pero gracias de todos modos.

- Est bien.  Y, volvindose hacia la derecha, dijo con solicitud : Su cinturn, doctor Duval.

ste respondi:

 Est bien. Y el suyo?

Cora lo haba aflojado al inclinarse hacia delante para sujetar el de Grant. Ahora lo apret en el ltimo moment.

Las pinzas haban descendido por debajo del alcance de las miradas y se estaban juntando como unas gigantescas y aplastantes mandbulas. Grant, insensiblemente, se puso rgido. Las tenazas se detuvieron, volvieron a moverse y establecieron contacto. El "Proteus" sufri una tremenda sacudida, y todos los de a bordo se sintieron empujados violentamente hacia la derecha y, despus, con menos violencia, hacia la izquierda. Una fuerte y vibrante campanada pareci llenar todo el barco.

Despus, silencio, y la clara sensacin de estar suspendidos en el vaco. El buque oscilaba suavemente y temblaba todava con mayor suavidad. Grant mir hacia abajo y vio una inmensa superficie roja que se hunda y se haca cada vez ms mate y ms oscura, hasta perderse de vista. No tena manera de saber a qu distancia se hallaban del suelo, a su actual escala; pero la sensacin que experimentaba era parecida a la que senta cuando se asomaba a la ventana de un vigsimo piso de una casa de apartamentos.

Si un objeto del tamao que ahora tena el buque cayese desde esta altura, no poda sufrir grandes daos. La resistencia del aire mitigara la cada... Pero Grant record vivamente una observacin hecha por Owens durante la instruccin. l mismo estaba ahora constituido por el mismo nmero de tomos que un hombre en su tamao normal, y no por los que hubiesen correspondido a un objeto de sus actuales dimensiones. Por consiguiente, era mucho ms frgil, y tambin lo era el barco. Una cada desde aquella altura hara aicos la embarcacin y matara a todos sus tripulantes.

Contempl la cesta que sostena el buque y no se detuvo a pensar lo que aqulla deba parecer a un hombre normal. Para l, era un conjunto de barras de acero de treinta centmetros de dimetro, trenzadas en un armazn continuo de metal. Por el momento, se sinti seguro.

Owens, con voz entrecortada por la excitacin, declar :

 Ah viene!

Grant mir rpidamente en todas direcciones antes de descubrir qu era aquello que vena.

La luz brotaba ahora de la lisa y transparente superficie de un crculo de cristal lo bastante grande para rodear toda una casa. El crculo ascenda, suave y velozmente; y, de pronto, en lo profundo precisamente debajo de ellos, brill el reflejo irisado y titilante de las luces sobre el agua.

El "Proteus" estaba suspendido sobre un lago. Las paredes de cristal del cilindro se elevaban alrededor del barco, y la superficie del lago no pareca estar ahora a ms de quince metros debajo de ellos.

Grant se retrep en su butaca. Se imaginaba fcilmente lo que vendra ahora. Por consiguiente, estaba apercibido y no sinti ningn mareo cuando el asiento pareci hundirse debajo de l. Era una sensacin muy parecida a la que haba experimentado una vez en un avin que se lanz en picado sobre el ocano. El aparato que haba realizado la maniobra se haba elevado de nuevo, segn lo previsto; pero el "Proteus" submarino transportado por los aires no hara lo mismo.

Grant tens sus msculos y, acto seguido, procur distenderlos, a fin de que fuese su cinturn y no su cuerpo el que recibiese la sacudida. Chocaron, efectivamente, con el agua, y falt poco para que la sacudida hiciera saltar los dientes de sus alvolos.

Grant haba esperado ver a travs de la ventanilla un enorme surtidor, un muro de agua lanzado a gran altura. En vez de esto, vio una onda grandsima y delicadamente redondeada que se alejaba a gran velocidad. Despus, siguieron otras ondas, mientras la embarcacin penetraba en el agua.

Los dientes de las pinzas se abrieron y la embarcacin se balance furiosamente y se detuvo, flotando e iniciando un lento giro.

Grant  lanz un profundo suspiro. Estaban sobre la superficie de un lago, s; pero no se pareca a ninguno de los lagos que haba visto.

Michaels dijo:

 Esperaba usted ver olas, Mr. Grant?

 S; en efecto.

 Debo confesarle que tambin yo. La mente humana es una cosa muy curiosa, Grant. Siempre espera ver lo que ya ha visto en el pasado. Hemos sido miniaturizados y colocados en un pequeo recipiente de agua. Pero a nosotros nos parece un lago, y por esto nos imaginamos que veremos olas, espuma, rompientes y todo lo dems. Pero, aparte del aspecto que tenga para nosotros, este lago no es tal, sino tan slo un pequeo recipiente de agua, en el que se producen ondas, pero no verdaderas olas. Porque, por mucho que ample usted una onda, nunca ser una ola.

 Bastante interesante  dijo Grant.

Las espesas ondas de fluido, que a escala normal habran constituido pequeas oleadas, seguan su carrera hacia fuera. Pero, al chocar con las lejanas paredes, volvieron atrs y produjeron interferencias que rompieron las ondas en pequeos montculos, mientras el "Proteus" suba y bajaba a ritmo vivo.

 Interesante? dijo Cora, indignada. Es esto todo lo que sabe decir? Es sencillamente magnfico!

 Las obras de su mano aadi Duval son majestuosas en todas las magnitudes.

 Muy bien  dijo Grant . Estoy de acuerdo con esto, Magnfico y majestuoso. Concedido. Pero tambin un poco mareante, no?

 Oh, Mr. Grant! dijo Cora. Tiene usted el don de echarlo todo a perder.

 Disclpeme  dijo Grant.

Son la radio, y Grant transmiti de nuevo la seal de TODO BIEN, resistiendo el impulso de decir: TODOS MAREADOS.

Sin embargo, incluso Cora pareca hallarse incmoda. Tal vez l le haba infundido la idea del mareo.

 Tendremos que sumergirnos por nosotros mismos - dijo Owens . Desabrchese el cinturn, Grant, y abra las vlvulas uno y dos.

Grant se puso en pie, tambalendose, pero satisfecho de aquella limitada libertad de movimientos que le permita andar un poco, y se dirigi a la vlvula del mamparo sealada con el nmero uno.

 Lo har yo dijo Duval.

Sus miradas se cruzaron por un instante, y Duval, como confuso al tropezar con el sbito recelo de otro ser humano, sonri, vacilante. Grant le devolvi la sonrisa y pens, indignado: Cmo puede ella abrigar algn sentimiento por esa montaa de estupidez?

Al abrirse las vlvulas, el fluido circundante inund los correspondientes depsitos de la nave, y el lquido se elev a su alrededor, subiendo cada vez ms.

Grant subi un trecho de escalera y pregunt:

 Cmo va eso, capitn Owens?

Owens movi la cabeza.

 Es difcil decirlo. Las indicaciones de los manmetros carecen de sentido. Fueron proyectados para funcionar en un ocano de verdad. Maldita sea! Yo no conceb el "Proteus" para esto.

 Tampoco mi madre me concibi para esto  dijo Grant.

Estaban totalmente sumergidos. Duval haba cerrado las dos vlvulas, y Grant volvi a su asiento.

Sujetse de nuevo el cinturn, con un sentimiento que era casi de placer. Una vez debajo de la superficie, haban cesado los irregulares balanceos provocados por la pequea marea y hallbanse en una deliciosa inmovilidad.

**** ** ****

Crter afloj la tensin de sus puos. Hasta entonces, todo haba marchado bien. TODO BIEN, haba dicho desde la embarcacin, convertida ahora en una capsulita que brillaba sobre la solucin salina.

 Fase tres  dijo.

El miniaturizador, cuyo brillo haba sido amortiguado durante toda la segunda fase, volvi a resplandecer en todo su blanco esplendor, pero slo en las secciones centrales de aquella especie de colmena.

Crter observaba con ansiedad. Al principio, no saba si lo que vea era objetivamente real o si era producto de su imaginacin excitada. Pero, no; la nave se estaba encogiendo una vez ms.

El escarabajo de dos centmetros y medio estaba menguando de tamao, y caba presumir que al agua contigua le ocurra lo propio. El foco del miniaturizador era intenso y segua la direccin exacta. Crter exhal otro suspiro ahogado. Cada fase tena su propio peligro.

Crter se imagin lo que hubiera podido pasar si el rayo de luz hubiera sido menos exacto, si la mitad del Proteus se hubiese reducido rpidamente, y la otra mitad, al borde del rayo, no hubiese menguado o lo hubiese hecho con ms lentitud. Pero no haba ocurrido as, y ahuyent la idea de su mente.

El "Proteus" era ahora como un puntito que se encoga cada vez ms, hasta casi perderse de vista. De pronto, resplandeci todo el miniaturizador. Hubiese sido ya intil enfocar el rayo en algo invisible.

Bien, bien  pens Crter. Ahora, a reducirlo todo.

Y, efectivamente, el cilindro de lquido empez a encogerse, cada vez ms de prisa, hasta quedar reducido a una simple ampolla de cinco centmetros de altura y dos y medio de anchura, en alguna parte de cuyo miniaturizado fluido se hallaba el inframiniaturizado "Proteus", del tamao de una bacteria grande. El miniaturizador se oscureci de nuevo.

 Comuniqense con ellos  dijo Crter, con voz quebrada. Que digan algo.

Y respir con dificultad hasta recibir de nuevo el mensaje de TODO BIEN.

Cuatro hombres y una mujer que, solamente minutosantes, estaban ante l, de tamao natural y llenos de vida, eran ahora unas diminutas pizcas de materia dentro de una nave del tamao de un germen... y seguan viviendo.

Extendi las manos, con las palmas hacia abajo.

 Retiren el miniaturizador  dijo.

Y la ltima luz del aparato se extingui, mientras ste era rpidamente retirado.

En un disco en blanco que haba en la pared, a nivel ligeramente superior a la cabeza de Crter, apareci el nmero 60 en cifras negras.

Crter movi la cabeza en direccin a Reid.

 Tome el mando, Don. Disponemos de sesenta minutos a partir de este instante.

CAPITULO VIII: ENTRADA

La luz del miniaturizador se haba encendido de nuevo despus de la inmersin, y el lquido circundante se haba convertido en una especie de leche luminosa y opaca; pero nada ms ocurri que pudiese observarse desde el interior del "Proteus". Nadie poda decir si la opacidad se extenda y si la nave segua encogindose.

Grant guard silencio durante este intervalo, y tampoco los otros dijeron palabra. Pareca como si aquello fuese a durar eternamente. Pero entonces se apag la luz del miniaturizador y Owens grit:

 Estn todos bien?

Duval dijo:

 Estoy bien.

Cora asinti con la cabeza. Grant levant una mano en ademn tranquilizador. Michaels se encogi ligeramente de hombros y dijo:

 Perfectamente.

 Bravo!  exclam Owens . Creo que hemos llegado al grado mximo de miniaturizacin.

Puls un botn que no haba tocado hasta aquel momento. Durante un instante, esper, lleno de ansiedad, esper a que se encendiera un disco. As ocurri, e inmediatamente apareci en l el nmero 60. Los otros cuatro pudieron ver un disco parecido en la parte inferior de la nave.

La radio repiquete speramente, y Grant transmiti el TODO BIEN. Por un momento, todos tuvieron la impresin de haber llegado a un punto culminante.

Grant dijo:

 Dicen desde fuera que hemos llegado al mximo de miniaturizacin. Acert usted, capitn Owens.

 Y aqu estamos dijo Owens, suspirando audiblemente.

Grant pens: La miniaturizacin ha terminado, pero no la misin. sta no ha hecho ms que empezar. Sesenta. Sesenta minutos. Despus, dijo en voz alta:

 Por qu vibra la nave, capitn Owens? Acaso algo funciona mal?

 Tambin yo lo percibo  dijo Michaels . Es una vibracin irregular.

 Yo tambin la siento  dijo Cora.

Owens baj de su ampolla, enjugndose la frente con un gran pauelo.

 No podemos evitarlo  dijo . Es el movimiento de Brown(l).

(1) Robert Brown, botnico escocs (1773-1858). En 1827, siendo director de la seccin de botnica del British Museum, estudi el movimiento desordenado de las partculas ultramicroscpicas en un lquido, movimiento llamado, despus, de Brown, o browniano. (N. del T.)

Michaels levant las manos y lanz un Dios mo! de impotencia y resignada comprensin.

 Qu movimiento? pregunt Grant.

 El  de  Brown,  si  se  empea  en   saberlo.  Robert Brown, botnico escocs del siglo XVIII, fue el primero en observarlo. Desde todos los lados, estamos siendo bombardeados por molculas de agua. Si tuviramos nuestro tamao natural, las molculas seran tan diminutas, en relacin con nosotros, que la colisin no nos afectara en absoluto. Sin embargo, el hecho de haber sido hasta tal punto miniaturizados produce aproximadamente el mismo resultado que experimentaramos si hubisemos permanecido en nuestro tamao y todo lo que nos rodea hubiese sido terriblemente aumentado.

 Como el agua que nos envuelve.

 Exacto. Hasta ahora, la cosa tiene poca importancia. El agua que nos rodea ha sido miniaturizada en parte. Sin embargo, cuando entremos en el torrente sanguneo, cada molcula de agua pesar, a nuestra escala actual, un miligramo aproximadamente. Todava sern demasiado pequeas para afectarnos individualmente, pero sufriremos el impacto simultneo de millares de ellas, en todas direcciones, y los golpes no estarn repartidos de un modo uniforme. Es posible que, en un momento dado, las molculas que nos golpeen por el lado derecho superen en varios centenares a las del lado izquierdo, y su fuerza combinada nos impulse hacia la izquierda. Un instante despus, podemos vernos empujados hacia abajo, y as sucesivamente. La vibracin que percibimos ahora es resultado de estos impactos irregulares de las molculas. Ms adelante ser mucho peor.

 Magnfico... gru Grant. Bienvenido, seor mareo.

 Slo durar una hora, como mximo  dijo Cora, irritada. Quisiera que dejase de comportarse como un nio.

Michaels dijo, con visible preocupacin:

 Resistir la nave su embate, Owens?

 Supongo que s  respondi el interpelado . Hice algunos clculos anticipados sobre ello, y, por lo que ahora siento, creo que fueron bastante acertados. Podremos resistirlo.

 Aunque la nave sea batida y aplastada, es preciso que aguante el bombardeo durante un rato  dijo Cora. Si todo sale bien, podemos llegar hasta el cogulo y deshacerlo en quince minutos o menos. Despus, la cosa tiene ya poca importancia.

Michaels descarg un puetazo sobre el brazo de su butaca.

 Est usted diciendo tonteras, Miss Peterson. Qu supone que ocurrira si logrbamos llegar hasta el cogulo, destruirlo y restaurar la salud de Benes, e inmediatamente despus quedaba el "Proteus" aplastado y convertido en un montn de chatarra? Quiero decir, sin tomar en cuenta nuestra muerte, la cual estoy dispuesto a conceder, tericamente, que no tiene importancia. Significara la muerte de Benes.

 Sabemos esto  terci Duval, muy estirado.

 Por lo visto, su ayudante no lo sabe. Si la nave quedase hecha pedazos, Miss Peterson, entonces, al terminar los sesenta minutos, digo mal, los cincuenta y nueve minutos, cada fragmento individual, por pequeo que fuese, recobrara su tamao normal. Incluso si el buque se desintegraba en tomos, cada tomo aumentara de tamao y nuestra materia y la del barco penetrara en los tejidos de Benes.

Michaels hizo una profunda inspiracin que son como un ronquido, y prosigui:

 Ser fcil extraernos del cuerpo de Benes, mientras permanezcamos intactos. En cambio, si la nave se rompe en pedazos, ser imposible extraer cada uno de sus fragmentos. Hagan lo que hagan, siempre quedarn los fragmentos suficientes para matarle en cuanto se produzca la desminiaturizacin. Lo comprende ahora?

Cora pareci hundirse dentro de s misma.

 No haba pensado en esto.

 Pues piense en ello  dijo Michaels . Y usted tambin, Owens. Y ahora pregunto de nuevo: (resistir el "Proteus" el movimiento de Brown? No quiero decir hasta que lleguemos al cogulo, sino hasta que hayamos llegado a l, lo hayamos eliminado y estemos de regreso. Reflexione antes de responder, Owens. Si no cree usted que la nave puede sobrevivir, no tenemos derecho a seguir adelante.

 Bueno  dijo Grant , deje usted de perorar, doctor Michaels, y dele al capitn Owens oportunidad de explicarse.

Owens dijo, tenazmente:

 No tena una opinin definida hasta que percib el movimiento parcial que ahora experimentamos. Tengo la conviccin de que podremos resistir durante sesenta minutos el bombardeo en toda su intensidad.

 La cuestin es: debemos correr el riesgo, fundndonos nicamente en la impresin del capitn Owens?

 Nada de eso dijo Grant. La cuestin es: acepto yo la tesis del capitn Owens sobre la situacin? Tenga la bondad de recordar que el general Crter dijo que era yo quien deba tomar las decisiones. Y acepto la declaracin de Owens simplemente porque no puedo consultar, entre los presentes, a otra persona ms autorizada o que conozca el buque mejor que l.

 Entonces dijo Michaels, cul es su decisin?

 Acepto la opinin de Owens. Seguiremos adelante.

 Estoy de acuerdo con usted, Grant  dijo Duval.

Michaels enrojeci ligeramente y asinti con la cabeza.

 Est bien, Grant. No hice ms que una observacin que me pareci justa.

Se sent. Grant dijo:

 Una observacin muy acertada y que me complace que la hiciera.

Haba permanecido en pie, junto a la ventanilla. Cora se acerc a l al cabo de un momento y le dijo en voz baja:

 No me ha parecido usted asustado, Grant.

ste sonri sin la menor alegra.

 Porque soy un buen actor, Cora. Si la responsabilidad de la decisin hubiese incumbido a otro, habra pronunciado un terrible discurso instando a que nos largramos de aqu. Ya lo ve: mis sentimientos son de cobarda, pero procuro no tomar decisiones cobardes.

Cora le observ durante unos instantes.

 Tengo la impresin, Mr. Grant, de que a veces hace un gran esfuerzo por parecer peor de lo que es en realidad.

 Oh! No lo s. Tengo propensin a...

En aquel preciso instante, el "Proteus" se movi convulsivamente, primero a un lado, despus al otro, en un terrible zarandeo.

Dios mo! pens Grant. Estamos zozobrando!

Asi a Cora de un brazo y la condujo a su butaca. Despus, con grandes dificultades, pudo llegar a la suya, mientras Owens oscilaba y daba tumbos, intentando subir por la escalera.

 Maldita sea! grit. Podan habernos avisado!

Grant se agarr a su butaca y mir el reloj, que marcaba 59. Un minuto muy largo, pens. Michaels haba dicho que el sentido del tiempo se retrasaba con la miniaturizacin, y haba acertado. Tendran ms tiempo para la reflexin y para la accin.

Ms tiempo, tambin, para el recelo y el pnico.

El "Proteus" se movi todava con mayor violencia. Reventara la nave incluso antes de haber empezado su misin?

**** ** ****

Reid ocup el lugar de Crter en la ventanilla. La ampolla, con sus escasos milmetros de agua parcialmente miniaturizada, en la que estaba  sumergido el  totamente miniaturizado y completamente invisible "Proteus", brillaba sobre el Mdulo Cero como una rara gema sobre un cojn de terciopelo.

Reid pens en esta metfora, pero le produjo escaso consuelo. Los clculos haban sido precisos, y la tcnica de la miniaturizacin poda lograr tamaos capaces de rivalizar con la precisin del clculo. Sin embargo, este clculo haba sido realizado precipitadamente en el curso de unas horas, por medio de un sistema de cmputo que no haba sido comprobado.

Claro que, si el tamao alcanzado resultaba ligeramente equivocado, poda corregirse; pero el tiempo necesario para ello habra de descontarse de los sesenta minutos... que seran cincuenta y nueve dentro de quince segundos.

 Fase cuatro  dijo.

El waldo se haba situado ya sobre la ampolla, con la pinza dispuesta para una toma horizontal, en vez de vertical. De nuevo fue centrado el aparato, y de nuevo descendi el brazo y se juntaron las pinzas con extraordina ria suavidad.

La ampolla qued sostenida con la misma firmeza y cario con que una leona agarrara a su revoltoso cachorro.

Y por fin le lleg el turno a la enfermera. sta avanz a paso vivo, se sac una cajita del bolsillo y la abri. Extrajo de ella un pequeo cilindro de cristal, sostenindolo delicadamente por su cabeza plana, colocada sobre un cuello ligeramente comprimido. Despus lo coloc verticalmente sobre la ampolla y lo introdujo en sta unos milmetros, hasta que la presin del aire lo sostuvo inmvil. Lo hizo girar suavemente, y dijo:

 mbolo ajustado.

Reid, en su elevado observatorio, sonri aliviado, y Crter hizo un movimiento aprobatorio con la cabeza.

La enfermera esper y el waldo levant lentamente el brazo. Despacio, muy despacio, elevronse la ampolla y el mbolo, descubriendo aqulla un fino caoncito en la plana superficie inferior. El pequeo orificio del mbolo estaba obstruido por una delicada pelcula de plstico que haba de romperse a la menor presin, pero que evitaba la filtracin del lquido mientras permaneciera intacta.

Con rpidos movimientos, la enfermera sac de la cajita una bruida aguja de acero y la ajust al pequeo tubo.

 Colocada la aguja dijo.

La primitiva ampolla haba quedado convertida en una jeringuilla de inyecciones.

Un segundo juego de pinzas emergi del waldo, sujet la cabeza del mbolo y la mantuvo fija. Despus, todo el aparato empez a moverse suavemente en direccin a la doble puerta, que se abri de par en par al acercarse aqul.

Ningn ser humano hubiese podido advertir a simple vista el menor movimiento en el lquido transportado por la mquina. Sin embargo, tanto Crter como Reid saban muy bien que las ms microscpicas oscilaciones seran como terribles temporales para la tripulacin del submarino Proteus.

Cuando el aparato entr en la sala de operaciones y se detuvo junto a la mesa, Crter, sabedor de aquella circunstancia, orden:

 Comuniquen con el "Proteus"!

La respuesta fue: TODO BIEN, AUNQUE CON ALGN MOVIMIENTO. Crter sonri.

Benes yaca sobre la mesa de operaciones y constitua el segundo foco de inters en el quirfano. La manta trmica lo cubra hasta el cuello. Finos tubos de caucho unan la manta al aparato trmico colocado debajo de la mesa de operaciones.

Un grupo de sensibles detectores, encaminados a revlar la presencia de emisiones radiactivas, hallbase dispuesto en tosco semicrculo alrededor de la afeitada y cuadriculada cabeza de Benes.

Un equipo de cirujanos enmascarados y de ayudantes rodeaba a Benes. Todos ellos tenan solemnemente fija la mirada en la mquina que se iba aproximando. La cifra del reloj que se destacaba en la pared pas en aquel momento de 59 a 58.

El waldo se detuvo junto a la cama.

Dos de los aparatos registradores empezaron a desplazarse, como si de repente hubiesen cobrado vida. Obedeciendo la orden a distancia de uno de los tcnicos, se colocaron a ambos lados de la jeringuilla, uno junto a la ampolla, y el otro junto a la aguja.

Una pequea pantalla colocada sobre la mesa del tcnico se ilumin con una luz verdosa mientras apareca en ella una manchita, que despus se extingui, volvi a surgir, se extingui de nuevo, y as sucesivamente.

 Se estn recibiendo seales de radiactividad del "Proteus"  dijo el tcnico.

Crter junt las manos con un fuerte chasquido y reaccion con una sonrisa de solemne satisfaccin. Acababa de superarse otro escollo, un escollo sobre el que no haba querido reflexionar. Y es que no era simple radiactividad lo que haba que detectar, sino unas partculas radiactivas que haban sido tambin miniaturizadas y las cuales, debido a su increble pequenez, a su tamao infraatmico, podan pasar a travs de un registrador corriente sin afectarlo. Por consiguiente, haba, ante todo, que desminiaturizar las partculas, y la necesaria conexin entre el desminiturizador y el aparato registrador haba tenido que improvisarse durante las agitadas horas de aquella madrugada.

El waldo, que sostena la jeringuilla, empez ahora a ejercer una suave y creciente presin sobre el mbolo. La frgil barrera de plstico entre la ampolla y la aguja se rompi, y, al cabo de un instante, apareci una pequea gota en la punta de la aguja. La gota cay dentro de un recipiente, seguida de otra y de una tercera.

El nivel del agua del interior de la ampolla, empujado

por el mbolo, descendi. Y entonces la manchita cambi de posicin en la pantalla del tcnico.

 El "Proteus" en la aguja  anunci aqul.

El mbolo se inmoviliz.

Crter mir a Reid.

Ya?

Reid asinti con la cabeza y dijo:

 Podemos inyectar.

La aguja hipodrmica se inclin fuertemente, dirigida por los dos juegos de pinzas, y el waldo se movi de nuevo, en direccin a una regin del cuello de Benes que una enfermera frot apresuradamente con alcohol. En el cuello haba un crculo marcado, y, en medio del crculo, una pequea cruz; la aguja hipodrmica apunt al centro de esta cruz, mientras la seguan los aparatos registradores.

Hubo un momento de vacilacin al tocar el cuello la punta de la aguja. Inmediatamente, sta pinch y se introdujo a la profundidad prescrita. El mbolo empuj suavemente, y el tcnico encargado de los aparatos registradores anunci:

 El "Proteus" ha sido inyectado.

El waldo se retir inmediatamente, y una red de antenas registradoras se extendi sobre la cabeza y el cuello de Benes.

 Iniciada la operacin de seguimiento  anunci el tcnico en radiactividad, pulsando un botn.

Media docena de pantallas se iluminaron, cada una de ellas con su aguja indicadora en posicin diferente. La informacin de estas pantallas era transmitida a un computador que controlaba el enorme mapa del sistema circulatorio de Benes. En este mapa, apareci un punto brillante en la arteria cartida, la arteria en que haba sido inyectado el "Proteus".

A Crter le hubiera gustado rezar, pero no saba hacerlo. Sobre el mapa, pareca muy pequea la distancia entre el punto luminoso y el emplazamiento del cogulo de sangre en el cerebro.

Crter observ la cifra 57 en el reloj, y sigui despus el inconfundible y bastante rpido movimiento del punto

luminoso a lo largo de la arteria y en direccin al cogulo.

Cerr un momento los ojos y pens: Por favor! Si hay algo por encima de nosotros, en alguna parte, le pido "por favor" que nos ayude.

**** ** ****

Grant, esforzndose por dominar el temblor de su voz anunci:

 Estamos cerca de Benes. Dicen que nos introducirn en la aguja y, despus, en el cuello. Yo les he dicho que aqu tenemos un poco de movimiento. Uf! Un poco de movimiento...!

 Bien  dijo Owens.

Y empez a luchar con los mandos, tratando de adivinar los movimientos oscilatorios para contrarrestar sus efectos. Lo cierto es que tuvo poco xito.

 Oiga dijo Grant, por qu..., por qu tienen que meternos en la... en la aguja?

 En ella estaremos ms comprimidos. Entonces el movimiento de la aguja nos afectar muy poco. Y... otra cosa. Conviene inyectar a Benes la menor cantidad posible de agua miniaturizada.

 Oh!  dijo Cora.

Tena el cabello despeinado, y, al tratar de apartarlo de delante de sus ojos, se tambale, a punto de caerse. Grant trat de sostenerla, pero Duval la haba asido ya vigorosamente por un brazo.

La oscilacin ces con la misma brusquedad con que haba empezado.

 Ya estamos en la aguja  dijo Owens, con alivio, y encendi las luces exteriores de la nave.

Grant mir hacia delante. Haba poco que ver. La solucin salina pareca centellear como una nube de nfimas lucirnagas. A una enorme altura y a una gran profundidad, percibase la curva lejana de algo que brillaba ms intensamente. Las paredes de la aguja?

Le asalt un sbito temor. Se volvi a Michaels.

 Doctor...

Michaels tena los ojos cerrados. Los abri de mala gana y volvi la cabeza en la direccin de la voz.

 Diga, Mr. Grant.

 Qu ve usted?

Michaels mir hacia delante y respondi:

 Destellos.

 Ve algo con claridad? No le da la impresin de que todo baila a nuestro alrededor?

 S. Todo baila.

 Significa esto que nuestros ojos han sido afectados por la miniaturizacin?

 No, no, Mr. Grant.  Michaels suspir, cansadamente . Si teme quedarse ciego, olvdelo. Mire al interior del "Proteus". Mreme a m. Observa algo anormal?

 No.

 Muy bien. Usted ve ondas de luz miniaturizadas, con su retina tambin reducida, y todo le parece normal. Pero cuando las ondas luminosas se extienden a un medio menos miniaturizado o sin miniaturizar en absoluto, entonces no se reflejan fcilmente. En realidad, son enormemente penetrantes, y slo vemos reflejos intermitentes aqu y all. Por consiguiente, todo lo de ah fuera parece que baile ante nuestros ojos.

 Comprendo. Gracias, doctor dijo Grant.

Michaels volvi a suspirar.

 Ojal recobre mis piernas de marinero  dijo . Esa luz oscilante y el movimiento de Brown me estn dando dolor de cabeza.

 All vamos!  grit Owens, de pronto.

Ahora se deslizaban hacia delante. La sensacin era inconfundible. Las lejanas y curvas paredes de la aguja hipodrmica parecan ms slidas, al confundirse y mezclarse los reflejos de la luz miniaturizada. Era como deslizarse en un patn de ruedas por una pendiente infinita.

En lo alto, la solidez pareci terminar en un diminuto y titilante crculo. Despus el crculo se ensanch, despacio al principio, ms velozmente despus, hasta abrirse en un increble abismo, y todo pareci fluctuar.

 Hemos llegado a la arteria cartida  dijo Owens. El reloj marcaba la cifra 56.

CAPITULO IX: ARTERIA

Duval mir a su alrededor con arrobamiento.

 Imagnense! dijo. Estamos en el interior de un cuerpo humano; dentro de una arteria. Owens! Apague las luces interiores, por favor! Contemplemos la obra de Dios!

Las luces interiores se apagaron; pero una especie de luz fantstica llegaba desde fuera, producto del reflejo de los focos miniaturizados de la proa y de la popa de la nave.

Owens mantena el "Proteus" virtualmente inmvil en relacin con el torrente sanguneo arterial, dejando que aqul se deslizase impulsado por la corriente que naca del corazn.

 Creo que pueden quitarse los cinturones dijo.

Duval se liber del suyo en un instante, y Cora se plant inmediatamente a su lado. Ambos se lanzaron a la ventanilla, en una especie de maravillado xtasis. Michaels se levant ms despacio, mir a los otros dos y despus se enfrasc en un atento estudio de su mapa.

 Magnfica precisin  dijo, con los labios apretados.

 Cree que podamos haber sido inyectados fuera de la arteria?  pregunt Grant.

Michaels le observ un instante con mirada ausente. Despus respondi:

 Oh..., no! Esto era muy improbable. Pero podamos haber penetrado junto al punto de unin con una arteria afluente y ser incapaces de mantenernos en la corriente arterial, en cuyo caso habramos perdido tiempo buscando una ruta alternativa y ms lenta. Tal como ha ido la cosa, la nave se encuentra exactamente donde deba estar  dijo, temblndole la voz.

Grant coment, animoso:

 Hasta ahora, todo parece marchar perfectamente.

 S.  Una pausa, y a continuacin, apresuradamente: Situados aqu, nos vemos favorecidos por la facilidad del medio, la rapidez de la corriente y la brevedad de nuestra ruta; podramos llegar a destino en el mnimo de tiempo.

 Estupendo  dijo Grant, asintiendo con la cabeza y volvindose hacia la ventanilla.

Casi inmediatamente, se sinti desconcertado y extasiado ante tanta maravilla.

La lejana pared pareca hallarse a casi un kilmetro de distancia y resplandeca como mbar brillante y con luz intermitente, pues quedaba casi oculta por una enorme mescolanza de objetos que flotaban cerca de la embarcacin.

Se hallaban en un acuario inmenso y extico, y todo su campo visual rebulla, no de peces, sino de objetos extraos. Una especie de grandes neumticos, con el centro deprimido pero no perforado, eran los ms numerosos. El dimetro de cada uno de ellos meda aproximadamente el doble que el del buque, y todos tenan un color paja anaranjado y lanzaban intermitentes destellos, como si llevaran diamantes incrustados.

 El color es un poco engaoso  dijo Duval . Si fuese posible desminiaturizar las ondas luminosas al salir de la nave y miniaturizar su reflejo, saldramos ganando mucho. Es importantsimo que el reflejo sea lo ms exacto posible.

 Tiene usted toda la razn, doctor dijo Owens, y los trabajos de Johnson y Antoniani sostienen que esto puede llegar a ser posible. Desgraciadamente, su tcnica no tiene por ahora aplicacin en la prctica, y, aunque la tuviera, no habramos podido adaptar el buque a tal objeto en una sola noche.

 Supongo que no  dijo Duval.

 Pero aunque el reflejo no sea exacto  dijo Cora, en tono devoto, el espectculo es de por s maravilloso. Son como blandos y aplastados globos que hubieran atrapado millones de estrellas.

 En realidad, son glbulos rojos de la sangre  dijo Michaels a Grant. Rojos en su conjunto, pero pajizos individualmente. Los que est usted viendo provienen directamente del corazn y llevan su carga de oxgeno a la cabeza y, en especial, al cerebro.

Grant sigui mirando a su alrededor, maravillado. Adems de aquellos corpsculos, haba otros objetos ms pequeos; menudeaban, por ejemplo, unos que eran planos y tenan forma de plato. (Plaquetas, pens Grant, como si las formas de los objetos despertaran en l olvidados recuerdos de cuando estudiaba fisiologa en el colegio.)

Una de las plaquetas se acerc suavemente a la nave; tanto, que Grant sinti deseos de alargar una mano para cogerla. Se aplast lentamente, en contacto con el buque, y se alej, dejando partculas de su propia sustancia pegadas a la ventanilla; una mancha que se fue borrando poco a poco.

 No se rompi  dijo Grant.

 No  dijo Michaels . Si se hubiese roto, se habra formado un pequeo cogulo a su alrededor. Supongo que no lo bastante grande para resultar peligroso. Sin embargo, si fuese mayor nuestro tamao, podramos hallarnos en dificultades. Vea aquello!

Grant mir en la direccin sealada por el dedo del doctor. Vio unos objetos menudos y en forma de varilla, que empujaban fragmentos y desperdicios, y, sobre todo, glbulos rojos y ms glbulos rojos. Despus descubri la cosa que le sealaba Michaels.

Era grande, lechosa y pulstil. Tena aspecto granuloso, y en su interior percibase un negro centelleo, unos destellos negros tan intensos que eran como una antiluz cegadora.

Dentro de su masa haba una zona ms oscura que mantena, dentro del mbito lechoso, una forma regular e inmutable. La silueta del objeto era bastante confusa; de pronto, apareci una especie de ensenada lechosa en la pared de la arteria, y aquella masa pareci sumergirse en ella. Se perdi de vista, oscurecida por los objetos ms prximos y perdindose en el remolino.

 Qu diablos era eso? pregunt Grant.

 Una clula blanca, naturalmente. Son poco numerosas, al menos en relacin con los glbulos rojos. Hay unos seiscientos cincuenta de stos por cada una de aqullas. En cambio, los glbulos blancos son mucho mayores y pueden moverse con independencia. Algunos de ellos pueden salir incluso del vaso sanguneo Vistos a esta escala, infunden temor. No quisiera que otro se nos acercase ms que ste.

 Son los basureros de la sangre, no?

 S. Nosotros tenemos el tamao de una bacteria pero nuestra piel es metlica y no mucopolisacaroidea como la de las clulas. Creo que los glbulos blancos advertirn la diferencia y que, mientras no lesionemos los tejidos que nos rodean, nos dejarn en paz.

Grant intent no prestar demasiada atencin a los objetos particulares y concentrarla en el panorama total. Se ech atrs y entorn los prpados.

Era como un baile! Todos los objetos se movan en su respectiva posicin. Cuanto ms pequeos eran, ms acusada era su agitacin. Pareca un ballet colosal y frentico en que el coregrafo se hubiese vuelto loco y los bailarines se hubieran lanzado a una danza eternamente insensata.

Grant cerr los ojos.

 Lo perciben ustedes? Me refiero al movimiento de Brown.

 S  respondi Owens . Pero no es tan malo como tema. El torrente sanguneo es viscoso, mucho ms viscoso que la solucin salina en que estuvimos antes, y el alto grado de viscosidad amortigua el movimiento.

Grant not que el barco se mova bajo sus pies, primero en un sentido y despus en otro, pero de un modo amortiguado, no con la brusquedad de cuando estaban todava en la jeringuilla. El contenido protenico de la porcin fluida de la sangre, las protenas del plasma (este trmino vino a la memoria de Grant desde un remoto pasado) servan de amortiguador a la nave.

No estaba mal. Se sinti animado. Tal vez todo terminara bien.

 Les aconsejo que vuelvan todos a sus asientos  insinu Owens. Nos estamos aproximando a una ramificacin de la arteria y voy a acercarme a uno de los lados.

Los otros ocuparon sus asientos, sin dejar de mirar asombrados a su alrededor.

 Es una lstima que slo dispongamos de unos minutos para contemplar esto  dijo Cora . Doctor Duval, qu son aquellas cosas?

Una masa de estructuras diminutas, pegadas unas a otras y formando como un tubo en espiral, pas a poca distancia. Las siguieron otras, que se dilataban y contraan a medida que avanzaban.

Oh! dijo Duval. Ignoro lo que es eso.

 Tal vez un virus sugiri Cora.

 Demasiado grandes para ser virus, creo yo; adems, no se parecen a ninguno de los que conozco. Podramos tomar alguna muestra, Owens?

 Podemos salir de la nave en caso necesario respondi Owens, pero podemos no detenernos a recoger muestras.

 Vamos, jams volveremos a tener una oportunidad como sta  dijo Duval, tercamente, ponindose en pie . Pescaremos una de esas piezas. Usted, Miss Peterson...

 Este barco tiene una misin, doctor dijo Owens.

 No me importa lo que .. empez Duval, pero se interrumpi al sentir la firme mano de Grant sobre uno de sus hombros.

 Por favor, doctor dijo Grant, no discutamos por esto. Tenemos una misin que cumplir, y no vamos a detenernos, ni a desviarnos, ni a disminuir la marcha por otras cosas. Creo que lo comprender y no insistir sobre ello.

A la incierta y titilante luz reflejada por la arteria, Duval frunci visiblemente el ceo.

 Est bien  dijo, de mala gana . De todos modos, han pasado de largo.

 Una vez hayamos terminado este trabajo, doctor Duval  dijo Cora , se perfeccionarn los mtodos de miniaturizacin y se lograr una duracin indefinida. Entonces podremos realizar una verdadera exploracin.

 S, creo que tiene razn.

Owens anunci:

 Pared arterial a la derecha.

El "Proteus" haba descrito una amplia curva, y la pared pareca encontrarse ahora a unos treinta metros de distancia. El endotelio ambarino y ligeramente acanalado que formaba el revestimiento interior de la arteria, poda verse ahora claramente y con todo detalle.

 Ah! exclam Duval. Cmo podra estudiarse aqu la arteriesclerosis! Se pueden contar las placas.

 Y tambin podran arrancarse, no? pregunt Grant.

 Desde luego. Piense en el futuro. Podra enviarse una embarcacin a travs del sistema arterial obstruido, limpiar las regiones esclerotizadas y despegar, horadar y drenar los conductos. Aunque el tratamiento sera carsimo, naturalmente.

 Tal vez podra hacerse de un modo automtico  dijo Grant, enviando pequeos robots de limpieza a despejar el camino, O acaso podra inyectarse al hombre, durante su primera infancia, un equipo permanente de limpieza... Dios mo! Qu largo es este tnel!

Se haban acercado todava ms a la pared de la arteria, y en sus proximidades la navegacin era ms agitada. Sin embargo, mirando hacia delante, la pared continuaba a lo largo de lo que pareca interminables kilmetros, hasta perderse de vista.

 El sistema circulatorio  dijo Michaels  tendra, contando todos sus vasos y empalmndolos unos a continuacin de otros, una longitud de ciento sesenta mil kilmetros; creo que ya se lo dije hace un rato.

 No est mal dijo Grant.

 Ciento sesenta mil kilmetro a escala no miniaturizada. A nuestra escala actual hizo una pausa para calcular  equivaldran a ms de cuatro trillones y medio de kilmetros, o sea, medio ao luz. Recorrer todos los vasos de Benes, en nuestro estado actual, sera tanto como hacer un viaje hasta una estrella.

Mir aprensivamente a su alrededor. Ni su seguridad hasta aquel momento, ni la belleza de cuanto les rodeaba, parecan haberle consolado mucho.

Grant procur mostrarse animoso.

 Al menos el movimiento de Brown no es muy intenso  dijo.

 No convino Michaels. Y aadi  : No sal muy bien parado cuando, hace un momento, discutimos el movimiento browniano.

 Tampoco Duval en el asunto de las muestras. En realidad, creo que ninguno de nosotros nos sentimos realmente bien.

Michaels trag saliva.

 Duval se mostr muy ingenuo al querer detenerse a recoger muestras.

Movi la cabeza y volvi al mapa que se vea sobre un pupitre junto a la pared. Este mapa, y el punto luminoso y mvil que apareca en l, eran idnticos a la versin ms ampliada del cuarto de control y a la ms reducida de la cabina de Owens.

 Qu velocidad llevamos? pregunt.

 Quince nudos  respondi Owens . A nuestra escala.

 A nuestra escala, naturalmente  dijo Michaels, speramente. Sac una regla de clculo e hizo una rpida operacin . Llegaremos al ramal dentro de dos minutos. Mantngase a la misma distancia de la pared al girar. De este modo se encontrar en el centro del ramal y podr avanzar hasta la red capilar, sin nuevas desviaciones. Est claro?

 Muy claro!

Grant espero, sin dejar de mirar por la ventanilla. Sus ojos tropezaron un instante con el perfil de Cora, pero ni siquiera la curva de su mentn fue capaz de distraer su atencin del paisaje exterior.

Dos minutos? Cunto tiempo sera? Dos minutos, tal como eran perceptibles por ellos en su estado de miniaturizacin? O dos minutos segn el reloj? Volvi la

cabeza en direccin a ste. Marcaba 56, y, mientras lo estaba observando, se borr esta cifra y apareci, muy despacio, el nmero 55.

La nave experiment una brusca sacudida que casi lanz a Grant de su asiento.

 Owens! grit. Qu ha pasado?

 Hemos chocado con algo? pregunt Duval.

Grant se dirigi, tambalendose, a la escalera y trep por ella.

 Alguna avera? pregunt.

 No lo s. Owens tena el rostro contrado por el esfuerzo . El barco no me obedece.

La tensa voz de Michaels lleg hasta ellos:

 Corrija el rumbo, capitn Owens. Nos estamos acercando a la pared.

 Ya... ya lo s jade Owens. Nos hemos metido en una especie de corriente.

 Siga probando  dijo Grant . Haga lo que pueda Baj la escalera v, apovando la espalda en ella para mantener el equilibrio, dijo:

 Cmo puede haber una corriente cruzada? Acaso no seguimos la corriente arterial?

 S  dijo Michaels, rotundamente, pero plido como la cera. No puede haber nada que nos empuje de este modo hacia un lado.  Seal la pared arterial, que estaba ahora mucho ms prxima y segua acercndose  Algo debe de andar mal en los mandos. Si chocamos con tra la pared y la lesionamos, puede formarse un cogulo a nuestro alrededor, donde quedaremos atascados, o bien pueden reaccionar las clulas blancas.

 Pero esto es imposible en un sistema cerrado  dijo Duval. Las leyes de la hidrodinmica...

 Un sistema cerrado?  dijo Michaels, arqueando las cejas. Haciendo un esfuerzo, volvi junto a sus mapas y murmur : Es intil. Necesitara una ampliacin mayor, y aqu es imposible obtenerla. Por el amor de Dios, Owens, mantngase apartado de la pared!

 Lo estoy intentando, maldita sea!  grit Owens  Le digo que hay una corriente contra la que no puede luchar.

 No trate de hacerlo directamente  dijo Grant . Enderece la posicin del buque y procure nicamente que siga paralelo al muro.

Ahora estaban lo bastante cerca de la pared para percibir todos sus detalles. Las fibras de tejido conjuntivo que constituan su principal apoyo eran como armazones, casi como arcadas gticas, de color amarillento y brillantes a causa de una capa de lo que pareca una sustancia grasa.

Las fibras conjuntivas se estiraban y arqueaban, separndose, como si toda la estructura se expandiese, y seguidamente se encoga, para dilatarse de nuevo. Grant no tuvo que preguntarlo para saber que lo que estaba viendo era la pulsacin arterial producida por los latidos del corazn.

Los bandazos de la embarcacin eran cada vez ms violentos. La pared se haba acercado todava ms y tena ahora un aspecto rugoso. Las fibras conjuntivas se haban desprendido en algunos puntos, como si tambin hubieran sufrido los embates de la corriente, pero durante mucho ms tiempo que el "Proteus", y empezaron a ceder a la tensin. Oscilaban como los cables de un puente gigantesco, acercndose a la ventanilla, deslizndose hacia atrs y produciendo destellos amarillos al recibir la luz de los inquietos faros de la proa del buque.

Al ver acercarse una de ellas, Cora lanz un grito de agudo terror.

 Cuidado, Owens! grit Michaels.

 La arteria est lesionada murmur Duval.

Pero la corriente gir alrededor del vivo contrafuerte, arrastrando la embarcacin e inclinndola con tal fuerza que todos se sintieron irremediablemente lanzados contra la pared izquierda de la embarcacin.

Grant, cuyo brazo izquierdo haba sufrido un doloroso golpe, asi a Cora con el otro y logr que la joven se mantuviese en pie. Mirando fijamente frente a l, trataba de descubrir lo que ocultaba la luz centelleante.

 Un remolino!  grit . Ocupen todos sus asientos y abrchense los cinturones.

Todas las partculas, glbulos rojos y dems, parecan virtualmente inmviles al otro lado de la ventanilla, al ser arrastradas por el mismo torbellino, mientras se haca confusa la amarilla estructura de la pared.

Duval y Michaels llegaron con dificultad a sus asientos y empezaron a abrocharse los cinturones.

 Veo una especie de abertura ante nosotros grit Owens.

Grant dijo a Cora, en tono apremiante:

 Vamos, sintese en su butaca.

 Es lo que estoy tratando de hacer  contest jadeante ella.

Desesperadamente, luchando por mantenerse en pie en el inclinado suelo, Grant la empuj hasta la butaca y estir el brazo para asir el cinturn.

Demasiado tarde. El "Proteus" haba sido cogido en pleno torbellino y se alz y empez a girar como una peonza.

Grant, con un movimiento reflejo de la mano, logr agarrarse a una anilla, y estir el otro brazo en direccin a Cora. sta haba cado al suelo. Sus dedos permanecan agarrados a un brazo de su butaca, pugnando intilmente por no soltarse.

No podr aguantar, pens Grant, y se estir desesperadamente para llegar hasta ella. Pero la joven estaba a unos dos palmos fuera de su alcance, y tambin la mano de Grant, aferrada a la anilla, empezaba a ceder al abalanzarse l.

Duval se debata intilmente en su propia butaca; la fuerza centrfuga lo mantena clavado en ella.

 Aguante, Miss Peterson. Tratar de ayudarla.

Con un gran esfuerzo, haba logrado asir su cinturn, mientras Michaels observaba la escena, mirndoles con helada impotencia. Owens, en su cabina, era un ser completamente aparte.

Las piernas de Cora, a efectos de la fuerza centrfuga, se levantaron del suelo.

 No puedo...

Grant, no teniendo otra alternativa, solt la anilla. Se dej resbalar por el suelo, enganch una pierna a la pata de una de las butacas, recibiendo un golpe que la dej insensible, logr asir la misma con el brazo izquierdo y agarr a Cora por la cintura con el derecho, en el momento en que ella soltaba su presa.

El "Proteus" giraba ahora ms de prisa y pareca inclinarse hacia abajo. Grant no poda seguir manteniendo la tirante posicin de su cuerpo, y su pierna se solt de la pata de la silla. Su brazo, magullado y dolorido por el golpe dado contra la pared, acus con un dolor tan agudo la nueva tensin a que se vea sometido que hizo pensar a Grant que lo tena roto. Cora se agarr a su hombro, estrujando desesperadamente la tela del uniforme.

Grant logr farfullar:

 Tiene alguien... alguna idea de lo que pasa?

Duval, que segua luchando intilmente con su cinturn, respondi:

 Es una fstula... Una fstula arteriovenosa.

Haciendo un esfuerzo, Grant levant la cabeza y mir por la ventanilla. La lesionada pared arterial terminaba delante de ellos. Ces el amarillo resplandor y apareci una abertura negra y de bordes irregulares. Extendase hacia arriba y hacia abajo cuanto poda alcanzar su limitada visin, y los glbulos rojos, as como los dems objetos, desaparecan en su interior. Incluso las ocasionales y terrorficas clulas blancas eran absorbidas rpidamente a travs del orificio.

 Slo unos segundos ms  jade Grant . Slo unos pocos segundos..., Cora.

Pero se lo deca a s mismo, a su propio brazo magullado y dolorido.

Una ltima vibracin, que agudiz el dolor de Grant hasta casi hacerle perder el sentido, y la nave pas al otro lado, aquietndose, poco a poco, hasta quedar en calma.

Grant solt la mano y qued tumbado en el suelo, jadeando profundamente. Muy despacio, Cora logr encoger las piernas debajo del cuerpo y ponerse en pie.

Duval se haba soltado el cinturn.

 Cmo se encuentra, Mr. Grant? pregunt, arrodillndose a su lado.

Cora hizo lo mismo, asiendo delicadamente el brazo de Grant y tratando de doblarlo. Grant hizo una mueca de dolor.

 No lo toquen!

 Est roto? pregunt Duval.

 No lo s.

Despaciosamente y con mucho cuidado, prob de doblarlo; despus se asi el bceps izquierdo con la mano derecha y lo apret con fuerza.

 Tal vez no  dijo . Pero, aunque no est roto, pasarn semanas antes de que pueda volver a utilizarlo de esta forma.

Tambin Michaels se haba levantado. Una expresin de inmenso alivio contraa su cara hasta hacerla casi irreconocible.

 Lo hemos logrado. Lo hemos logrado. Todava estamos enteros. Cmo est la nave, Owens?

 Bien, segn creo  respondi Owens . La luz roja no se ha encendido una sola vez en el tablero. El "Proteus" se ha visto sometido a algo mucho ms grave que todo lo previsto, y lo ha aguantado.

Su voz trasluca lo orgulloso que se senta de s mismo y de su embarcacin.

Cora segua tratando de ayudar a Grant, pero sin saber qu hacer. De pronto, dijo, alarmada:

 Est sangrando!

 S? Por dnde?

 Por el costado. Tiene sangre en el uniforme.

 Oh! No es ms que eso? Tuve algunas dificultades en el Otro Lado. Slo ser cuestin de cambiar un aposito. No es nada, de veras. Slo un poco de sangre.

Cora pareca intranquila. Al cabo de un momento, le desabroch la cremallera del uniforme.

 Sintese  dijo . Tenga la bondad de sentarse.

Le pas un brazo por debajo de los hombros y le ayud a incorporarse; despus le baj el uniforme sobre el torso con habilidad nacida de la prctica.

 Yo arreglar esto dijo. Y gracias por lo que ha hecho. Parece estpidamente fuera de lugar, pero, de todos modos, muchas gracias.

Grant respondi:

 Bueno, en otra ocasin lo har usted por m, no? Aydeme a llegar a mi butaca, quiere?

Con la ayuda de Cora por un lado, y de Michaels por el otro, logr ponerse en pie. Duval, despus de dirigirles una mirada, se haba acercado, cojeando, a la ventanilla.

 Bueno, qu ha ocurrido? pregunt Grant.

Michaels le respondi:

 Una fstula arterioven .. Bueno, se lo explicar de otro modo. Haba una conexin anormal entre una arteria y una pequea vena. Es algo que ocurre algunas veces, casi siempre como resultado de un traumatismo fsico. Supongo que Benes se lo producira al sufrir el accidente de automvil. Esto involucra una imperfeccin, una cierta ineficacia; pero, en el caso presente, no tiene ninguna gravedad. Es una lesin microscpica; un remolino diminuto.

 Un remolino diminuto...  Vaya!

 Naturalmente, a nuestra escala miniaturizada equivale a un gigantesco torbellino.

 Y no apareca en su mapa del sistema circulatorio, Michaels? pregunt Grant.

 Hubiera debido aparecer. Probablemente lo habra encontrado en el mapa del buque, si hubiese podido ampliarlo lo bastante. Lo malo fue que dispuse slo de tres horas para el anlisis inicial, y se me escap. No tengo excusa.

Grant dijo:

 Est bien. Slo significa una prdida de tiempo. Trace una nueva ruta, y qae Owens se ponga inmediatamente en marcha. Cmo andamos de tiempo, Owens?

Mientras haca la pregunta, mir automticamente el reloj. Ley: 52, y Owens confirm:

 Cincuenta y dos.

 Nos sobra tiempo  dijo Grant.

Michaels, con el ceo fruncido, contemplaba fijamente a Grant.

Dijo:

 No sobra tiempo, Grant. No ha comprendido usted lo que ha pasado. Estamos derrotados. Hemos fracasado. Ya no podremos llegar al cogulo, comprende ahora? Debemos pedir que nos saquen de aqu.

Cora dijo, horrorizada:

 Pasarn das antes de que la nave pueda ser desminiaturizada de nuevo. Y Benes morir!

 Nada podemos hacer. Ahora nos dirigimos a la vena yugular. No podemos volver atrs a travs de la fstula, porque no podramos vencer la corriente, ni siquiera aprovechando la distole del corazn, es decir, el lapso entre dos latidos. El otro nico camino, o sea, el de la corriente venosa, pasa por el corazn; lo cual sera, evidentemente, un suicidio.

 Est seguro? farfull Grant.

Owens, con voz quebrada y opaca, dijo:

 Michaels tiene razn, Grant. La misin ha fracasado.

CAPITULO X: CORAZON

En el cuarto de control parecieron desencadenarse todas las fuerzas del infierno. El punto que indicaba la posicin de la nave apenas haba cambiado de posicin sobre la pantalla, pero la pauta coordenada haba sido alterada de un modo crtico.

Crter y Reid se volvieron al or la seal de uno de los monitores.

 El "Proteus" ha perdido la ruta, seor  dijo un rostro agitado en la pantalla. Han tomado una va falsa en el Cuadrante 23, Nivel B.

Reid se precipit a la ventanilla que dominaba la sala de los mapas. Naturalmente, nada poda ver a tal distancia, salvo las cabezas inclinadas sobre los mapas y evidentemente concentradas en su observacin.

Crter enrojeci.

 Maldita sea! No me venga con esas monsergas de cuadrantes! Dnde estn?

 En la vena yugular, seor, y se dirigen a la vena cava superior.

 En una vena!  Por un instante, las propias venas de Crter se hincharon desmesuradamente. Y qu diablos estn haciendo en una vena? Reid! tron.

Reid acudi, presuroso.

 S; ya lo he odo.

Cmo han ido a parar a esa vena?

 He ordenado a los hombres del mapa que traten de localizar una fstula arteriovenosa. Son raras y difciles de encontrar.

 Y qu...?

 Es una comunicacin directa entre una pequea arteria y una vena pequea. La sangre pasa directamente de la arteria a la vena y...

 No saban que estaba all?

 Evidentemente, no. Y escuche, Crter...

 Qu?

 A su actual escala, puede haber sido un trance muy apurado. Es posible que no hayan sobrevivido.

Crter se volvi a la ringlera de pantallas de televisin. Puls el botn adecuado.

 Algn mensaje del "Proteus"?

 No, seor  fue la pronta respuesta.

 Bueno, establezca contacto con l. Que digan algo! Y comunquemelo inmediatamente.

Hubo una angustiada espera, durante la cual Crter contuvo la respiracin. Por fin lleg la respuesta:

 El Proteus informa, seor.

 Dios sea loado! murmur Crter. Cul es su mensaje?

 Han pasado por una fstula arteriovenosa, seor. No pueden regresar, ni seguir adelante. Piden autorizacin para ser rescatados, seor.

Crter descarg ambos puos sobre la mesa.

 No! Por mil diablos, no!

 Pero, general, tienen razn  dijo Reid.

Crter levant la cabeza y mir el reloj. Marcaba 51 minutos. Con labios temblorosos, dijo:

 Les quedan cincuenta y un minutos, y permanecern all cincuenta y un minutos. Cuando ese aparato seale cero, los sacaremos. Pero ni un minuto antes, mientras no hayan cumplido su misin.

 Pero es una situacin desesperada, maldita sea! Dios sabe los daos que habr sufrido la nave. Vamos a matar a cinco hombres.

 Posiblemente. Es un riesgo que han de correr y que hemos de correr. Pero siempre constar que no hemos abandonado mientras ha existido la menor probabilidad matemtica de xito.

Los ojos de Reid tenan una expresin helada, e incluso su bigote pareca congelado.

 Usted piensa nicamente en su hoja de servicios, general. Si mueren, seor, declarar que usted los retuvo all contra toda esperanza lgica.

 Tambin correr este riesgo dijo Crter. Y ahora, dgame, como jefe de la seccin mdica: por qu no pueden moverse?

 No pueden volver atrs y cruzar la fstula contra la corriente. Es fsicamente imposible, por muchas rdenes que pueda usted dar. El Ejercito todava no puede controlar el grado de presin de la sangre.

 Por qu no pueden encontrar otra ruta?

 Desde su posicin actual hasta el cogulo, todos los caminos pasan por el corazn. La turbulencia del paso por ste los hara papilla en un instante, y no podemos aventurarnos hasta tal punto.

 Podemos...

 No podemos hacerlo, Crter. Y no slo por las vidas de esa gente, lo cual sera ya razn bastante, sino porque, si la nave es destruida, jams lograremos extraerla en su totalidad, y sus fragmentos, al desminiaturizarse, matarn a Benes. Si sacamos a esos hombres en seguida, podemos intentar operar a Benes desde el exterior.

 Sera intil.

 No tanto como seguir con la actual situacin. Crter reflexion un instante. Despus, con voz pausada, dijo:

 Dgame, coronel Reid: cunto tiempo podramos mantener parado el corazn de Benes, sin causarle la muerte?

Reid le mir con ojos muy abiertos.

 No mucho.

 Ya lo s. Le pido una cifra concreta.

 Pues, dado su estado comatoso, la hipotermia a que est sometido y la condicin en que se encuentra su cerebro, yo dira que no ms de sesenta segundos, como mximo.

 El "Proteus"  dijo Crter  puede cruzar el corazn en menos de sesenta segundos, no?

 Lo ignoro.

 Tendrn que intentarlo. Una vez eliminado lo imposible, no debemos despreciar la menor posibilidad, por arriesgada que sea y por muy dbil que sea la esperanza. Existe alguna dificultad en parar el corazn?

 Ninguna. Puede hacerse con un simple alfiler, como dijo Hamlet. Lo difcil es hacer que vuelva a funcionar.

 Esto, mi querido coronel, ser su problema y su responsabilidad. Mir el reloj, que marcaba 50. Estamos perdiendo el tiempo. Sigamos adelante. Haga intervenir a sus especialistas del corazn, y yo har que den instrucciones a los hombres del "Proteus".

**** ** ****

El "Proteus" tena encendidas las luces interiores. Michaels, Duval y Cora aparecan desgreados, agrupados alrededor de Grant.

ste dijo:

 As est la cosa. En el momento en que nos aproximemos al corazn de Benes, lo detendrn mediante un shock elctrico, y volvern a ponerlo en movimiento en cuanto hayamos pasado.

 Volvern a ponerlo en movimiento!  estall Michaels. Se han vuelto locos? Benes no lo resistir, dada su condicin.

 Sospecho  dijo Grant  que consideran que es sta la nica posibilidad de xito de la misin.

 Si sta es la nica posibilidad, podemos darnos por fracasados.

 Yo tengo cierta experiencia en ciruga cardaca, Michaels  dijo Duval , y puede ser factible. El corazn es mucho ms resistente de lo que pensamos. Owens, cunto tiempo tardaramos en cruzar el corazn?

Owens mir hacia abajo desde su cabina.

 Precisamente lo he estado calculando, Duval. Si no se presenta ningn obstculo, podemos tardar de cincuenta y cinco a cincuenta y siete segundos.

Duval se encogi de hombros.

 Esto nos deja un margen de tres segundos  dijo.

 Entonces  dijo Grant , lo mejor es que sigamos adelante.

 En este mismo instante  dijo Owens  la comente nos arrastra hacia el corazn. Pondr los motores a toda marcha. De todos modos, tena que probarlos. Han sido muy zarandeados.

El amortiguado zumbido del motor adquiri un tono ms agudo y la sensacin de avance domin el dbil e irregular temblor del movimiento de Brown.

 Ser mejor que apaguen las luces  dijo Owens  y tranquilicemos nuestros nervios mientras conduzco esta cascara de nuez.

Apagadas las luces, todos, incluso Michaels, volvieron a la ventanilla,

El paisaje del mundo que los rodeaba haba cambiado completamente. Segua siendo sangre. Segua conteniendo los mismos corpsculos y objetos, los mismos fragmentos y los mismos agregados moleculares, las mismas plaquetas y glbulos rojos; pero era diferente..., diferente...

Se hallaban en la vena cava superior, la vena ms importante procedente de la cabeza y del cuello, y la sangre haba agotado, consumido, toda la provisin de oxgeno. Los glbulos rojos, desprovistos de oxgeno, contenan ahora hemoglobina a secas, no oxihemoglobina, que es una brillante y roja combinacin de hemoglobina y oxgeno. La hemoglobina, a solas, tena un color purpreo azulado, y, al errante reflejo de las ondas de luz miniaturizadas de la nave, cada corpsculo brillaba con destellos azules y verdes, salpicados a menudo de prpura. Todo lo dems adquira el matiz de estos glbulos no oxigenados.

Las plaquetas se deslizaban sombras y, en dos ocasiones, la embarcacin pas a tranquilizadora distancia de una imponente clula blanca, teida ahora de color crema verdoso.

Grant contempl una vez ms, casi con veneracin, el perfil de Cora; su rostro levantado tena ahora un aspecto misterioso, matizado de azul. Era como la reina de hielo de una regin polar iluminada por una aurora verde-azul. pens, quijotescamente, y se sinti de pronto vaco y anhelante.

 Maravilloso!  murmur Duval; pero no era a Cor a quien miraba.

Michaels dijo:

 Est preparado, Owens? Voy a guiarle a travs del corazn.

Se inclin sobre sus mapas, despus de ponerse sobre la cabeza una luz que borr inmediatamente el vago resplandor azul que llenaba de misterio al "Proteus".

Owens! llam. Tome el mapa A-2 del corazn. Aurcula derecha. Lo tiene?

 S; lo tengo.

 Estamos ya en el corazn? pregunt Grant.

 igalo  usted mismo  dijo Michaels, en son de prueba. No mire. Escuche.

Se hizo un silencio absoluto entre los pasajeros Proteus.

Y lo oyeron, como un lejano tronar de artillera. No era ms que una vibracin rtmica del suelo de la nave. lenta y regular, pero que aumentaba constantemente de intensidad. Un golpe apagado, seguido de otro ms apagado an; una pausa, y repeticin de lo mismo, pero ms fuerte, cada vez ms fuerte.

 El corazn! dijo Cora. Es el corazn!

 Exactamente  dijo Michaels,  aunque muy retardado.

 Y no podemos orlo con mucha claridad  dijo Duval, contrariado. Las ondas sonoras son demasiado inmensas en s mismas para afectar nuestro odo. Producen vibraciones secundarias en la embarcacin, pero esto no es lo mismo. En una adecuada exploracin del cuerpo...

 Otro da, doctor  dijo Michaels.

 Suena como un can observ Grant.

 S, pero sus descargas son copiossimas  dijo Michaels; dos mil millones de latidos en setenta aos. O ms.

 Y cada latido  aadi Duval  es una dbil barrera que nos separa de la eternidad, dndonos tiempo para hacer las paces con...

 Estos latidos particulares nos enviarn directamente a la eternidad sin darnos tiempo para nada le interrumpi Michaels. Cllense todos, por favor. Listo, Owens?

 Lo estoy. Al menos, tengo los mandos a mi alcance y el mapa delante de los ojos. Pero, cmo podr encontrar el camino?

 No podramos perdernos aunque quisiramos. Ahora nos hallamos en la vena cava superior, en su punto de unin con la inferior. De acuerdo?

 S.

 Muy bien. Dentro de unos segundos penetraremos en la aurcula derecha, o sea, la primera cmara del corazn..., y entonces lo que tienen que hacer los de arriba es pararlo. Grant, transmita por radio nuestra posicin.

En aquel momento, Grant se hallaba fascinado por el paisaje que tena delante. La vena cava era la mayor del cuerpo, pues recoga en su parte inferior toda la sangre del cuerpo, a excepcin de la de los pulmones. Y, al aproximarse a la aurcula, se haba convertido en una vasta cmara de resonancia cuyas paredes se haban perdido de vista, de manera que el Proteus pareca hallarse en un oscuro e inmenso ocano. Los latidos retumbaban ahora lentos y terribles, y a cada uno de ellos la nave pareca levantarse y retemblar.

Michaels tuvo que llamar a Grant por segunda vez para que ste volviese en s y se dirigiese al transmisor.

 Vlvula tricspide a la vista!  grit Owens.

Los otros miraron hacia delante. Y la vieron en la lejana, al final de un largo, largusimo pasillo. Tres brillantes lminas rojas, que se separaban y se abran, enormes, al alejarse de la nave. Una gran abertura se ensanchaba a medida que las cspides de la vlvula se recogan a su lado respectivo. Ms all, estaba el ventrculo derecho, una de las dos cmaras principales del corazn.

La corriente sangunea penetraba en la cavidad como absorbida por un poderoso movimiento de succin. El "Proteus" avanzaba arrastrado por aqulla, de modo que la abertura se acercaba y aumentaba a tremenda velocidad.

Entonces lleg a odos de los viajeros el tonante estruendo de los ventrculos, principales cmaras musculares del corazn, al contraerse en la sstole. Las hojas de la vlvula tricspide retrocedieron en direccin al barco, cerrndose lentamente, con un contacto hmedo y pegajoso, y formando una pared vertical surcada por una estra que se parti en dos en la parte superior.

Al otro lado de la cerrada vlvula se hallaba el ventrculo derecho. Al contraerse ste, la sangre no poda volver a la aurcula, sino que se vea impulsada hacia y a travs de la arteria pulmonar.

 Dicen que el prximo ser el ltimo latido  dijo Grant, a gritos, para hacerse or en aquel estruendo.

 Dios lo quiera  dijo Michaels , o ser el ltimo que demos nosotros. Owens! En el momento en que vuelva a abrirse la vlvula, ponga los motores a toda velocidad.

Grant advirti ahora en su rostro una expresin firme y resuelta; todo su miedo haba desaparecido.

**** ** ****

Los detectores de radiactividad colocados sobre la cabeza y el cuello de Benes haban sido trasladados encima de su pecho, a una regin de la que se haba separado la manta trmica. Los mapas del sistema circulatorio que se vean en la pared mostraban ahora una ampliacin de la regin cardaca y, de ella, slo la aurcula derecha. El punto luminoso que sealaba la posicin del "Proteus" haba pasado suavemente de la vena cava a la poco musculosa aurcula, la cual se haba dilatado al entrar aqul y contrado despus.

La nave haba cruzado casi de un salto toda la extensin de la aurcula, en direccin a la vlvula tricspide, la cual se cerr cuando aqulla llegaba a su umbral. Cada latido del corazn era captado por un registro osciloscpico, el cual lo traduca en un rayo electrnico ondulante que era minuciosamente observado.

El aparato de electroshock estaba en posicin, con los electrodos sobre el pecho de Benes.

Se inici el ltimo latido. El rayo electrnico del osciloscopio empez a moverse hacia arriba. El ventrculo se dilataba para absorber la sangre, abriendo la vlvula tricspide.

 Ahora!  grit el tcnico a cargo del indicador cardaco.

Los electrodos tocaron el pecho, la aguja de uno de los manmetros salt inmediatamente a la seal roja y un timbre son con insistencia. Inmediatamente despus, se hizo el silencio. La onda del osciloscopio se desvaneci.

El mensaje lleg al cuarto de control con toda su sencillez: Corazn parado.

Crter puls el resorte del cronmetro que tena en la mano, y el segundero empez a moverse con insoportable rapidez.

**** ** ****

Cinco pares de ojos se fijaron en la vlvula tricspide. La mano de Owens estaba presta para la aceleracin. El ventrculo se relajaba, y la vlvula semilunar, situada al extremo de la arteria pulmonar, deba de estar cerrndose. Ninguna sangre poda volver al ventrculo desde la arteria; la vlvula cuidara de esto. El ruido que produca al cerrarse llen el ambiente de una vibracin intolerable.

Como el ventrculo segua dilatndose, la sangre tena que entrar en l desde otra direccin, o sea, desde la aurcula derecha. La vlvula tricspide empez a abrirse de nuevo.

La enorme estra de la pared comenz a ensancharse, a formar primero un pasadizo; despus, un corredor ms amplio, y, por ltimo, una vasta abertura.

 Ahora!  grit Michaels . Ahora! Ahora!

Sus palabras se perdieron en el trueno del latido y en el creciente zumbido de los motores. El "Proteus" sali disparado hacia delante, cruz la abertura y penetr en el ventrculo. Normalmente, el ventrculo hubiera debido contraerse en pocos segundos; entonces, en la turbulencia que haba de seguir, la nave hubiera sido aplastada como una caja de cerillas, y todos habran muerto..., y Benes morira tres cuartos de hora ms tarde.

Grant contuvo la respiracin. Se fue acallando el ruido de la distole, y despus... nada!

Se haba hecho un silencio absoluto.

 Djeme ver!  grit Duval.

Trep escalera arriba y asom la cabeza a la cabina de cristal, nico lugar de la nave desde el cual poda verse claramente lo que quedaba a popa.

 El corazn se ha parado  grit . Vengan y vern!

Cora ocup su sitio, y, despus, Grant.

La vlvula  tricspide haba  quedado entreabierta e inmvil. En su superficie interna, se vean las poderosas fibras conjuntivas que la sujetaban a la cara interna del ventrculo; unas fibras que empujaban las hojas de la vlvula cuando el ventrculo se relajaba y que las mantena firmemente en su sitio cuando se unan por la contraccin del ventrculo, evitando que volvieran a abrirse en la otra direccin.

 Maravillosa arquitectura  dijo Duval . Sera magnfico ver cerrarse la vlvula desde este lado.

 Si lo viese, doctor  dijo Michaels , sera lo ltimo que vera en este mundo. Rumbo a la izquierda, Owens, en direccin a la vlvula semilunar, y a toda marcha. Nos quedan treinta segundos para salir de esta ratoera mortal.

Si era una ratonera mortal e indudablemente lo era, haba que confesar que era tan maravillosa como sombra. Las paredes estaban surcadas por poderosas fibras, que se dividan en ramas firmemente sujetas a los distantes muros. Era como si viesen desde lejos un gigantesco bosque de rboles nudosos y sin hojas, retorcidos y entrecruzados en una compleja estructura que fortaleca y daba firmeza al msculo ms vital del cuerpo humano.

Este msculo, el corazn, era una bomba aspirante impelente que tena que latir desde mucho antes del nacimiento hasta el instante anterior a la muerte, y que tena que hacerlo con ritmo continuo, con fuerza constante, en todas las condiciones. Era el corazn ms grande de todo el reino animal. Ningn otro mamfero posea un corazn que latiese ms de mil millones de veces antes de la muerte que ms se demorase; en cambio, el ser humano, despus del primer millar de millones de latidos, no era ms que un hombre en el comienzo de su madurez y en la plenitud de su fuerza. Muchos varones y hembras llegaban a rebasar ampliamente los tres mil millones de latidos.

La voz de Owens rompi el silencio:

 Slo nos quedan diecinueve segundos, doctor Michaels. Y no veo seales de la vlvula.

 Adelante, maldita sea!  Seguimos el buen rumbo. Ojal la encontremos abierta! Grant exclam, excitado:

 All est! No es aqullo? Aquella abertura?

Michaels levant la cabeza del mapa y ech una mirada furiosa.

 S; lo es. Y est parcialmente abierta; lo bastante para nosotros. La sstole estaba a punto de empezar cuando fue parado el corazn. Ahora apritense bien los cinturones. Cruzaremos esa abertura, pero el latido vendr inmediatamente despus, y cuando llegue...

 Si llega  dijo Owens en voz baja.

 Cuando llegue repiti Michaels, la embestida de la sangre ser terrible. Conviene que nos hayamos alejado lo ms posible.

Con desesperada resolucin, Owens lanz la nave en direccin a la angosta abertura que se vea en el centro de la grieta en forma de media luna (de ah su nombre de semilunar) que formaba la vlvula cerrada.

**** ** ****

En la sala de operaciones reinaba un tenso silencio. El equipo quirrgico, inclinado sobre Benes, permaneca tan inmvil como ste. El cuerpo fro de Benes y su corazn parado hacan sentir a todos los presentes el hlito de la muerte. Slo los inquietos aparatos registradores de la radiactividad seguan dando seales de vida.

En el cuarto de control, Reid dijo:

 Hasta este momento, estn a salvo. Han cruzado la vlvula tricspide y siguen un rumbo en arco que apunta a la vlvula semilunar. Su velocidad es continua y rpida.

 S  dijo Crter, consultando ansiosamente el reloj . Les quedan veinticuatro segundos.

 Casi han llegado all.

 Faltan quince segundos  dijo Crter, inexorable.

Los cirujanos del corazn y el aparato de electroshock ocuparon sus posiciones.

 Se encaminan directamente a la vlvula semilunar.

 Quedan seis segundos. Cinco. Cuatro...

 Ahora la estn cruzando.

Mientras hablaba, son un timbre, agorero como la muerte.

 Reanimen el corazn!  tron uno de los altavoces, y un dedo oprimi un botn rojo.

Un acelerador entr en accin, y la rtmica fuente de energa se reflej en la adecuada pantalla, en forma de un rayo de luz pulstil.

El osciloscopio que registraba los latidos permaneci inmvil. Se aument la potencia del acelerador, mientras todos los ojos observaban con ansiedad.

 Tiene que reanimarse! dijo Crter, con todo el cuerpo en tensin e inclinado hacia delante en un impulso de simpata muscular.

**** ** ****

El "Proteus" penetr en la abertura, que pareca semejante a un par de labios abiertos y combados en una gigantesca sonrisa. Roz un instante las speras membranas superior e inferior, y retrocedi momentneamente, mientras se agudizaba el ronquido del motor en su intento de librar el barco de aquella presa pegajosa... Y pas.

 Hemos salido del ventrculo  dijo Michaels, frotndose la frente y mirndose despus la mano humedecida y entrado en la arteria pulmonar. Siga a toda velocidad, Owens. Los latidos deben recomenzar dentro de tres segundos.

Owens mir hacia atrs. Era el nico que poda hacerlo, pues los dems estaban sujetos a sus asientos y slo podan mirar hacia delante.

La vlvula semilunar iba quedando atrs, cerrada todava, tensos los puntos de sujecin de sus fibras destinadas a abrirla. Menguaba ms y ms, a medida que aumentaba la distancia, y segua sin abrirse.

 El latido no llega dijo Owens. No... Esperen, esperen... Ah viene!

Las dos hojas de la vlvula empezaban a distenderse; los soportes fibrosos retrocedan y sus tensas races comenzaban a aflojarse.

Se abri la abertura y el torrente de sangre fluy, persiguindoles, con el estruendoso impulso de la sstole.

La oleada de sangre se ech sobre el "Proteus", proyectndolo hacia delante a una velocidad fantstica.

CAPITULO XI: CAPILARES

El primer latido del corazn rompi el ensalmo del cuarto de control. Crter levant ambas manos y las agit en muda accin de gracias a los dioses.

 Lo hemos logrado, por mil diablos! Los hemos hecho pasar!

Reid asinti con la cabeza.

 Esta vez ha ganado usted, general. Yo no habra tenido valor para mandarlos a travs del corazn.

Crter tena los ojos inyectados en sangre.

 Yo no tuve valor para no mandarlos. Si ahora pueden resistir la corriente arterial... Su voz son en el transmisor. Pnganse en contacto con el "Proteus" en el momento en que disminuya su velocidad.

 Han vuelto al sistema arterial  dijo Reid , pero ya sabe usted que no se encaminan al cerebro. Practicamos la inyeccin en una de las principales arterias que van del ventrculo izquierdo al cerebro. En cambio, la arteria pulmonar lleva del ventrculo derecho... a los pulmones.

 Ya lo s. Significa un retraso dijo Crter. Pero todava tendremos tiempo.

Y seal el reloj, que indicaba 48.

 Est bien, pero conviene que nos concentremos en el centro de la respiracin.

Puls el correspondiente botn y apareci en el monitor el interior del centro de control de la respiracin.

 Cul es el ritmo de la respiracin? pregunt.

 Lo hemos rebajado a seis por minuto, coronel. Por un momento, pens que fracasaramos.

 Tambin yo. Mantngalo as. Y ahora tendr que preocuparse de la embarcacin. Entrar en su sector dentro de un instante.

 Mensaje del "Proteus" dijo otra voz. TODO BIEN. Pero... dice algo ms, seor. Quiere que se lo lea?

 Naturalmente  gru Crter.

 Bien,  seor.  Dice:   QUISIERA  QUE  USTED  ESTUVIERA AQU Y YO ESTUVIERA ALL.

 Bueno  respondi Crter , dgale a Grant que yo quisiera que l... No; no le diga nada. Olvdelo.

**** ** ****

El final del latido haba imprimido al torrente sanguneo una velocidad tolerable, y el "Proteus" avanzaba de nuevo suavemente; con suavidad bastante para que volviera a percibirse el dbil e irregular movimiento de Brown.

Grant dio la bienvenida a esta sensacin, pues slo poda experimentarse en los momentos de tranquilidad, que eran precisamente los que l anhelaba

Se haban quitado de nuevo los cinturones, y Grant pens, al mirar por la ventanilla, que el paisaje era muy parecido al de la vena yugular. Los mismos corpsculos de un azul verdoso y violeta dominaban la escena. Tal vez las lejanas paredes eran ms rugosas y tenan las estras inclinadas en la direccin de la corriente.

Pasaron por delante de una abertura.

 sta no  dijo Michaels, sentado a su mesa, donde se concentraba en el estudio de sus mapas. Puede seguir mis indicaciones desde ah, Owens?

 S, doctor.

 Est bien. Cuente las desviaciones a medida que se las vaya indicando y tuerza despus a la derecha. Est claro?

Grant observ las subdivisiones que se iban sucediendo con creciente rapidez, a derecha e izquierda, hacia arriba y hacia abajo, mientras el canal por el que discurran se iba estrechando, permitiendo ver las paredes con mayor claridad y cada vez ms pximas.

 Me fastidiara mucho perderme en esta red de carreteras dijo Grant, pensativo.

 No podemos perdernos  dijo Duval . En esta parte del cuerpo, todos los caminos conducen a los pulmones.

La voz de Michaels tena una creciente monotona:

 Ahora, arriba y a la derecha, Owens. Siga en lnea recta y tuerza por la cuarta a la izquierda.

 Espero que no haya ms fstulas arteriovenosas, Michaels  dijo Grant.

Michaels movi la cabeza con impaciencia, demasiado absorto en su trabajo para responderle.

 No es probable dijo Duval. Tropezar accidentalmente con dos de ellas sera demasiada casualidad. Adems, nos estamos acercando a los capilares.

La velocidad del torrente sanguneo haba disminuido notablemente y, con ella, la del "Proteus".

- El vaso sanguneo se est estrechando, doctor Michaels  dijo Owens.

 Es natural. Los capilares son los vasos ms finos; su tamao es microscpico. Siga adelante, Owens.

A la luz del faro de proa pudimos ver que las paredes, al estrecharse, haban perdido sus pliegues y grietas y eran cada vez ms lisas. Su tono amarillo se convirti en crema y acab siendo totalmente incoloro.

Tomaron el aspecto inconfundible de un mosaico, formado por curvos polgonos, cada uno de ellos provisto de una zona ligeramente ms gruesa en el centro.

 Qu hermosura!  dijo Cora . Pueden verse las clulas individuales de la pared capilar. Mire, Grant. Y, como si recordara algo de pronto. Cmo sigue su costado?

 Bien. Muy bien, en serio. Su vendaje fue muy eficaz, Cora. Somos todava lo bastante amigos para que la llame Cora?

 Supongo que sera bastante ingrato por mi parte el oponerme.

 Y tambin intil,

 Cmo est su brazo?

Grant se lo toc, con mucho cuidado.

 Me duele horriblemente.

 Lo siento.

 No lo sienta. Slo..., cuando llegue el momento..., mustreme toda su gratitud.

Cora frunci ligeramente los labios, y Grant se apresur a aadir:

 No es ms que una manera de animarme. Y usted, cmo se siente?

 Totalmente recuperada. Un poco de rigidez en el costado, pero no es gran cosa. Y no estoy enfadada. Pero esccheme, Grant.

 Siempre escucho cuando usted habla, Cora.

 Los vendajes no son el ltimo descubrimiento mdico, sabe? y estn muv lejos de ser la panacea universal. Ha hecho algo para evitar la infeccin?

 Me puse un poco de yodo.

 Bueno, se har visitar por un mdico, cuando salgamos de aqu?

 Por Duval?

 Ya sabe a quin me refiero.

 Est bien, lo har  diio Grant.

Se volvi para mirar el mosaico de clulas. El "Proteus" avanzaba ahora ms despacio a lo largo del capilar. A la luz del faro de proa, podan verse unas formas oscuras a travs de las clulas.

 La pared parece translcida  dijo Grant.

 Es natural  dijo Duval . Esas paredes tienen un grosor de menos de una diezmilsima de pulgada. Y tambin son muy porosas. La vida depende del material que cruza esas paredes y las igualmente finas de los alvolos.

 Los... qu?

Mir un momento a Duval, pero fue en vano. El cirujano pareca ms interesado en lo que vea que en la pregunta de Grant. Cora se apresur a llenar su omisin.

 El aire  dijo  penetra en los pulmones por la trquea; ya sabe usted lo que es: el gaznate. ste se divide, lo mismo que los vasos sanguneos, en conductos cada vez ms pequeos, hasta que al fin alcanzan las cmaras microscpicas de los pulmones, donde el aire que entra se encuentra separado del interior del cuerpo nicamente por una fina membrana, tan fina como la de los capilares. Estas cmaras son los alvolos. Hay unos seiscientos millones de ellas en los pulmones.

 Complicado mecanismo.

 Y maravilloso. El oxgeno se filtra a travs de la membrana alveolar y tambin de la membrana capilar. Pasa al torrente sanguneo, donde, antes de que pueda volver atrs, los glbulos rojos se apoderan de l. Al mismo tiempo, los desperdicios de anhdrido carbnico se filtran en direccin contraria, pasando de la sangre a los pulmones. El doctor Duval est esperando que esto ocurra. Por esto no le contest.

 Huelgan las excusas. S lo que es absorberse en una cosa que excluye todas las dems.  Sonri ampliamente . Y s tambin que lo que absorbe la atencin del doctor Duval es muy diferente de lo que absorbe la ma.

Cora pareci un poco molesta, pero un grito de Owens ataj su rplica.

 Frente a nosotros! grit. Miren lo que viene!

Todos los ojos miraron al frente. Un corpsculo azul verdoso saltaba delante de ellos, rozando suavemente las paredes del capilar. Sus bordes adquiran un tono pajizo que se extenda a su interior, hasta que hubo desaparecido toda su tonalidad oscura.

Otros cospsculos de color azul verdoso que corran delante de ellos sufrieron la misma transformacin. Los faros iluminaban ahora un paisaje de color pajizo que, a lo lejos, tomaba un tono rojo anaranjado.

 Lo est viendo?  dijo Cora, entusiasmada . Al absorber el oxgeno, la hemoglobina se transforma en oxihemoglobina, y la sangre cobra un color rojo brillante. Ahora ser llevada de nuevo al ventrculo izquierdo del corazn, y la sangre rica, oxigenada, ser impulsada a todo el cuerpo.

 Quiere decir que tendremos que volver a pasar por el corazn?  dijo Grant, sbitamente alarmado.

 Oh, no! respondi Cora. Ahora que estamos en el sistema capilar, podemos tomar un atajo.

Sin embargo, no pareca muy segura.

 Fjense qu maravilla  dijo Duval . Fjense en las maravillas que hace Dios.

 No es ms que un intercambio de gases  dijo Michaels, secamente. Un proceso mecnico elaborado por las fuerzas de la evolucin durante un perodo de ms de tres mil millones de aos.

Duval se volvi, irritado.

 Sostiene usted que esto es accidental? Que este maravilloso mecanismo, elevado a la perfeccin en millares de aspectos y funcionando con una seguridad absoluta, no es ms que el producto de casuales colisiones de tomos?

 S; esto es exactamente lo que quera decir  afirm Michaels.

En aquel momento, los dos hombres, que se enfrentaban con aire beligerante, levantaron vivamente la cabeza ante el sbito y ronco sonido de un zumbador.

 Qu diablos...? dijo Owens.

Puls desesperadamente un interruptor, pero la aguja de uno de sus manmetros sigui bajando rpidamente hacia una lnea roja horizontal. Hizo callar el zumbador y grit:

 Grant!

 Qu pasa?

 Algo anda mal. Consulte el manual, que est ah encima.

Grant sigui la direccin que le indicaba el dedo de Owens, movindose con rapidez y seguido por Cora.

 Hay una aguja en la zona roja de peligro  dijo , debajo de algo que lleva la indicacin de Tanque izquierdo. Sin duda el tanque izquierdo est perdiendo presin.

Owens gru y mir hacia atrs.

 Y de qu manera! Estamos lanzando aire en el torrente sanguneo. Suba, Grant. De prisa! dijo, desabrochndose el cinturn.

Grant se dirigi a la escalera y se apart lo ms que pudo para que Owens pudiera bajar.

Cora pudo descubrir las burbujas al mirar por la estrecha ventanilla de popa.

 Burbujas de aire en el torrente sanguneo pueden ser fatales...  dijo.

 sas, no  se apresur a responder Duval . A nuestra escala miniaturizada, producimos burbujas demasiado pequeas para que puedan causar dao.

 No les preocupa el peligro que pueda correr Benes  dijo Michaels, con voz lgubre . Somos nosotros los que necesitamos el aire.

Owens grit a Grant, que se estaba sentando en la cabina de mandos:

 De momento, mantngalo todo como est; pero preste atencin al tablero, por si aparece alguna seal roja.

 Y, al pasar junto a Michaels, le dijo : Se habr agarrotado una vlvula; no se me ocurre otra explicacin.

Se dirigi a popa y levant una plancha, haciendo palanca en uno de sus extremos con una pequea herramienta que se haba sacado del bolsillo del uniforme. Apareci una maraa de hilos y cortacircuitos extraordinariamente complicada.

Los hbiles dedos de Owens los resiguieron velozmente, comprobndolos y eliminndolos con una seguridad y una presteza que slo poda tener el que haba diseado la nave. Puls un interruptor, lo abri y dej que se cerrara de golpe. Despus se dirigi a proa y examin los controles auxiliares situados debajo de las ventanillas.

 Debi de producirse alguna avera exterior cuando rozamos la pared de la arteria pulmonar o cuando recibimos el embate de la corriente arterial.

 Funcionar la vlvula? pregunt Michaels.

 S. Supongo que qued un poco desequilibrada, y, cuando algo la abri hace un momento, tal vez uno de los impulsos del movimiento de Brown, no volvi a cerrarse. Ya la he arreglado, y no volver a causarnos molestias. Pero...

 Pero qu? dijo Grant.

 Creo que esto lo ha echado todo a perder. No tenemos aire bastante para terminar el viaje. Si ste fuese un submarino normal, dira que tenemos que subir a la superficie para renovar la provisin de aire.

 Entonces, qu hemos de hacer?  pregunt Cora.

 Salir. No tenemos ms remedio. Debemos pedir que nos saquen de aqu inmediatamente; en otro caso, dentro de diez minutos ser imposible manejar la embarcacin y nos asfixiaremos al cabo de otros cinco.

Se dirigi a la escalera.

 Volver a tomar el mando, Grant. Vaya usted al transmisor y deles la noticia.

 Espere. No llevamos reserva de aire?  pregunt Grant.

 La llevbamos. Ahora se ha escapado toda. En realidad, cuando el aire se desminiaturice, tendr un volumen mucho mayor que el propio Benes. Y le matar.

 No  dijo Michaels . Las molculas miniaturizadas del aire que hemos perdido pasarn a travs de los tejidos y saldrn al exterior. Quedar una cantidad nfima en el cuerpo en el momento en que empiece la desminiaturizacin. Sin embargo, creo que Owens tiene razn. No podemos seguir adelante.

Pero, espere... dijo Grant. Por qu no podemos emerger?

 Ya le he dicho... empez Owens, impaciente.

 No me refiero a salir de aqu, sino a emerger realmente. Aqu. Aqu mismo. Estamos viendo a los glbulos rojos aprovisionndose de oxgeno. Por qu no podemos hacer lo mismo? Slo dos dbiles membranas nos separan de un ocano de aire. Vayamos a buscarlo.

 Grant tiene razn  dijo Cora.

 No, no la tiene replic Owens. Cmo se imaginan que somos? Hemos sido miniaturizados y nuestros pulmones tienen el tamao de un fragmento de bacteria. Al otro lado de esas membranas, el aire est sin miniaturizar. Cada una de sus molculas de oxgeno sera casi perceptible a simple vista. Maldita sea! Creen que podramos respirarlo?

Grant pareci anonadado.

 Pero...

 No podemos esperar, Grant. Tendr que ponerse al habla con el cuarto de control.

 Todava no dijo Grant. No dijo usted que esta nave haba sido proyectada en un principio para investigar en las profundidades? Cul deba ser su funcin, debajo del agua?

 Confibamos en poder miniaturizar eiemplares subrnarinos para llevarlos a la superficie y poder estudiarlos despus cmodamente.

 En tal caso, debemos llevar un equipo de miniaturizacin a bordo. O acaso lo suprimi la noche pasada?

 Lo tenemos, claro est. Pero es muv pequeo.

 Para qu lo necesitamos mavor? Si invectamos aire en el miniaturizador, podemos reducir el tamao de sus molculas v conducirlas a nuestros tanques de aire.

 No tenemos tiempo para esto  terci Michaels.

 Si el tiempo se agota, pediremos que nos saquen. Mientras tanto, podemos probar. Supongo que tendremos un "snorkel" a bordo, verdad, Owens?

 S.

Owens pareca completamente aturrullado por las rpidas v apremiantes palabras de Grant.

 Y que podramos hacer pasar el "snorkel" a travs de las paredes del capilar y del pulmn sin perjudicar a Benes. no es cierto?

 Dado nuestro tamao actual, estoy seguro de que podramos hacerlo dijo Duval.

 Muv bien. Se trata, pues, de conectar el pulmn con el miniaturizador por medio del "snorkel", y de montar un tubo desde el miniaturizador a la cmara de reserva de aire. Podra improvisar un sistema para hacerlo?

Owens reflexion un momento, pareci sbitamente animado con el provecto y dijo:

 S; creo que s.

 Cuando Benes haga una inspiracin, la presin ser suficiente para llenar nuestros tanques. Recuerden que la distorsin del tiempo har que los pocos minutos de que disponemos parezcan mucho ms largos que a la escala natural. Sea como fuere, tenemos que probar.

 Estoy de acuerdo  dijo Duval . Tenemos que probar. Cueste lo que cueste. E inmediatamente!

 Gracias por su apoyo, doctor  dijo Grant.

Duval asinti con la cabeza, y dijo a continuacin:

 Ms an: ya que vamos a intentarlo, no debemos confiar el trabajo a un hombre solo. Conviene que Owens permanezca al cuidado de los mandos; pero yo voy a salir con Grant.

 Ah!  dijo Michaels . Me estaba preguntando lo que se propona usted. Ahora lo comprendo. Quiere aprovechar la oportunidad de explorar a campo abierto.

Duval enrojeci, y Grant se apresur a intervenir:

 Sean cuales fueren los motivos, la sugerencia es buena. En realidad, lo mejor es que salgamos todos. A excepcin de Owens, naturalmente. Supongo que el "snorkel" estar a popa, no?

 En el compartimiento que sirve de almacn  dijo Owens, que haba vuelto a la cabina de mando y miraba ahora fijamente hacia delante. Si ha visto alguna vez un snorkel, no puede confundirse.

Grant se dirigi a toda prisa al compartimiento, vio inmediatamente el "snorkel" y se dispuso a coger el equipo de inmersin.

De pronto, se detuvo, horrorizado, y exclam:

Cora!

sta acudi al momento.

 Qu ocurre?

Grant procur contenerse. Era la primera vez que miraba a la joven sin pensar en su belleza fsica. En aquel instante, senta nicamente una enorme angustia. Seal algo y dijo:

 Mire eso!

Ella mir y palideci intensamente.

 No lo comprendo  dijo.

El lser, colocado encima de la mesa de trabajo, oscilaba colgado de un gancho, sin su cubierta de plstico.

 Olvid asegurarlo? pregunt Grant.

Cora movi enrgicamente la cabeza.

 Lo hice! Lo hice! Puedo jurarlo. Sabe Dios que...

 Entonces, cmo es posible...?

 No lo s. Cmo podra explicarlo?

Duval estaba ahora detrs de ella, entornados los prpados y duro el semblante.

 Qu le ha ocurrido al lser, Miss Peterson?

Cora se volvi a su nuevo inquisidor.

 No lo s. Por qu me lo preguntan a m? Voy a probarlo ahora mismo. Comprobar...

 No! rugi Grant. Djelo y asegrese nicamente de que no reciba ms golpes. Antes que nada, tenemos que conseguir nuestro oxgeno.

Empez a distribuir los equipos de inmersin.

Owens haba bajado de la cabina.

 He fijado la nave en su sitio  dijo . De todos modos, no podra desplazarse por s sola en el capilar... Dios mo! El lser...!

 No empiece usted ahora!  chill Cora, echndose a llorar.

 Vamos, Cora  dijo Michaels, con voz grave , no empeore la situacin perdiendo el dominio de sus nervios. Ms tarde estudiaremos esto con todo detenimiento. Se habr soltado cuando nos pill el remolino. Ha sido un accidente.

 Capitn Owens  dijo Grant , conecte este extremo del "snorkel" con el miniaturizador. Mientras tanto, nos pondremos los trajes de inmersin, y espero que alguien me dir cmo he de ponerme el mo. Es la primera vez que lo intento.

**** ** ****

 Se han parado? dijo Reid. Est usted seguro?

 S, seor  dijo la voz del tcnico . Se encuentran junto al borde externo del pulmn derecho, y no se aprecia el menor movimiento.

Reid se volvi a Crter.

 No lo comprendo.

Crter interrumpi un momento su agitado paseo y seal el cronmetro, que marcaba 42.

 Hemos consumido ms de la cuarta parte del tiempo disponible, y estamos ms lejos del maldito cogulo que en el momento de empezar. Ya tendran que estar fuera.

 Cualquiera dira  observ Reid framente  que pesa una maldicin sobre nuestro trabajo.

 Pero yo no pierdo los estribos, coronel.

 Tampoco yo. Pero, quiere decirme lo que he de sentir para complacerle?

 De momento, averigemos la causa de la detencin.  Hizo la conexin adecuada, y dijo : Comuniquen con el "Proteus".

 Supongo dijo Reid, que habrn tropezado con alguna dificultad de tipo mecnico.

 Lo supone! exclam Crter, en tono sarcstico . Efectivamente, no creo que se hayan detenido para tomar un bao.

CAPITULO XII: PULMON

Los cuatro expedicionarios: Michaels, Duval, Cora y Grant, se haban puesto ya sus trajes de inmersin; ajustados, cmodos y de un blanco antisptico. Todos ellos llevaban bombonas de oxgeno sujetas a la espalda, una linterna sobre la frente, aletas en los pies y un transmisor y un receptor de radio sobre la boca y el odo, respectivamente.

 Esto es una manera de bucear  dijo Michaels, colocndose el casco , y yo no he buceado en mi vida. Tener que hacer el primer ensayo en el sistema sanguneo de una persona...

La radio de la nave son con insistencia.

 No debera contestar? pregunt Michaels.

 Y entablar conversacin con ellos? dijo Grant, con impaciencia . Ya tendremos tiempo de charlar cuando hayamos terminado con esto. Por favor, aydeme.

Cora le ayud a ponerse el casco con visera de plstico y lo cerr debidamente.

La voz de Grant lleg al odo de ella, a la manera ligeramente cambiada con que suele sonar en un aparato de radio:

 Gracias, Cora.

Ella hizo un movimiento de cabeza, todava dolida.

Salieron uno a uno por la escotilla de emergencia. La expulsin del plasma sanguneo de la cmara obligaba, a cada salida, a gastar un aire precioso.

Grant se encontr chapaleando en un fluido todava ms turbio que el agua removida que suele encontrarse en las playas. Estaba lleno de restos flotantes, copos y fragmentos de materia. El "Proteus" ocupaba la mitad de la anchura del capilar, y los glbulos rojos se deslizaban junto a sus costados. De vez en cuando, pasaban ms holgadamente pequeas plaquetas.

 Si las plaquetas se rompen al chocar con el "Proteus"  dijo Grant, inquieto , puede formarse un cogulo.

 Es posible  respondi Duval , pero, tratndose de un capilar, no sera peligroso.

Podan ver a Owens dentro de la nave. Levant la cabeza y mostr un rostro lleno de ansiedad. Movi aqulla y agit la mano sin ningn entusiasmo, tratando de inclinarse y de volverse a fin de permanecer visible entre el desfile de infinitos glbulos. Se puso el casco de su propio traje de inmersin y habl por el micrfono.

 Creo que lo tengo todo dispuesto. Al menos, he hecho todo lo posible. Puedo soltar el "snorkel"?

 Adelante  dijo Grant.

El aparato asom por la escotilla especial, como una cobra que saliese de la cesta de un faquir al son de la flauta.

Grant lo agarr.

 Diablos! exclam Michaels, en una especie de susurro. Y aadi, en voz ms alta y en un tono que pareca lleno de pesar : Fjense en lo estrecho que es el taladro de este "snorkel". Parece tener el dimetro del brazo de un hombre; pero, qu dimetro tiene el brazo de un hombre, a nuestra escala actual?

Grant no contest a la pregunta. Haba sujetado fuertemente el "snorkel" y lo empujaba en direccin a la pared del capilar, olvidando el dolor de su bceps izquierdo.

 Cjalo, por favor  dijo , y aydeme a tirar de l.

 Es intil  dijo Michaels . No lo comprende? Tena que haberlo pensado antes. El aire no pasar a travs de este aparato.

 Qu?

 No con la necesaria rapidez. Las molculas de aire sin miniaturizar son enormes en comparacin con la abertura del "snorkel". Cree que el aire podr pasar a travs de un tubo tan fino que apenas sera visible al microscopio?

 Hay que contar con la presin de los pulmones.

 Y qu? Ha observado cmo se deshincha lentamente un neumtico de automvil? El orificio de la cmara no puede ser nunca ms pequeo que ste, y est sometido a una presin mucho ms alta que la que puede producir el pulmn; y, sin embargo, el aire se pierde muy despacio. Michaels hizo una triste mueca. Lstima que no se me ocurriese pensarlo antes.

 Owens! rugi Grant.

 Le oigo. No hace falta que me rompa el tmpano.

 No importa que me oiga a m. Ha odo lo que ha dicho Michaels?

 S.

 Tiene razn en lo que dice? De todos nosotros, es usted quien ms entiende de miniaturizacin. Est en lo cierto?

 Pues... s y no dijo Owens.

 Qu quiere decir con esto?

 Quiero decir que, efectivamente, el aire pasara muy despacio por el "snorkel", si no fuese miniaturizado; pero si logramos miniaturizarlo, no habr problema. Puedo extender el campo a travs del "snorkel" y miniaturizar el aire antes de que penetre en l, y absorberlo mediante...

 Y no nos afectar esta extensin del campo? inquiri Michaels.

 No; lo fijar para un mximo de miniaturizacin inferior al que alcanzamos nosotros.

 Y qu pasar con la sangre circundante y con los tejidos del pulmn? pregunt Duval.

 La selectividad del campo tiene sus lmites concedi Owens  y slo dispongo de un miniaturizador muy pequeo; mas puedo limitarlo a los cuerpos gaseosos, es decir, a sustancias de poca densidad. Sin embargo, puede producirse alguna lesin. Slo nos cabe esperar que no sea importante.

 Tenemos que correr el riesgo  dijo Grant . Adelante. No podemos perder el tiempo en palabras.

Sujeto por cuatro pares de brazos e impulsado por cuatro pares de piernas, el "snorkel" lleg a la pared del capilar.

Grant vacil un momento.

 Tendremos que hacer un corte. Duval!

Duval frunci los labios en una dbil sonrisa.

 No necesita llamar al cirujano. A esta escala microscpica, usted podra hacerlo tan bien como yo. No se requieren conocimientos especiales.

Sac un cuchillo de una pequea funda que llevaba al cinto y lo contempl un instante.

 Indudablemente, habr en l alguna bacteria miniaturizada. stas se desminiaturizarn ms adelante en el torrente sanguneo, pero los glbulos blancos se encargarn de ellas. No creo que se produzca ninguna complicacin patgena.

 Dse prisa, doctor  dijo Grant, en tono apremiante.

Duval hizo un corte con el cuchillo entre dos de las clulas de la pared del capilar. Apareci una limpia abertura. El grueso de la pared poda ser de una diezmilsima de pulgada en la realidad; pero, a la escala miniaturizada de los expedicionarios, equivala a varios metros. Duval penetr en la abertura y se abri camino en ella, rompiendo ligamentos intercelulares y ahondando el orificio. Por fin, qued la pared totalmente perforada, y las clulas se separaron como los labios de una herida.

A travs de ella, apareci otra serie de clulas, que Duval raj limpiamente y con gran precisin.

Volvi junto a los otros y dijo:

 Es una abertura microscpica. No habr perdida de sangre apreciable.

 No habr prdida alguna  declar Michaels enfticamente . La filtracin se produce en sentido contrario.

Y, efectivamente, pareci formarse una burbuja de aire en la abertura. La burbuja se hinch y se detuvo.

Michaels apoy en ella la mano. Se hundi una parte de la superficie, pero la mano no lleg a horadarla.

 Tensin superficial!  dijo.

 Qu pasa ahora? pregunt Grant.

 Ya se lo he dicho: tensin superficial. En la superficie de cualquier lquido se produce un fenmeno parecido al de la piel. Para los seres de gran tamao, como el hombre no miniaturizado, este fenmeno es demasiado dbil para ser advertido; en cambio, debido a ello, los insectos pueden caminar sobre la superficie del agua. En nuestro estado miniaturizado, el efecto es todava mayor. Posiblemente, no podremos cruzar la barrera.

Michaels sac su cuchillo y lo hundi en la superficie gaseosa, de la misma manera que haba hecho Duval con las clulas un momento antes. La accin del cuchillo hizo que la superficie cediera en un punto y, a continuacin, penetr en ella.

 Es como si cortara un pedazo de goma  dijo Michaels, jadeando ligeramente.

Despus ampli el corte hacia abajo, y apareci momentneamente una abertura que volvi a cerrarse casi en el acto.

Grant lo intent a su vez, introduciendo la mano en la abertura antes de que sta se cerrase. Sinti un ligero estremecimiento al cerrarse las molculas de agua.

 Me agarraron la mano, saben?

 Si calculase el tamao de esas molculas de agua a nuestra escala actual  dijo Duval en tono sombro , se quedara asombrado. Podra verlas con una sencilla lupa. En realidad...

 En realidad le interrumpi Michaels., lamenta usted no haber trado su sencilla lupa. Pero le dir algo, Duval: no vera usted gran cosa. Ampliara las propiedades ondulatorias al mismo tiempo que las propiedades materiales de los tomos y de las partculas subatmicas. Y todo lo que viese, incluso bajo una luz miniaturizada, sera demasiado nebuloso para que pudiese obtener mucho en claro.

 Es por este motivo que todo parece romo? pregunt Cora. Yo pens que era nicamente debido a que veamos las cosas a travs del plasma sanguneo.

 El plasma es un factor, sin duda alguna. Pero, adems, la granulosidad general del Universo se hace ms patente cuanto ms disminuimos nosotros de tamao. Es como si miramos muy de cerca una vieja fotografa de peridico. Vemos los puntos con mayor claridad, pero la foto se presenta confusa.

Grant prestaba poca atencin a la charla. Tena la mano metida en la burbuja, y con ella abra camino a su otra mano y a su cabeza.

Por un instante, el fluido se cerr sobre su cuello, y tuvo la impresin de que le estaban estrangulando.

 Sujtenme las piernas, quieren? grit.

 Ya est  dijo Duval.

Introdujo el cuerpo hasta la mitad y pudo mirar a travs de la grieta que Duval haba abierto en la pared.

 Est bien. Squenme de aqu.

Le sacaron, y la superficie volvi a cerrarse con un chasquido sordo.

 Veamos ahora lo que podemos hacer con el "snorkel"  dijo . Empujen!

Fue intil. El romo extremo del aparato no hizo mella en la apretada red de molculas de agua que envolva la burbuja de aire. Los cuchillos desgarraban aquella piel, y de este modo conseguan que penetrara una parte del snorkel; pero, en el momento en que dejaban de atacar la superficie, volva a actuar la tensin de sta, y el snorkel era expulsado al exterior.

Michaels jadeaba a causa del esfuerzo.

 No creo que lo logremos.

 Tenemos que lograrlo dijo Grant. Escuchen; voy a penetrar completamente en la burbuja. Cuando empujen el snorkel, lo asir desde el otro lado y tirar de l. As, empujando y tirando...

 No puede entrar ah, Grant  dijo Duval . Sera absorbido y se perdera.

 Podemos emplear un cable salvavidas  dijo Michaels. Como se, Grant y seal el rollo que ste llevaba colgado sobre la cadera izquierda. Ate el otro extremo a la embarcacin, Duval, y nosotros empujaremos a Grant.

Duval cogi el extremo del cable que el otro le tenda y, vacilando ostensiblemente, nad hacia el barco.

 Pero, cmo volver a salir? dijo Cora. Y si no puede vencer de nuevo la tensin de la superficie?

 La vencer. Pero no hagamos ms confusa la situacin, enfocando el problema nmero dos cuando an no hemos resuelto el nmero uno.

Desde el interior de la nave, Owens observaba fijamente a Duval, que se acercaba nadando.

 Necesitan otro par de brazos ah fuera? pregunt.

 No lo creo  respondi Duval . Adems, le necesitamos a usted en el miniaturizador. At el cable salvavidas en una pequea argolla del costado metlico de la embarcacin, y agit la mano. Ya est, Grant.

Grat le devolvi la seal. La segunda penetracin fue ahora ms rpida, pues conoca ya el terreno que pisaba. Primero, el corte; despus, introducir un brazo (uy, cmo dola el bceps!); a continuacin, el otro; luego, un golpe con ambos brazos y un fuerte impulso con los pies de pato, y sali despedido como una pepita de sanda apretada por dos dedos.

Se encontr entre las dos pegajosas paredes de la grieta intercelular. Mir a la cara de Michaels, claramente visible aunque un tanto deformada a travs de la curva de la superficie de la burbuja.

 Empuje el aparato, Michaels!

A travs de la superficie, pudo distinguir un movimiento de miembros y la trayectoria de un brazo que sostena un cuchillo. Despus, asom la roma punta del "snorkel". Grant se arrodill y agarr aqulla Apoyando la espalda contra uno de los lados de la abertura, y los pies contra el otro, tir fuertemente. La cara interior de la burbuja se peg alrededor del aparato. Grant empez a abrirse camino hacia delante, jadeando:

 Empujen! Empujen!

Por fin lleg a terreno despejado. Dentro del tubo del "snorkel" haba un fluido inerte.

 Voy a subirlo  dijo Grant  ya introducirlo en el alvolo.

 Cuando llegue a l, tenga cuidado  dijo Michaels . No s hasta qu punto se ver afectado por la inhalacin y la exhalacin, pero es posible que se encuentre en medio de un huracn.

Grant inici la ascensin, tirando del "snorkel", buscando puntos a los que agarrarse y pataleando en el blando y dctil tejido.

Su cabeza asom en la cavidad alveolar y, de pronto, se encontr en un mundo nuevo. La luz del "Proteus" penetraba a travs de un tejido que le pareca enormemente grueso, y, a su velado reflejo, el alvolo era como una gran caverna, cuyas paredes tenan un brillo hmedo y distante.

A su alrededor, veanse piedras y rocas de todos los tamaos y colores, las cuales tenan un brillo irisado y a las que el dbil reflejo de la luz miniaturizada daba un tono lustroso de gran belleza. Grant advirti que los bordes de aquellas piedras aparecan tambin difuminados, a pesar de la ausencia de fluido que pudiera explicar el fenmeno.

 Este lugar est lleno de piedras  dijo.

 Polvo y holln, debo suponer le lleg la voz de Michaels. Polvo y holln. Las ventajas de vivir en un lugar civilizado, de respirar aire sin filtrar. Los pulmones son una va de direccin nica; absorben el polvo, pero no tienen manera de expulsarlo.

 Ser mejor que mantenga el "snorkel" sobre su cabeza  terci Owens . No me interesa que entre fluido en l..., por ahora.

Grant lo levant todo cuanto pudo.

 Avseme cuando haya terminado jade.

 Lo har.

 Funciona?

 Claro que funciona! He ajustado el campo estroboficalmente de modo que acte en rpidos chorros sobre el..., bueno, no se preocupe por esto. Lo importante es que el campo no sea lo bastante duradero para afectar sensiblemente a los slidos y los lquidos, y miniaturice nicamente los gases a gran velocidad. He extendido el campo mucho ms all de Benes, hasta la atmsfera del cuarto de operaciones.

 No es peligroso? pregunt Grant.

 Es la nica manera de obtener una cantidad suficiente de aire, centenares de veces mayor que todo el contenido en los pulmones de Benes, y miniaturizarlo. Me pregunta si es seguro? Lo nico que s es que los estoy absorbiendo a travs de los tejidos de Benes, sin que se altere siquiera su respiracin. Oh! Si tuviera un "snorkel" mayor...!

Owens pareca tan alegre y excitado como un jovenzuelo el da de su primera cita.

La voz de Michaels lleg a los odos de Grant:

 Qu efecto le produce la respiracin de Benes?

Grant ech una rpida ojeada a la membrana alveolar. Pareca tirante bajo sus pies, y dedujo de ello que deba estar presenciando el lento, lentsimo final de la inhalacin.

(Lento en todo caso; ms lento a causa de la hipotermia, y ms lento an debido a la distorsin del tiempo producida por la miniaturizacin.

 Todo va bien  dijo Grant . No siento el menor efecto.

Entonces escuch Grant un ronquido grave, que fue aumentando poco a poco, dndole a entender que comenzaba la exhalacin. Tens los msculos y sujet fuertemente el snorkel.

Owens, entusiasmado, dijo:

 Esto funciona a maravilla. Nunca se haba hecho una cosa semejante.

La corriente de aire empezaba a hacerse sentir alrededor de Grant, al proseguir el lento pero acelerado encogimiento del pulmn, y el ronquido de la exhalacin aument de volumen. Grant not que sus pies se levantaban del suelo alveolar. Saba que, a la escala normal, la corriente de aire en los alvolos era imperceptible; pero, a su escala miniaturizada, se estaba convirtiendo en un tornado.

Grant se agarr desesperadamente al "snorkel", cruzando los brazos y las piernas sobre l. El aparato se elev, levantndolo tambin a l. Incluso las piedras polvo  empezaron a moverse y a rodar ligeramente.

A medida que terminaba la exhalacin, el viento fue cesando poco a poco, y Grant solt su presa con alivio.

 Falta mucho, Owens? dijo.

 Casi he terminado. Aguante unos segundos ms, Grant.

 Est bien.

Cont mentalmente: veinte... treinta... cuarenta... La inhalacin empezaba de nuevo y senta ya el impacto de las molculas de aire. La pared alveolar se tensaba de nuevo, hacindole tambalearse y caer de rodillas.

 Ya est!  grit Owens . Puede regresar.

 Tiren del "snorkel"!  chill Grant . De prisa! Antes de que empiece otra exhalacin!

Empuj y los otros tiraron. Slo hubo dificultades cuando la boca del "snorkel" se acerc a la cara interna de la burbuja. All resisti un momento, como si estuviera atornillado, y despus la cruz con un chasquido al cerrarse la pelcula.

Grant haba esperado demasiado. Una vez recuperado el "snorkel" desde el exterior, hizo un movimiento como para lanzarse de cabeza en la grieta, pero el comienzo de la exhalacin form un torbellino a su alrededor y le hizo tropezar.

Por un instante, se sinti preso entre dos rocas, y, al liberarse de ellas, se ara ligeramente una espinilla. (Lesionarse la espinilla contra una partcula de polvo era una cosa digna de contar a los nietos.)

Dnde se hallaba? Sacudi el cable salvavidas, desprendindolo de una protuberancia de una de las piedras, y lo tens. Lo ms fcil sera seguirlo hasta la grieta.

El cable pasaba por encima de la roca, y Grant, apoyando los pies en sta, trep rpidamente. La exhalacin le sirvi de ayuda, hasta el punto de que ascenda con poqusimo esfuerzo. Despus, ste fue nulo. Saba que la grieta deba hallarse al otro lado del peasco, y hubiera podido rodearlo, a no ser por el hecho de que la exhalacin facilitaba su subida y (por qu no decirlo?) porque as resultaba ms emocionante.

En el momento culminante de la exhalacin la piedra rod bajo sus pies, y Grant se sinti flotar. Por un momento, se encontr elevado en el aire, delante de la grieta, precisamente en el lugar en que haba calculado que estara sta. Slo tena que esperar uno o dos segundos a que cesara la exhalacin, y penetrara rpidamente en aqulla y volvera al torrente sanguneo y a la nave.

Pero, mientras estaba pensando esto, se sinti furiosamente absorbido hacia lo alto, arrastrando el cable y alejndose de la grieta, que, en un instante, se perdi de vista.

**** ** ****

El "snorkel" haba sido extrado de la grieta alveolar, y Duval se encarg de llevarlo a la embarcacin.

 Dnde est Grant? pregunt Cora, con ansiedad.

 Est ah arriba  dijo Michaels, mirando hacia lo alto.

 Por qu no baja?

 Ya bajar. Ya bajar. Supongo que requiere algn esfuerzo. Volvi a mirar. Benes est expulsando el aire de los pulmones. En cuanto termine, no habr la menor dificultad.

 No sera mejor que agarrsemos el cable y tirsemos de l?

Michaels extendi un brazo para impedrselo.

 Si lo hace y tira en el momento en que empiece la inhalacin, forzndole a bajar, puede causarle dao. l nos dir lo que hemos de hacer, si necesita ayuda.

Cora esper unos momentos, inquieta, y despus se dirigi hacia el cable.

 Bueno  dijo , voy a...

Y, en el mismo instante, el cable se solt y restall hacia arriba, y su extremo desapareci a travs de la abertura.

Cora grit y se lanz desesperadamente hacia la grieta.

Michaels sali detrs de ella.

 No puede hacer nada  jade . No sea loca!

 No podemos dejarlo ah dentro! Qu le ocurrir?

 Nos hablar por radio.

 Puede haberse estropeado.

 Por qu se haba de estropear?

Duval se reuni con ellos. Con voz ahogada, dijo:

 Se solt cuando lo estaba mirando... No puedo creerlo!

Los tres miraron hacia arriba, desolados.

 Grant! Grant! llam Michaels por radio. Puede orme?

**** ** ****

Grant ascendi, dando tumbos, con el intil cable sujeto todava a su cinturn y serpenteando detrs de l. Sus pensamientos eran tan confusos como su vuelo.

No podr volver era su idea dominante. No podr volver. Aunque logre establecer comunicacin por radio, no me servir de nada.

O acaso s?

 Michaels!  llam . Duval!

Primero no oy nada; despus, un crujido dbil junto a los odos y un gruido deformado que poda significar: Grant!

Intent de nuevo:

 Michaels! Me oye? Me oye?

De nuevo escuch el gruido. No poda sacar nada en claro.

A pesar de su tensin mental, se le ocurri pensar una cosa con claridad, como si su intelecto hubiese encontrado tiempo para tomar serenamente nota de una circunstancia. As como las ondas luminosas miniaturizadas eran ms penetrantes que las normales, las ondas de radio miniaturizadas parecan tener menos penetracin que en su estado natural.

Por lo visto, se saba muy poco acerca del estado miniaturizado. Lo malo del "Proteus" y de su tripulacin radicaba en que eran los pioneros en un pas literalmente desconocido, en el viaje ms fantstico que cupiera imaginar.

Y, dentro de este viaje, Grant realizaba ahora una fantstica excursin particular, de muchos kilmetros aparentes, dentro de una cmara de aire microscpica del pulmn de un moribundo.

Ahora se mova ms despacio. Haba llegado al techo del alvolo y penetrado en el tallo tubular del que penda aqul. La luz lejana del "Proteus" llegaba hasta l como un dbil resplandor.

Podra seguir aquella luz? Podra intentar un avance en la direccin ms segura?

Toc la pared del tubo y se peg a ella, como una mosca a un papel engomado. Y, al principio, a semejanza de una mosca, no acert a pensar nada y se retorci, furioso.

En un instante, sus brazos y sus piernas quedaron pegados a la pared. Haciendo un esfuerzo, empez a pensar. Haba terminado la exhalacin y pronto empezara la inhalacin. Entonces la corriente de aire le empujara hacia abajo. Haba que esperarla!

Not que el viento empezaba a soplar y oy su creciente murmullo. Lentamente, desprendi un brazo e inclin el cuerpo exponindolo a la corriente de aire. sta le empuj hacia abajo, liberando tambin sus piernas.

Entonces empez a caer desde una altura que, a su escala miniaturizada, equivala a la de una montaa. Saba que, dado su estado de miniaturizacin, deba caer a la manera de una pluma; sin embargo, sentase pesado como el plomo. Su cada era regular, sin la menor aceleracin, pues las grandes molculas de aire (casi visibles a simple vista, haba dicho Michaels) eran apartadas a un lado en su descenso, y esto requera un gasto de energa que, de otro modo, se habra empleado en la aceleracin.

Una bacteria, no mayor que l, poda caer desde aquella altura sin el menor peligro; pero l, un ser humano miniaturizado, estaba compuesto de cincuenta mil billones de clulas miniaturizadas, y esta complejidad poda hacerlo tan frgil como para desintegrarse en polvo miniaturizado al recibir un choque.

Al pensar esto, extendi automticamente los brazos para amortiguar el golpe contra la pared alveolar. Sinti el blando contacto; la pared cedi como si fuera de goma, y el hombre rebot despus de agarrarse a ella un breve instante. Sin embargo, haba disminuido la velocidad de la cada.

Sigui bajando. En algn lugar, all en lo hondo, brill un puntito luminoso, tal como haba esperado. Fij la mirada en l, con excitada esperanza.

Sigui bajando. Agit furiosamente los pies para evitar un conglomerado de rocas friables. Pas rozndolo y tropez de nuevo con una zona esponjosa. Continu el descenso. Mientras caa, pugn desesperadamente por avanzar en direccin al punto de luz y tuvo la impresin de que lo haba logrado. Pero no estaba seguro.

Rod por la pendiente inferior de la superficie lveolar. Arroj el cable alrededor de una saliente rocoso y a duras penas logr sostenerse.

El puntito de luz se haba convertido en un pequeo foco, situado, segn calcul, a unos quince metros de distancia. All deba estar la grieta, aquella grieta tan prxima, pero jams hubiera podido encontrarla sin la gua de la luz.

Esper que cesara la inhalacin. En el breve intervalo entre sta y la exhalacin, tena que llegar a su meta.

Antes de que la inhalacin cesara por completo, empez a cruzar el espacio que le separaba de la pared. La membrana alveolar, tensa al final de la inhalacin, empez a distenderse al iniciarse los primeros movimientos de la exhalacin.

Grant se arroj a la grieta, que resplandeca ahora de luz. Pate la superficie interna, que tena una elasticidad de goma. Un cuchillo hendi la pared, y apareci una mano que le agarr fuertemente por un tobillo. Sinti que tiraban de l hacia abajo, en el mismo instante en que el torbellino de aire empezaba a zumbar en sus odos.

Otras manos le asieron de las piernas y tiraron de l, y al fin se hall de nuevo en el capilar. Respir, con un jadeo largo y entrecortado. Despus, dijo:

 Gracias! Me gui por la luz! Era la nica manera!

 Era imposible comunicar por radio  dijo Michaels. Cora le sonri:

 Fue idea del doctor Duval. Hizo que el "Proteus" se situase frente a la abertura y enfocara hacia sta la luz de proa. Y tambin ensanch la grieta.

 Volvamos a la nave  dijo Michaels . Hemos agotado casi todo el tiempo que podamos perder.

CAPITULO XIII: PLEURA

 Ahora llega un mensaje, Al  grit Reid.

 Del "Proteus"?  dijo Crter, corriendo hacia la ventanilla.

 Supongo que no ser de su mujer.

Crter agit la mano con impaciencia.

 Luego. Luego. Gurdese los chistes para ms tarde. De acuerdo?

El altavoz dio la noticia:

 Informa el "Proteus", seor: PELIGROSA PRDIDA DE AIRE. REALIZADA LA CARGA CON XITO.

 La carga? grit Crter.

 Supongo que se refieren a los pulmones  dijo Reid, frunciendo las cejas. A fin de cuentas, estn en el pulmn, donde hay millas cbicas de aire, a su actual escala. Sin embargo...

 Qu?

 No puede utilizar ese aire. No est miniaturizado.

Crter mir con desesperacin al coronel. Rugi por el micrfono:

 Repitan la ltima frase del mensaje.

 REALIZADA LA CARGA CON XITO.

 Las ltimas palabras, dicen con xito?

 S, seor.

 Pngase en comunicacin con ellos y confrmelo. Se volvi a Reid : Si dicen con xito, es que han pedido solucionarlo.

 El "Proteus" lleva un miniaturizador a bordo.

 Entonces, es as como lo lograron. Ya nos lo explicarn ms tarde.

Volvi a sonar el altavoz:

 Confirmado el mensaje, seor.

 Adelantan?  pregunt Crter, a travs de otra conexin.

Una breve pausa, y despus:

 S, seor. Avanzan a travs del revestimiento pleural.

Reid hizo una seal de asentimiento con la cabeza; mir el cronmetro, que sealaba 37, y dijo:

 El revestimiento pleural es una doble membrana que cubre los pulmones. Deben avanzar por el espacio intermedio; un camino despejado, una verdadera autopista que llega hasta el cuello.

 Y se hallarn donde estaban hace media hora  refunfu Crter. Y despus, qu?

 Pueden volver a un capilar y dirigirse de nuevo a la arteria cartida, con la consiguiente prdida de tiempo; o pueden eludir el sistema arterial siguiendo los canales linfticos, lo cual trae consigo otros problemas. En fin, Michaels es el piloto; supongo que l sabr lo que ha de hacer.

 No puede usted aconsejarle? Por el amor de Dios, prescinda del protocolo!

Reid movi la cabeza.

 No estoy seguro de cul sea el camino mejor, y l est sobre el terreno. Puede juzgar mejor que yo si la nave aguantar otro embate arterial. Tenemos que dejarlo en sus manos, general.

 Ojal supiera yo lo que hay que hacer  dijo Crter. Con gusto asumira la responsabilidad, si pudiera hacerlo con la menor probabilidad de xito.

 Es exactamente lo mismo que yo siento  repuso Reid y que me induce a declinar la responsabilidad.

**** ** ****

Michaels consultaba los mapas.

 Est bien, Owens; no es aqu donde quera ir, pero no importa. Aqu estamos y hemos abierto un paso. Dirjase en lnea recta a la abertura.

 Hacia el pulmn?  dijo Owens, asustado.

 No, no. Michaels se levant impaciente de su asiento y subi por la escalerilla, asomando la cabeza a la cabina. Penetraremos en el revestimiento pleural. Siga adelante y yo le guiar.

Cora se arrodill al lado de la butaca de Grant.

 Cmo logr salir del paso?

 A duras penas  respondi Grant. Y, con impaciencia, aadi : No dej un momento de pensar: por qu diablos estoy aqu?

 Sabe perfectamente...  empez Cora.

 No; no lo s la interrumpi Grant. Todos ustedes actan por una razn concreta, no por vanas palabras. Owens est probando su embarcacin; Michaels seala una ruta a travs del cuerpo humano; Duval admira la obra de Dios, y usted...

Qu?

 Usted admira a Duval  susurr Grant.

Cora se ruboriz.

 Realmente dijo, es digno de admiracin. Cuando hubo sugerido que enfocsemos el faro de proa de la nave a la grieta, a fin de darle a usted un punto de referencia, no hizo nada ms. Ni siquiera le dirigi la palabra a su regreso. Es su manera de ser. Es capaz de salvar la vida a una persona y mostrarse despus rudo con ella; de modo que ser recordada su rudeza y olvidada su accin salvadora. Pero sus modales no alteran lo que es en el fondo.

 No. Esto es cierto; no lo altera, pero lo disimula.

 En fin, dejemos esto; tengo que volver a mi trabajo con el lser dijo, lanzando una rpida mirada a Michaels, que volva a su sitio.

 El lser? Dios mo! Lo haba olvidado. Ojal pueda comprobar que no ha sido gravemente averiado.

Se desvaneci la animacin que haba mostrado la joven durante la charla.

 Ojal! dijo.

Cora se dirigi a popa, seguida por la mirada de Michaels.

 Qu pasa con el lser?  dijo el hombre.

Grant movi la cabeza.

 Ahora va a comprobarlo respondi.

Michaels pareci vacilar antes de proseguir. Movi ligeramente la cabeza. Grant le observ, pero no dijo nada.

Por fin, Michaels se retrep en su asiento y dijo:

 Qu opina usted de nuestra situacin actual?

Grant, que hasta entonces no haba dejado de pensar en Cora, levant la cabeza y mir por la ventanilla. Parecan deslizarse entre dos paredes que casi tocaban al "Proteus" por ambos lados; eran de un color amarillo brillante y estaban formadas por fibras paralelas, parecidas a gruesos troncos pegados unos a otros.

El fluido que los rodeaba era claro, limpio de clulas y objetos, y casi de residuos. Pareca reinar una calma absoluta, y el "Proteus" avanzaba, rpidamente y con toda regularidad; slo el movimiento de Brown imprima algunas oscilaciones al avance de la embarcacin.

 Ahora dijo Grant, el movimiento de Brown es ms acusado.

 Este fluido es menos viscoso que el plasma sanguneo, y por esto amortigua menos el movimiento. De todos modos, no estaremos mucho tiempo aqu.

 Entonces, no estamos ya en el torrente sanguneo...

 Tiene aspecto de serlo? Estamos en el espacio que separa los pliegues de la membrana pleural, que es como el forro de los pulmones. La membrana de aquel lado est sujeta a las costillas. En realidad, deberamos ver, al pasar ante una de ellas, un grande y suave abombamiento. La otra membrana est pegada a los pulmones. Si quiere saber sus nombres, son, respectivamente, la pleura parietal y la pleura pulmonar.

 Los nombres me importan poco.

 Lo supona. Nos hallamos, pues, en medio de la pelcula lubrificante que existe entre las dos pleuras. Cuando se hinchan los pulmones durante la inhalacin, o cuando se contraen durante la exhalacin, hacen presin sobre las costillas, y este fluido amortigua y suaviza el roce. Es una pelcula tan fina que los pliegues de la pleura se consideran prcticamente en contacto si el individuo no est enfermo; pero, como nosotros tenemos el tamao de un germen, estamos en condiciones de deslizamos por la pelcula entre aqullos.

 Y no nos afecta el movimiento de la pared de los pulmones contra la armazn de las costillas?

 Indudablemente, somos ligera y alternativamente impulsados hacia delante y frenados hacia atrs. Pero no lo bastante para que eso tenga la menor importancia.

 Oiga dijo Grant. Tienen algo que ver esas membranas con la pleuresa?

 En efecto. Cuando las pleuras se infectan y se inflaman, la respiracin se hace dificultosa, y la tos...

 Qu ocurrira, si Benes empezara a toser?

Michaels se encogi de hombros.

 Dada nuestra situacin actual, creo que sera fatal para nosotros. Nos aniquilara. Sin embargo, no creo que se produzca la tos. El hombre se encuentra en un estado de hipotermia y bajo los efectos de los sedantes, y su pleura, puedo asegurarlo, se halla en perfectas condiciones.

 Pero si la irritamos...

 Somos demasiado pequeos para hacerlo.

 Est seguro?

 Slo podemos hablar basndonos en probabilidades. Y las probabilidades de tos son demasiado escasas para que tengamos que preocuparnos.

Su rostro estaba absolutamente tranquilo.

 Comprendo  dijo Grant, y mir hacia atrs para ver lo que estaba haciendo Cora.

sta y Duval se hallaban en el cuarto de trabajo, con las cabezas inclinadas sobre el banco. Grant se levant y se plant en el umbral. Michaels se reuni con l.

Sobre un plano de cristal opalino, intensamente iluminado desde abajo, vease el lser desmontado. Cada una de sus piezas destacaba viva y claramente sobre la iluminada superficie.

 Cules son, en total, las averas? pregunt Duval, muy agitado.

 Estas piezas son las averiadas, doctor, y, adems, este muelle.

Duval, muy pensativo, pareci contar las piezas, tocando cada una de ellas con un dedo y apartndolas con gran cuidado.

 La clave de la situacin estriba, pues, en este transistor estropeado. Esto significa que no podemos encender la lmpara, ni, por tanto, utilizar el lser.

 No hay piezas de recambio? terci Grant.

Cora levant la cabeza. Su mirada culpable evit los ojos firmes de Grant.

 Ninguna de las que corresponden al interior del chasis  dijo . Hubiramos podido traer un segundo lser, pero quin iba a pensar...? Si no se hubiese soltado ..

Michaels pregunt, severamente:

 Habla usted en serio, doctor Duval? Ha quedado inservible el lser?

En la voz de Duval vibr un matiz de impaciencia.

 Yo hablo siempre en serio. Y ahora, no me moleste. Pareca absorto en sus pensamientos. Michaels se encogi de hombros.

 Conque as estamos... dijo. Hemos cruzado el corazn; hemos llenado nuestros tanques de aire en los pulmones, y todo para nada. No podemos seguir adelante.

 Y por qu no? pregunt Grant.

 Naturalmente, podemos seguir, por lo que atae a nuestra capacidad fsica. Pero carecera de objeto, Grant. Sin el lser, nada podemos hacer.

 Doctor Duval dijo Grant, no hay alguna manera de realizar la operacin sin el lser?

 Estoy pensando  le ataj Duval.

 Entonces, hganos partcipes de sus pensamientos  le replic vivamente Grant.

Duval levant la cabeza.

 No; no hay manera de realizar la operacin sin el lser.

 Sin embargo, se han realizado operaciones durante siglos, cuando no se conoca el lser. Usted mismo ha abierto la pared del pulmn con su cuchillo; y esto ha sido una operacin. No podra eliminar el cogulo con el cuchillo?

 Podra hacerlo, desde luego; pero no sin lesionar el nervio y poner en peligro todo un lbulo del cerebro. El lser es increblemente ms delicado que el bistur. En este caso particular, sera una carnicera, comparado con el lser.

 Pero puede salvar la vida de Benes con el bistur, no?

 Creo que s; pero slo es una posibilidad. Adems, no tendra seguridad de salvar su cerebro. En realidad, creo, casi con certeza, que una intervencin a base de bistur causara graves lesiones mentales a Benes. Es esto lo que usted quiere?

Grant se frot la barbilla.

 Le dir lo que quiero. Llegaremos hasta el cogulo. Cuando estemos all, emplear usted el bistur, si no tiene otra cosa. Si perdemos los bistures, emplear los dientes. Y, si no lo hace, lo har yo. Podemos fracasar, pero no rendirnos. Mientras tanto, djeme ver ese maldito accesorio.

Se abri paso entre Duval y Cora, y levant el tran sistor, dejndolo descansar sobre la punta de su dedo ndice.

 Es ste el que se rompi?

 S  dijo Cora.

 Si pudiramos repararlo o sustituirlo, hara funcionar el lser?

 S; pero la reparacin es imposible.

 Supongamos que tuviera otro transistor de tamao y potencia semejantes, y una cantidad de hilo lo bastante fino. Podra adaptarlo al aparato?

 No creo que pudiese. Es algo que requiere una precisin absoluta.

 Y tampoco podra hacerlo usted, doctor Duval? Tal vez sus dedos de cirujano seran capaces de lograrlo, a pesar del movimiento de Brown.

 Podra intentarlo, con la ayuda de Miss Peterson. Pero no tenemos aquellos elementos.

 S que los tenemos dijo Grant. Yo puedo proporcionrselos.

Cogi un pesado destornillador y se encamin deliberadamente al compartimiento de proa. Se acerc al aparato de radio y, sin la menor vacilacin, empez a destornillar la tabla posterior.

Michaels fue detrs de l y le asi de un codo.

 Qu va usted a hacer, Grant?

ste solt el brazo con una sacudida.

 Voy a abrirle la tripa a se.

 Quiere decir que va a desmontar el aparato de radio?

 Necesito un transistor y un hilo.

 Pero nos quedaremos incomunicados con el exterior.

 Y qu?

 Cuando llegue el momento de sacarnos del cuerpo de Benes... Escuche, Grant...

 No quiero escucharle  dijo ste, con impaciencia. Pueden seguirnos gracias a nuestra radiactividad. El aparato de radio sirve slo para charlar y podemos prescindir de l. En realidad, no tenemos ms remedio. O la radio enmudece, o Benes se muere.

 Por el amor de Dios, llame a Crter y dgaselo.

Grant pens, rpidamente.

 Le llamar  dijo , pero slo para anunciarle que no habr ms mensajes.

 Si l le ordena que se prepare para salir...

 Me negar.

 Pero, si se lo ordena...

 Podr sacarnos de aqu por la fuerza, pero sin mi colaboracin. Mientras permanezcamos a bordo del "Proteus", ser yo quien tome las decisiones. Hemos ido ya demasiado lejos para abandonar la empresa; seguiremos hasta el cogulo, ocurra lo que ocurra y sean cuales fueren las rdenes de Crter.

**** ** ****

Crter grit:

 Repita el ltimo mensaje.

 SACRIFICAMOS RADIO PARA REPARAR LSER. STE ES EL LTIMO MENSAJE.

 Van a quedarse sin comunicacin...! dijo Reid, pasmado.

 Qu diablos le ha ocurrido al lser? dijo Crter.

 No me lo pregunte a m.

Crter se sent, pesadamente.

 Mande que nos suban ca, quiere, Don? Si pensara que iba a aguantarlo, pedira un whisky doble con soda, y otros dos a continuacin. Estamos pringados!

Reid pidi el caf. Despus, dijo:

 Sabotaje, tal vez...

 Sabotaje?

 S, y no se haga el sorprendido, general. Usted lo previo desde el principio. En otro caso, por qu habra enviado a Grant?

 Despus de lo que le ocurri a Benes durante el trayecto hasta aqu...

 Lo s. Le dir, adems, que ni Duval ni la muchacha me inspiran mucha confianza.

 Ambos son irreprochables  dijo Crter, con una mueca. Tienen que serlo. Todos los que estn all tienen que serlo. No podamos estar ms seguros de lo que estamos.

 Exacto. Ningn procedimiento de seguridad puede dar una certeza absoluta.

 Toda esa gente trabaja aqu.

 Menos Grant dijo Reid.

 Eh?

 Grant no trabaja aqu. Es un forastero.

Crter emiti una sonrisa forzada.

 Es agente del Gobierno.

 Lo s  dijo Reid . Y los agentes pueden hacer un doble juego. Todo ha sido meter a Grant en el "Proteus" y empezar la racha de mala suerte... o de lo que parece mala suerte...

Haban trado el caf.

Crter dijo:

 Esto es ridculo. Conozco al hombre. Para m, no es un forastero.

 Cundo fue la ltima vez que lo vio? Qu sabe de sa vida privada?

 Olvdelo. Es imposible.

Crter revolvi la leche en el caf con visible preocupacin.

 No se preocupe  dijo Reid . Slo pensaba en voz alta.

 Siguen en la pleura? pregunt Crter.

 S.

Crter mir el cronmetro, que marcaba 32, y movi la cabeza, profundamente afligido

**** ** ****.

Grant haba desmontado el aparato de radio. Cora examin los transistores, uno tras otro, dndoles vuelta, sopesndolos, casi mirando su interior.

 Creo que ste servira dijo, en tono de duda, pero ese hilo es demasiado grueso.

Duval coloc el hilo en cuestin sobre el iluminado cristal opalino, y deposit a su lado el fragmento averiado del hilo primitivo, comparndolos con mirada sombra.

 ste es el que ms se le parece dijo Grant. Tendr que hacerlo funcionar.

 Es muy fcil decirlo  respondi Cora . Puede ordenrmelo a m, pero no al hilo. Y ste no funcionar, por mucho que usted le grite.

 Est bien, est bien.

Grant intent pensar algo, pero no lleg a ninguna parte.

 Esperen  dijo Duval . Con un poco de suerte, tal vez podra limarlo hasta darle la delgadez requerida. Dme un escalpelo del nmero once, Miss Peterson.

Sujet el hilo del que haba sido aparato de Grant (ahora literalmente sin hilos) entre dos pequeas pinzas, y lo mir a travs de una lupa. Despus tom el escalpelo que le alargaba Cora y empez a rascar el hilo con l.

Sin levantar la cabeza, dijo:

 Tenga la bondad de sentarse, Grant. No puede ayudarme soplndome en el cogote.

Grant dio un ligero respingo, pero capt la mirada de splica de Cora, y fue a sentarse, sin decir nada.

Michaels, desde su butaca, le recibi con fingido buen humor.

 El cirujano se ha puesto a trabajar  dijo . Pngale el escalpelo en la mano, y en seguida dar rienda suelta a su temperamento. No pierda el tiempo enfadndose con l.

 No me he enfadado  dijo Grant.

 No le creo  replic Michaels , a menos que me diga que ha renunciado a su condicin humana. Duval tiene el don..., estoy seguro de que l dira el don de Dios..., de hacerse antiptico con una sola palabra, con una mirada, con un ademn. Y, por si esto no fuera bastante, ah est la seorita.

Grant se volvi a Michaels, visible enojado.

 Qu tiene que decir de la seorita?

 Vamos, Grant. Quiere que le d una conferencia sobre chicos y muchachas?

Grant frunci el ceo y le volvi la espalda.

Michaels dijo suavemente, casi con tristeza:

 Se encuentra perplejo con ella, no?

 Perplejo?

 Es una joven simptica y muy guapa. Y usted es, por su profesin, sumamente desconfiado.

 Y qu?

 Est claro! Qu le pas al lser? Fue un accidente?

 Pudo serlo.

 S; pudo serlo.  La voz de Michaels era apenas un murmullo. Pero, lo fue?

Grant susurr a su vez, despus de lanzar una rpida mirada por encima del hombro:

 Est usted acusando a Miss Peterson de sabotear la misin?

 Yo? De ninguna manera! No tengo la menor prueba de ello. Pero sospecho que usted la acusa mentalmente y que no le gusta hacerlo. De ah su perplejidad

 Por qu he de acusar precisamente a Miss Peterson?

 Y por qu no? Nadie le prestara atencin si la viera manipular con el lser. Es lo suyo. Y, si pretendiera realizar algn sabotaje, lo hara, lgicamente, con aquello que le resulta ms familiar: el lser.

 Lo cual hara recaer inmediata y automticamente las sospechas sobre ella..., como parece ser el caso dijo Grant, con cierto acaloramiento.

Comprendo. Est usted enojado.

 Escuche  dijo Grant . Estamos todos en una embarcacin relativamente pequea, y puede usted creer que cada uno de nosotros est bajo la atenta y continua observacin de los dems; pero no es as. Hemos estado tan absortos en lo que nos rodea, que cualquiera de nosotros habra podido ir al cuarto almacn y estropear el lser sin que nadie lo advirtiera. Poda hacerlo usted, o poda hacerlo yo. Yo no le habra visto. Y usted no me habra visto.

 O Duval?

 O Duval. No crea que lo elimino. Pero tambin pudo ser un simple accidente.

 Y su cable de segundad? Tambin se solt por accidente?

 Pretende sugerirme algo ms?

 No; no lo pretendo. Slo puedo sealarle algunas cosas, si usted lo desea.

 No lo deseo, pero hable, de todos modos.

 Fue Duval quien sujet su cable salvavidas.

 Y supongo que su nudo sera defectuoso repuso Grant. Por otra parte, el cable estuvo sometido a una tensin considerable. Muy considerable.

 Los cirujanos saben hacer nudos.

 Eso es una tontera. Los nudos de cirujano no son nudos de marinero.

 Quiz. Pero tambin es posible que el nudo fuese hecho deliberadamente de modo que se aflojara. O incluso pudo ser desatado a mano.

Grant asinti con la cabeza.

 Est bien. Pero tambin en esta ocasin estaban todos concentrados en lo que ocurra a su alrededor. Usted, Duval, o Miss Peterson podan volver rpidamente a la embarcacin, desatar el nudo y regresar sin que nadie lo advirtiese. Incluso Owens poda salir del submarino, segn creo.

 S; pero Duval tuvo la mejor oportunidad. Justo antes de que se soltara el cable, se dirigi a la embarcacin, llevando el "snorkel". Dijo que el cable se haba soltado mientras l lo estaba mirando. Sabemos, por propia confesin, que se hallaba en el lugar y en el momento adecuados.

 Sin embargo, puede seguir siendo un accidente. Qu mviles poda tener? El lser estaba ya roto, y todo lo que consegua al soltar el cable era perjudicarme personalmente. Si lo que le preocupaba era la misin, qu le importaba yo?

 Oh, Grant! Oh, Grant!

Michaels sonri, moviendo la cabeza.

 Bueno, hable y djese de exclamaciones.

 Suponga que fuese la joven la que se encarg del lser. Y suponga que a Duval le interesase concretamente usted; suponga que quisiera librarse de usted y que el fracaso de la misin fuese para l una cosa secundaria.

Grant se qued sin habla. Michaels prosigui:

 Tal vez Duval no se halla absorto en su trabajo hasta el punto de no advertir que su ayudante se ha dado cuenta de que usted existe. Usted es un joven muy apuesto, Grant, y evit que ella se lesionase gravemente cuando nos pill el remolino; tal vez incluso le salv la vida. Duval presenci esto y tal vez advirti tambin la reaccin de la muchacha.

 No hubo tal reaccin. A ella no le intereso.

 La observ mientras anduvo usted perdido en el alvolo. Estaba desesperada. Lo que entonces pudo ver cualquiera, pudo verlo Duval mucho antes: la atraccin que siente por usted. Y cabe en lo posible que hubiera querido librarse de usted por esta razn.

Grant se mordi el labio inferior, reflexion y dijo:

Est bien. Y la prdida de aire? Fue tambin un accidente?

Michaels se encogi de hombros.

 No lo s. Supongo que va usted a decirme que Owens pudo ser el responsable de esto.

 Pudo serlo. Conoce el barco. l lo dise. Nadie como l para averiar los mandos. Y slo l comprob la avera.

 Es verdad. S; esto es verdad.

 Y si nos ponemos en este terreno  prosigui Grant, con creciente irritacin, qu me dice de la fstula arteriovenosa? Fue un accidente, o saba usted que estaba all?

Michaels se ech atrs en su butaca y pareci anonadado.

 Dios mo! No haba pensado en esto. Le doy mi palabra, Grant, de que no me haba pasado por la cabeza la idea de que algo de lo sucedido pudiese apuntar en mi direccin. Naturalmente, comprenda que poda sospecharse que haba averiado el lser, o desatado el nudo de su cable, o estropeado la vlvula del tanque de aire, aprovechando un momento en que nadie me observase..., o incluso imputrseme las tres cosas. Sin embargo, en todos estos casos, las probabilidades sealaban a otras personas antes que a m. En cuanto a la fstula, confieso que nicamente yo podra ser el responsable.

 As es.

 Naturalmente, yo ignoraba que estuviese all. Pero, acaso puedo probarlo?

 No.

 Ha ledo usted novelas policacas, Grant? pregunt Michaels.

 Algunas, cuando era ms joven. Ahora...

 Su profesin hace que no las encuentre divertidas. Lo comprendo perfectamente. Pero en las novelas de detectives todo resulta sencillsimo. Hay un sutil indicio que apunta a una persona, a una sola, y el detective es el nico que sabe verlo. En cambio, en la vida real, los indicios apuntan, por lo visto, a todas partes.

 O a ninguna dijo Grant con firmeza. Es posible que nos encontremos ante una serie de accidentes y desgracias.

 Es posible  admiti Michaels.

Sin embargo, ninguno de los dos pareca muy convincente..., ni muy convencido.

CAPITULO XIV: LINFA

Son la voz de Owens en la cabina:

 Mire hacia delante, doctor Michaels. Es sa la salida?

Percibieron que el "Proteus" disminua la velocidad.

 Hemos hablado demasiado  murmur Michaels . Hubiera debido estar observando.

Inmediatamente, frente a ellos, vease el abierto extremo de un conducto. Las delgadas paredes que tenan delante aparecan como desgastadas, casi perdindose en la nada. La abertura apenas si era lo bastante ancha para que pasara el "Proteus".

 No est mal grit Michaels. Mtase por ella.

Cora se haba apartado del banco y miraba hacia delante con asombro; en cambio, Duval permaneci en su sitio y sigui trabajando con infinita e inagotable paciencia.

 Debe de ser un canal linftico  dijo ella.

Haban penetrado en l y se hallaban entre unas paredes no ms gruesas que las del capilar en que haban estado un rato antes.

Como en los capilares, los muros estaban claramente constituidos por clulas poligonales planas, cada una de ellas con un ncleo en el centro. El fluido a travs del cual pasaban era muy parecido al de la cavidad pleural; brillaba con amarillento resplandor bajo los focos del "Proteus" y transmita su tono amarillo a las clulas. Los ncleos eran de un color ms oscuro, casi anaranjado.

 Huevos escalfados! dijo Grant. Son exactamente igual que huevos escalfados! Y aadi : Qu son los canales linfticos?

 En cierto modo, constituyen un sistema circulatorio auxiliar  explic Cora, gravemente . El fluido escapa de los finsimos capilares y se concentra en el espacio del cuerpo y entre las clulas. Es el fluido intersticial. Despus pasa a pequeos tubos de desage, o canales linfticos, los cuales estn abiertos por sus extremos, segn acabamos de ver. Estos tubos se unen para formar canales cada vez mayores, hasta alcanzar el tamao de las venas. Toda la linfa...

 Es el fluido que nos rodea? pregunt Grant.

 S; toda la linfa va a parar al mayor vaso linftico, el conducto torcico, el cual la lleva a la vena subclavia, en la parte superior del pecho. De esta manera, la linfa es reintegrada al sistema circulatorio principal.

 Y por qu hemos entrado en un canal linftico?

Seguro ya del rumbo, Michaels se retrep en su butaca y terci en la conversacin:

 Ver  dijo , es un camino secundario y ms tranquilo. Aqu no sentimos los efectos del corazn. Son las presiones y tensiones musculares las que mueven el fluido, y Benes apenas las experimenta en la actualidad. Esto nos asegura un viaje tranquilo hasta el cerebro.

 Entonces, por qu no nos metimos en los canales linfticos desde el principio?

 Son pequeos. Una arteria constituye un blanco mucho mejor para una aguja hipodrmica, y confibamos en que la corriente arterial nos llevara al punto de destino en pocos minutos. La cosa sali mal, y, para volver a una arteria, habramos perdido muchsimo tiempo. Adems, es posible que la nave no aguantase ya los embates de la corriente arterial.

Despleg una nueva serie de mapas y grit:

 Owens! Se gua usted por la Carta 72-D?

 S, doctor Michaels.

 Asegrese de que sigue la ruta que le he trazado.

As tendremos que cruzar un nmero mnimo de ganglios.

 Qu es aquello que se ve al frente? pregunt Grant.

Michaels mir y se puso rgido.

 Disminuya la marcha!  grit.

El "Proteus" fren vigorosamente. De la pared del tubo, que ahora se haba ensanchado, emerga una masa informe, lechosa, granulosa y en cierto modo amenazadora. Pero, mientras la observaban, pareci encogerse y se desvaneci.

 Adelante dijo Michaels, y, volvindose a Grant : Pens que ese glbulo blanco vena hacia ac, pero, afortunadamente, se iba. Algunos glbulos blancos se forman en los ganglios, los cuales constituyen una importante barrera contra las enfermedades. No slo forman clulas blancas, sino tambin anticuerpos.

 Y qu son los anticuerpos?

 Son molculas protenicas que tienen la cualidad de combinarse especficamente con diversas sustancias exteriores que invaden el cuerpo: grmenes, toxinas, protenas extraas...

 Y nosotros?

 Supongo que tambin nosotros, en determinadas circunstancias.

 Las bacterias intervino Cora son atrapadas en los ganglios, los cuales sirven de campo de batalla entre ellas y los glbulos blancos. Los ganglios se hinchan y se vuelven dolorosos. Habr odo usted decir que a los nios se les hinchan las glndulas de las axilas o de debajo de la mandbula.

 Y son realmente los ganglios linfticos?

 Exacto.

 Me parece  dijo Grant  que sera buena idea mantenernos apartados de los ganglios linfticos.

 Somos muy pequeos  dijo Michaels . El sistema de anticuerpos de Benes no se ver excitado por nosotros, y, adems, slo tendremos que cruzar una serie de ganglios, despus de los cuales ser muy fcil la navegacin. Claro que existe un riesgo, pero todo lo que estamos haciendo es arriesgado. Supongo dijo, en tono de reto que no me ordenar usted que salga del sistema linftico.

Grant movi la cabeza.

 No  dijo , no; a menos que alguien sugiera una alternativa mejor.

**** ** ****

 Ah est dijo Michaels, dando un ligero codazo a Grant. Lo ve?

 Aquella sombra de enfrente?

 S. Nuestro canal es uno de los varios que penetran en el ganglio, el cual es una masa esponjosa de membranas y pasillos tortuosos. El lugar est lleno de linfocitos...

 Qu son stos?

 Un tipo de clulas blancas. Espero que no nos molestarn. Toda bacteria que se encuentra en el sistema circulatorio acaba por llegar a un ganglio linftico. No puede maniobrar por los angostos y retorcidos canales .

 Podemos nosotros?

 Nosotros seguimos un rumbo deliberado, Grant, y tenemos un punto de destino; en cambio, las bacterias navegan ciegamente. Supongo que comprende la diferencia. Una vez atrapada en el ganglio, la bacteria es atacada por los anticuerpos y, si stos fallan, por las clulas blancas desplegadas para el combate.

La sombra estaba ahora ms cerca. El tono dorado de la linfa se oscureca y se enturbiaba. Frente a nosotros, pareca elevarse una pared.

 Tiene la ruta, Owens? grit Michaels.

 S, pero es muy fcil equivocarse.

 Aunque se equivoque, recuerde que en este momento seguimos, en general, una ruta ascendente. Mantenga el indicador gravitmetro en su lnea actual, y, a la larga, no podr errar el rumbo.

El "Proteus" hizo un giro brusco y, de pronto, todo tom un tono gris. Los faros parecan reflejar nicamente sombras grises, ms o menos oscuras. De vez en cuando, pasaban una especie de bastones, ms cortos y mucho ms estrechos que la nave; y tambin racimos de objetos esfricos, muy pequeos y borrosos en sus bordes.

 Bacterias  murmur Michaels . Las veo con demasiado detalle para poder determinar su especie exacta.  Noo es extrao? Demasiado detalle!

El "Proteus" movase ahora con mayor lentitud, siguiendo las numerosas y suaves curvas y recodos del canal, de una manera casi vacilante.

Duval asom en la puerta del cuarto de trabajo.

 Qu pasa? Si la nave no mantiene un curso ms firme, me es imposible trabajar. El movimiento de Brown es bastante fuerte.

 Lo siento, doctor  dijo Michaels framente  . Estamos cruzando un ganglio linftico y no podemos hacerlo mejor.

Duval dio media vuelta, con aspecto irritado.

Grant mir hacia delante.

 Doctor Michaels, qu es eso que parece un montn de algas?

 Fibras reticulares  respondi Michaels.

 Doctor Michaels!  llam Owens.

 Qu?

 Ese material fibroso se espesa cada vez ms. Creo que no podr maniobrar sin causarle algunos daos. Michaels reflexion un momento.

 No se preocupe por esto  dijo  . En todo caso, los daos que podamos producir sern mnimos.

Un haz de fibras se desprendi al paso del "Proteus", rozando las ventanillas y perdindose a su espalda. Esto se repiti con creciente frecuencia.

 Todo va bien, Owens  dijo Michaels, animndole  . El cuerpo repara estos desperfectos sin ninguna dificultad.

 No me preocupa Benes  grit Owens  . Me preocupa la nave. Si esas cosas se pegan a los tubos de escape, puede calentarse excesivamente el motor. Y se estn adhiriendo. No percibe la diferencia del ruido del motor?

Grant no la perciba, y desvi nuevamente su atencin hacia el exterior. La nave cruzaba un verdadero bosque de zarcillos que a la luz de los faros resplandecan con un lgubre color castao.

 Pronto saldremos de aqu  dijo Michaels, pero haba en su voz un manifiesto acento de ansiedad.

El camino se aclar un poco y pudo Grant percibir la diferencia en el ruido de los motores, una especie de ronquera, como si el claro eco de los gases que salan por los tubos de escape quedara amortiguado y ahogado por algo,

 Adelante a toda mquina!  grit Owens.

Una de aquellas bacterias como bastones choc blandamente con la nave. La sustancia de la bacteria se dobl sobre la curva de la ventana, recobr su forma primitiva y sali rebotada, dejando una mancha que se fue borrando lentamente.

Delante de nosotros se vean otras bacterias.

 Qu ocurre? pregunt Grant, asombrado.

 Creo dijo Michaels, creo que estamos presenciando una reaccin de los anticuerpos contra las bacterias. No intervienen clulas blancas. Fjense! Observen las superficies de las bacterias. El reflejo de la luz miniaturizada es insuficiente, pero, no lo ve usted?

 No, temo que no.

A su espalda, son la voz de Duval:

 Tampoco yo puedo ver nada.

 Ha ajustado ya el hilo? pregunt Grant, volvindose.

 Todava no respondi Duval. No puedo trabajar con todo este movimiento. Habr que esperar. Qu estaban diciendo sobre los anticuerpos?

Ya que no est usted trabajando, podemos apagar las luces interiores dijo Michaels. Owens!

Se apagaron las luces, y el interior de la embarcacin qued nicamente iluminado por el reflejo de los faros; un reflejo castao, fantstico y titilante, que envolva en sombras los rostros de todos.

 Qu pasa en el exterior? pregunt Cora.

 Es lo que estoy tratando de explicar respondi Michaels. Observen los bordes de las bacterias que tenemos delante.

Grant se esforz cuanto pudo, entornando los prpados.

La luz era vacilante e irregular.

 Se refiere a esos pequeos objetos que parecen perdigones?

 Exactamente. Son molculas anticuerpos. Protenas, sabe?, y lo bastante grandes para que podamos verlas, en nuestro estado actual. Ah viene una  Fjense!

Uno de los diminutos anticuerpos pas junto a la ventanilla. Visto de cerca, no pareca en absoluto un perdign, sino algo bastante mayor, como un menudo puado de "spaghetti", de forma vagamente esfrica. Unos apndices finsimos, visibles nicamente como dbiles rayos de luz, sobresalan aqu y all

 Y qu es lo que hacen?  pregunt Grant.

 Cada bacteria tiene una pared celular distintiva, constituida por agrupaciones atmicas especficas sujetas entre s de manera tambin especfica. A nosotros, las diferentes paredes nos parecen lisas y uniformes; pero, si fusemos todava ms pequeos, si nos hubieran miniaturizado a escala molecular en vez de hacerlo a escala bacteriana, veramos que cada pared est constituida por un mosaico, y que este mosaico es distinto en las diferentes especies bacterianas. Los anticuerpos tienen la facultad de ajustarse perfectamente a este mosaico, y, en el momento en que han cubierto los puntos clave de la pared, la clula bacteriana muere; es como si le tapsemos a un hombre la boca y la nariz hasta ahogarlo.

 Puede verse cmo se incrustan  dijo Cora, muy excitada. Es... es horrible.

  Se compadece usted de las bacterias, Cora?  dijo Michaels, sonriendo.

 No; pero esos anticuerpos, con su manera de agarrarse, parecen malignos.

 No les atribuya emociones humanas  dijo Michaels. No son ms que molculas qvie se mueven ciegamente. Las fuerzas interatmicas las atraen sobre esas porciones de la pared y las mantienen all. Es algo parecido a la atraccin que ejerce un imn sobre un pedazo de hierro. Calificara usted de maligno el ataque del imn?

Sabiendo ya lo que tena que mirar, Grant poda ver ahora lo que ocurra. Una bacteria, movindose ciegamente entre una nube de anticuerpos, pareca atraerlos, obligarles a posarse encima de ella. Y los anticuerpos se alineaban, uno al lado de otro, enlazando sus tentculos.

 Algunos de los anticuerpos parecen indiferentes...  dijo Grant. No tocan a la bacteria...

 Los anticuerpos son especficos  dijo Michaels . Cada uno de ellos ha sido formado para adaptarse al mosaico de una clase particular de bacteria, o a una molcula protenica especial. En este momento, la mayora de los anticuerpos, aunque no todos, se adaptan a las bacterias que nos rodean. La presencia de estas bacterias particulares ha estimulado la rpida formacin de esta variedad particular de anticuerpos. Cmo se produce este estmulo, es algo que todava ignoramos.

 Dios mo! exclam Duval. Miren!

Una de las bacterias apareca ahora completamente revestida de anticuerpos, los cuales se haban adaptado a todas sus irregularidades, de modo que aqulla pareca ser exactamente igual que antes, pero provista de una pared ms gruesa.

 Se adaptan perfectamente  dijo Cora.

 No; no lo crea. No ve cmo los lazos intermoleculares de las molculas anticuerpos producen una especie de presin sobre la bacteria? Esto es algo que nunca pudo verse claramente, ni siquiera en los microscopios electrnicos, que slo nos muestran objetos muertos.

Rein el silencio entre la tripulacin del "Proteus", el cual, lentamente, iba dejando la bacteria atrs. El revestimiento de anticuerpos pareca endurecerse y apretarse, mientras se encoga la bacteria. Y la concha sigui apretando, apretando, hasta que, de pronto, pareci que la bacteria ceda y quedaba aplastada. Los anticuerpos se juntaron y lo que haba sido como un bastn se convirti en una forma ovoide.

 Han matado a la bacteria  dijo Cora, con repugnancia. La han aplastado literalmente hasta matarla.

 Es muy notable dijo Duval. Qu instrumento de investigacin tenemos en el "Proteus"!

 Est usted seguro de que no debemos temer a los anticuerpos? pregunt Grant.

 As lo creo  respondi Michaels . Los anticuerpos no han sido hechos para nosotros.

Est seguro? Tengo la impresin de que, si se les estimula debidamente, pueden formarse para cualquier cuerpo.

 Supongo que tiene razn; pero, por lo que veo, no los estimulamos.

Owens grit:

 Ms fibras al frente, doctor Michaels. Estamos bien envueltos en esa porquera. Reducen nuestra velocidad.

 Casi hemos salido del ganglio, Owens dijo Michaels.

De vez en cuando, una bacteria serpenteante chocaba con la nave, la cual se estremeca a su contacto; pero la lucha era cada vez ms dbil y las bacterias salan siempre perdiendo. El "Proteus" avanz, saltando y cabeceando, por un nuevo bosque de fibras.

 Adelante en lnea recta  dijo Michaels . Un nuevo giro a la izquierda y nos hallaremos en el canal linftico eferente.

 Arrastramos fibras  dijo Owens . El "Proteus" parece un perro lanudo.

 Cuntos ganglios ms tendremos que cruzar para llegar al cerebro? pregunt Grant.

 Otros tres. Tal vez podamos evitar uno. Pero no estoy muy seguro.

 No podemos hacer esto. Perdemos demasiado tiempo. Fracasaremos si tenemos que cruzar otros tres como ste. No hay ningn... ningn atajo?

Michaels movi la cabeza.

 Ninguno que no nos crease problemas ms graves que los presentes. Pero es seguro que podremos cruzar los ganglios. Las fibras que llevamos a rastras se desprendern, y, si no nos detenemos a contemplar la guerra de las bacterias, podremos ir ms de prisa.

 Y la prxima vez dijo Grant, frunciendo las cejas, presenciaremos una lucha en que intervendrn clulas blancas.

Duval se inclin sobre los mapas de Michaels y dijo:

 Dnde nos hallamos ahora, Michaels?

 En este punto preciso  dijo Michaels, observando atentamente al cirujano.

Duval reflexion un momento.

 Deje que me oriente  dijo . Ahora estamos en el cuello, no?

 S.

Grant pens: en el cuello? Precisamente donde haban iniciado el viaje. Mir el cronmetro. Marcaba 28. Haba transcurrido ms de la mitad de tiempo y volvan a estar en el punto de partida.

 No podramos evitar todos los ganglios dijo Duval, acortando al mismo tiempo nuestra ruta, si girsemos aqu y nos dirigisemos al odo interno? Desde ste hasta el cogulo, la distancia es insignificante.

La frente de Michaels se llen de arrugas

 Esto parece muy bien sobre el mapa  dijo . Un rpido cambio de rumbo, y ya hemos llegado. Pero, ha pensado en lo que significa el paso por el odo interno?

 Qu significa? pregunt Duval.

 No hace falta que le diga, mi querido doctor, que el odo es un aparato destinado a concentrar y amplificar las ondas sonoras. El menor ruido, el menor ruido exterior, produce intensas vibraciones en el odo interno. A nuestra escala de miniaturizacin, estas vibraciones seran mortales.

 S, comprendo dijo Duval, reflexivamente.

 Es continua la vibracin del odo interno? inquiri Grant.

 S, a menos que el silencio sea absoluto, que ningn ruido llegue hasta l. E incluso en este caso, y dado nuestro estado miniaturizado, percibiramos probablemente algn suave movimiento.

 Peor que el movimiento de Brown?

 Posiblemente, no.

 Creo haber comprendido que el sonido tiene que proceder del exterior. Si pasamos por el odo interno, puede verse ste afectado por el zumbido del motor de la nave o por el sonido de nuestras propias voces?

 No; estoy seguro de que no. El odo interno no est preparado para recibir nuestras vibraciones miniaturizadas.

 Entonces, si los que se encuentran en la habitacin del hospital guardan un silencio absoluto...

 Y cmo lograr que lo hagan? pregunt Michaels, y, casi con brutalidad, aadi : Usted desmont el aparato de radio, y es imposible comunicar con ellos.

 Pero pueden seguirnos. Vern que nos dirigimos al odo interno y comprendern la necesidad de guardar silencio.

 Lo comprendern?

 Pueden dejar de comprenderlo? dijo Grant, con impaciencia . La mayora de ellos son mdicos. Conocen perfectamente esta materia.

 Se empea en correr este riesgo?

Grant mir a su alrededor.

 Qu opinan los dems?

 Yo seguir el camino que me sea trazado  dijo Owens , pero no quiero determinarlo yo mismo

 No s  dijo Duval.

 Yo s que lo s dijo Michaels. Me opongo. Grant mir un breve instante a Cora, la cual guard silencio.

 Est bien  dijo aqul . Asumo la responsabilidad. Nos dirigiremos al odo interno. Marque la ruta, Michaels.

 Escuche... dijo ste.

 Mi decisin est tomada, Michaels. Marque la ruta. Michaels enrojeci y, a continuacin, se encogi de hombros.

 Tenemos que girar a la izquierda al llegar al punto que le indico aqu, Owens...

CAPITULO XV: OIDO

Crter levant distradamente su taza de caf. Unas gotas de lquido cayeron sobre la pernera de su pantaln. Aunque se dio cuenta de ello, no le prest atencin.

 Dice usted que han cambiado de rumbo?

 Supongo que habrn pensado que han perdido demasiado tiempo en el ganglio linftico y que querrn evitar el paso por los otros  dijo Reid.

 Est bien. Y adonde se encaminan?

 Todava no lo s con certeza, pero parecen dirigirse al odo interno. Dudo de que sea una medida acertada.

Crter dej la taza y la apart a un lado. Ni siquiera haba tocado el caf.

Por qu no?

Dirigi una rpida mirada al cronmetro. Marcaba 27.

 Ser difcil. Tendremos que vigilar los ruidos.

Por qu?

 Ya puede usted imaginrselo, Al. El odo reacciona a los sonidos. Vibra el caracol. Si el "Proteus" se encuentra cerca de ste, vibrar a su vez, y esta vibracin puede destruirlo.

Crter se inclin hacia delante en su asiento y mir fijamente el rostro tranquilo de Reid.

 Entonces, por qu diablos se dirigen all?

 Seguramente porque presumen que slo siguiendo esta ruta podrn llegar con tiempo a su destino. Aunque tambin es posible que se hayan vuelto locos. No podemos saberlo, ya que han destruido su radio.

 Estn ya all? dijo Crter. Quiero decir, en el odo interno.

Red apret un botn y formul una pregunta.

 Estn a punto de entrar en l  dijo.

 Comprendern los que estn en el quirfano la necesidad de guardar silencio?

 Supongo que s.

 Lo supone. De qu sirven las suposiciones?

 Adems, estarn poco tiempo.

 Puede ser demasiado. Escuche: dgales a los de abajo... No, es demasiado tarde para arriesgarnos. Dme un pedazo de papel y llame a alguien. A cualquiera. A cualquiera.

Entr un guardia armado y salud.

 Oh, cllese!  dijo Crter, con voz cansada y sin devolverle el saludo.

Haba garrapateado en el papel, en letra de imprenta: Silencio! Silencio absoluto mientras el "Proteus" est en el odo.

 Tome esto  dijo al guardia . Vaya al quirfano y mustrelo a cada uno de los que se encuentran all. Asegrese de que lo leean. Si hace usted el menor ruido, le matar. Si dice una sola palabra, le arrancar las tripas. Comprendido?

 S, seor dijo el hombre, pero pareci confuso y alarmado.

 Andando! De prisa! Y qutese los zapatos, maldita sea!

 Qu?

 Que se quite los zapatos. Tiene que entrar descalzo en el quirfano.

Observaron desde el cuarto de control, contando los interminables segundos, hasta que el soldado descalzo penetr en el quirfano y se acerc a cada uno de los mdicos y de las enfermeras, mostrndoles el papel y sealando con el pulgar hacia el cuarto de observacin. Todos asintieron gravemente con la cabeza y permanecieron inmviles. Pareci como si todos los que se hallaban en el cuarto de operaciones acabasen de sufrir un ataque de parlisis.

 Sin duda lo saban ya  dijo ReId . Incluso sin instrucciones.

 Les felicito dijo Crter, furioso. Y ahora, escuche: comunique con todos los controles. Que no toquen ningn timbre, ni campana, ni gong, ni nada. Y que no enciendan ninguna luz; alguien podra sorprenderse y lanzar un gruido.

 Lo cruzarn en pocos segundos.

 Puede que s  dijo Crter ., y puede que no. Apresrese.

Reid se apresur.

**** ** ****

El "Proteus" haba penetrado en una amplia regin de puro lquido. A excepcin de unos pocos anticuerpos que discurran de vez en cuando junto a ellos, slo poda verse el resplandor de los faros de la nave que cruzaba la amarillenta linfa.

Un sonido apagado, casi imperceptible para el odo, pareci resbalar sobre la embarcacin, como si sta se hubiese deslizado sobre una tabla. Esto se repiti varias veces.

 Owens!  grit Michaels . Tiene la bondad de apagar las luces de la cabina?

Inmediatamente aument la claridad en el exterior.

 Ven ustedes eso? pregunt Michaels.

Los otros miraron fijamente. Grant no vio nada.

 Nos hallamos ahora en el caracol del odo dijo Michaels ; dentro del tubito en espiral del odo interno, gracias al cual podemos or. Benes puede or gracias a ste. Segn los sonidos, vibra de manera diferente. Lo ven?

Ahora, Grant lo vio. Una especie de sombra en el fluido; una sombra enorme y plana que pas y se perdi detrs de ellos.

 Es una onda sonora  dijo Michaels . Al menos, puede expresarse as. Una onda de compresin que hemos podido captar de algn modo con nuestra luz miniaturizada.

 Significa esto que alguien est hablando? pregunt Cora.

 Oh, no! Si alguien estuviese hablando o hiciese algn ruido, sufriramos el ms espantoso de los terremotos. Sin embargo, incluso en el silencio ms absoluto, el caracol del odo capta algunos sonidos: el latido distante del corazn, el roce de la sangre al pasar por las diminutas venas y arterias del odo, etctera. No han aplicado alguna vez el odo a un caracol marino y escuchado el rumor del ocano? Lo que en realidad han escuchado ha sido el sonido ampliado de su propio ocano, de su torrente sanguneo.

 Puede ser esto peligroso? pregunt Grant.

Michaels se encogi de hombros.

 No ser peor que ahora..., con tal de que nadie hable.

Duval, que haba vuelto a su cuarto de trabajo y estaba de nuevo inclinado sobre el lser, levant la cabeza y dijo:

 Por qu avanzamos ms despacio? Owens!

 Algo funciona mal  dijo Owens . El motor est fallando, y no s por qu.

Todos tuvieron la creciente sensacin de que bajaban en un ascensor, y, efectivamente, el "Proteus" se hunda en el conducto.

Tocaron fondo, con una pequea sacudida, y Duval dej su escalpelo.

 Qu ocurre ahora? dijo.

Owens respondi, muy inquieto:

 El motor se estaba calentando con exceso y tuve que pararlo. Creo...

Qu?

 Deben de ser aquellas fibras reticulares. Las malditas algas. Habrn obstruido los tubos de refrigeracin. No se me ocurre otra causa.

 No puede expulsarlas? pregunt Grant, con ansiedad.

Owens movi la cabeza.

 Imposible. Son tubos aspirantes. Absorben hacia dentro.

 En tal caso, slo podemos hacer una cosa  dijo Grant. Limpiarlos desde el exterior, para lo cual tendremos que nadar un poco ms.

Y, con ceo fruncido, empez a ponerse el traje de inmersin.

Cora miraba ansiosamente por la ventanilla.

 Hay anticuerpos ah fuera dijo.

 No muchos  respondi Grant, brevemente.

 Pero, y si atacan?

 No es probable dijo Michaels, confiadamente. No son sensibles a la estructura humana, y, mientras no sean lesionados los tejidos, lo ms probable es que los anticuerpos mantengan una actitud pasiva.

 Ya lo ve  dijo Grant.

Pero Cora sacudi la cabeza.

Duval, que haba escuchado durante un momento, volvi a inclinarse sobre el hilo que estaba limando, comparndolo atentamente con el original y hacindolo girar despus entre sus dedos, para comprobar la uniformidad de su dimetro.

Grant sali por la escotilla inferior de la nave y cay sobre el fondo liso y elstico del caracol. Contempl tristemente la embarcacin. Ya no era la limpia y lisa estructura metlica que haba sido, sino que apareca spera y sucia.

Agit los pies en la linfa y se dirigi hacia la popa del barco. Owens tena razn. Las vlvulas aspirantes estaban obstruidas por una gran cantidad de fibras.

Grant agarr dos puados y tir con fuerza. Se desprendan a duras penas y muchas se rompan en la superficie de los filtros de la vlvula.

La voz de Michaels vibr en el pequeo receptor.

 Cmo est eso?

 Muy mal  respondi Grant.

 Cunto tiempo va a necesitar? El cronmetro indica veintisis.

 Necesitar un buen rato.

Grant empez a tirar desesperadamente; pero la viscosidad de la linfa entorpeca sus movimientos y la resistencia de las fibras era enorme.

Dentro de la nave, Cora dijo, excitada:

 No convendra que alguno de nosotros fuera en su ayuda?

 Tal vez... vacil Michaels.

 Ir yo  dijo ella, cogiendo su traje de inmersin.

 De acuerdo  exclam Michaels . Ir yo tambin. Es mejor que Owens permanezca en la cabina de los mandos.

 Y creo que tambin yo debo quedarme  dijo Duval. Estoy a punto de terminar mi trabajo.

 Naturalmente, doctor Duval  dijo Cora, ajustandose la mascarilla.

La tarea sigui siendo bastante lenta, a pesar de que ahora eran tres los que se hallaban a popa de la nave, tirando desesperadamente de las fibras, arrancndolas y soltndolas en la dbil corriente. Pero empezaron a verse los filtros metlicos, y Grant empuj algunas de las fibras ms recalcitrantes hacia el interior del tubo.

 Confo en que esto no ser muy perjudicial para la nave; pero es que no puedo extraerlas. Owens! Qu pasar si algunas de estas fibras van a parar al interior del tubo?

La voz de Owens respondi:

 Se carbonizarn en el motor y lo ensuciarn. Significar un pesado trabajo de limpieza cuando salgamos de aqu.

 Una vez fuera, me importa un bledo que tenga que rascar toda esta puerca embarcacin.

Grant empuj las fibras que estaban a ras del filtro y sigui arrancando las otras. Cora y Michaels hicieron lo propio.

 Lo estamos logrando  dijo Cora.

 Pero llevamos en el caracol mucho ms tiempo de lo que habamos calculado objet Michaels. Cualquier ruido, en el momento menos pensado...

 Cllese  dijo Grant, irritado  y termine su trabajo.

Crter hizo ademn de arrancarse los cabellos, pero se contuvo a tiempo.

 No, no, no, NO!  grit . Se han parado otra vez. Y seal una de las pantallas de televisin, en la que apareca un mensaje escrito en un papel.

Al  menos  han  recordado  que no  deban hablar  dijo Reid. Por qu cree que se habrn detenido?

 Y cmo diablos quiere que lo sepa? Tal vez se han parado para tomar caf. O para darse un bao de sol. Talla vez la chica... No termin la frase. No lo s. Lo nico que s es que slo nos quedan veinticuatro minutos.

 Cuanto ms tiempo permanezcan en el odo interno  dijo Reid , ms fcil es que cualquier estpido haga ruido..., estornude .., qu se yo!

 Es verdad  dijo Crter, pensativo. Despus exclam, en voz baja : Dios mo! Siempre es la solucin ms fcil la que dejamos de ver. Llame a ese ordenanza.

Volvi a entrar el soldado de guardia. Esta vez no salud.

 No se ha puesto usted los zapatos? dijo Crter. Magnfico. Lleve esto abajo y mustrelo a una de las enfermeras. Recuerda lo que le dije sobre arrancarle las tripas?

 S, seor.

El mensaje deca: ALGODN EN LOS ODOS DE BENES.

Crter encendi un cigarro y observ a travs de la ventanilla del cuarto de control mientras el hombre penetraba en el quirfano, vacilaba un momento y se diriga despus, con paso rpido, a una de las enfermeras.

sta sonri, mir hacia arriba en direccin a Crter y form un crculo con el ndice y el pulgar.

 Tengo que pensar en todo  dijo Crter.

 Con esto  dijo Reid , slo lograr amortiguar el ruido. Pero no impedir que ste se produzca.

 Ya sabe lo que dicen: cuando no hay pan, buenas son tortas  replic Crter.

La enfermera se descalz y se plant en dos zancadas junto a una de las mesas. Abri cuidadosamente un bote de algodn hidrfilo y desenroll unos dos palmos de ste.

Asi un puado de algodn con una mano, y tir de l. El algodn se resisti. Tir ms fuerte. Su mano salt hacia atrs, chocando con un par de tijeras que haba sobre la mesa.

stas resbalaron sobre la mesa y cayeron al duro suelo. La enfermera alarg desesperadamente un pie, ponindolo encima de aqullas; pero no antes de que resonara un agudo ruido metlico, como el hipo de un ngel cado.

La enfermera enrojeci, llena de pnico mortal; todos los que se hallaban en el quirfano se volvieron a mirarla, y Crter dej caer el cigarrillo y se derrumb en su silla.

 Esto es el fin! dijo.

**** ** ****

Owens puso en marcha el motor y comprob los mandos. La aguja de control de temperatura, que haba permanecido en la zona de peligro casi desde que haban entrado en el caracol del odo, empez a bajar rpidamente.

 Parece que est bien dijo. Han terminado ustedes?

La voz de Grant son junto a su odo:

 Creo que s. Preprese para arrancar. Vamos a entrar en seguida.

Y en aquel instante pareci que el universo se hunda. Fue como si un enorme puo hubiese golpeado al "Proteus" por debajo, lanzndolo hacia arriba. Owens se agarr desesperadamente a uno de los tableros, mientras oa un trueno lejano.

Abajo, Duval apret el lser con igual desesperacin, tratando de protegerlo contra un mundo que se haba vuelto loco.

En el exterior, Grant se sinti lanzado hacia arriba, como arrastrado por una enorme oleada Sigui subiendo, subiendo, hasta chocar con la pared del caracol. Y rebot en sta, que pareca hincharse hacia dentro.

Una porcin de su cerebro, que haba conservado milagrosamente la calma, le dijo que lo que estaba presenciando era, a la escala ordinaria, la rpida y microscpica vibracin de la pared estimulada por un sbito ruido; pero esta compresin qued pronto diluida en su inmenso pnico.

Grant trat desesperadamente de localizar el "Proteus", pero slo pudo distinguir un fugaz reflejo de sus faros de proa sobre un distante sector de la pared.

Cora estaba agarrada a un saliente del Proteus en el momento en que se produjo la vibracin. Instintivamente, se aferr con todas sus fuerzas y, por un instante, cabalg en el "Proteus" como en el ms indomable y rabioso de los caballos. Quedse sin resuello y, al aflojar su presa, resbal sobre el suelo de la membrana donde haba descansado la embarcacin.

Los faros de proa de la nave iluminaron el espacio ante ella; Cora, horrorizada, intent frenar su carrera; pero todos sus esfuerzos resultaron intiles Era como si intentase detener un alud clavando los tacones en la nieve.

Saba que avanzaba en direccin a una parte del rgano de Corti, en el centro bsico del odo Entre los componentes del rgano estaban las clulas ciliares; quince mil, en total. Ahora poda ver unas cuantas; cada una de ellas con su delicado y microscpico apndice en posicin erguida. Cierto nmero de ellas vibraban delicadamente, segn el tono y la intensidad de las ondas sonoras que llegaban al odo interno y eran all amplificadas.

Esto, empero, es como lo habra visto en un curso de fisiologa; frases vlidas en un Universo a escala normal. Lo que vea aqu era un abrupto precipicio y, ms all, una serie de altas y graciosas columnas, que oscilaban de una manera regular, pero no al unsono, sino ms bien sucesivamente, como si pasara una ola sobre toda su estructura.

Cora sigui deslizndose y girando sobre el precipicio, en un mundo de paredes y columnas vibrtiles. El faro que llevaba sujeto al casco despeda errticos destellos, mientras ella descenda dando tumbos. Sinti que algo tiraba de su traje y sinti que chocaba con un objeto firme y elstico. Se qued colgando cabeza abajo, temerosa de moverse y de que cediese aquella cosa a la que se haba enganchado, provocando la continuacin de su cada.

Gir primero hacia un lado y despus hacia otro, al oscilar majestuosamente la columna de la que penda y que no era ms que un pelo microscpico de una de las clulas ciliares del rgano de Corti.

Al cabo de un momento recobr el resuello y oy pronunciar su propio nombre. Alguien la estaba llamando. Temerosamente, emiti un gemido. Despus, animada por el sonido de su propia voz, chill con todas sus fuerzas:

 Auxilio!  Aydenme!  Auxilio!

**** ** ****

Haba pasado el primer embate devastador, y Owens pugnaba por dominar la embarcacin en aquel mar todava turbulento. El sonido, fuese lo que fuese, haba sido indudablemente intenso, pero tambin agudo, y haba cesado rpidamente. A esto debieron su salvacin. Si hubiese continuado un poquitn ms...

Duval, que protega el lser sujetndolo bajo un brazo y estaba sentado de espaldas a la pared y con los pies desesperadamente apretados a una de las patas del banco, grit:

 Pas ya?

 Creo que hemos podido salir de sta  le respondi Owens. Los mandos responden.

 Ser mejor que nos larguemos cuanto antes.

 Tenemos que recoger a los otros.

 Oh, s!  dijo Duval . Lo haba olvidado.  Se encogi cuidadosamente, apoy una mano en la pared para mantener el equilibrio y se puso lentamente en pie, sin soltar el lser. Hgales entrar.

Owens llam:

 Michaels! Grant!  Miss Peterson!

 Ya voy  dijo Michaels . Creo que no me he roto nada.

 Espere! grit Grant. No veo a Cora!

El "Proteus" se haba inmovilizado. Grant, respirando fatigosamente y sintindose bastante trastornado, ech a nadar en direccin a las luces de proa.

 Cora! grit.

Y lleg hasta l la desgarrada respuesta:

 Auxilio! Aydenme! Auxilio!

Grant mir a su alrededor, en todas direcciones. Grit desesperadamente:

 Cora! Dnde est?

 No puedo decirlo con exactitud  respondi la voz de ella. Estoy entre las clulas ciliares.

 Dnde estn? Dnde estn las clulas ciliares, Michaels?

Grant haba visto a Michaels, que se acercaba a la nave desde otra direccin; su cuerpo formaba una sombra opaca en la linfa, mientras el pequeo faro de su casco trazaba una fina raya frente a l.

 Espere a que me oriente un poco  dijo Michaels. Agit velozmente los pies y, luego, grit : Ponga al mximo las luces de proa, Owens.

Inmediatamente aument la intensidad de la luz. Michaels dijo:

 Por aqu!  Sgame, Owens!  Necesitaremos la luz. Grant sigui detrs de Michaels, que se alejaba velozmente, y vio el precipicio y las columnas delante de l.

 Ah? pregunt, indeciso.

 Debe de ser ah  respondi Michaels.

Haban llegado al borde de la sima; el barco estaba detrs de ellos, derramando su luz entre la cavernosa hilera de columnas que todava seguan oscilando suavemente.

 No la veo  dijo Michaels.

 Yo, s  dijo Grant, sealando con la mano . No est all? La veo, Cora! Mueva el brazo para que pueda estar seguro.

Ella agit el brazo.

 Est bien. Voy en su busca. La sacaremos de aqu en menos que canta un gallo.

Cora se dispuso a esperar, y sinti un leve contacto en la rodilla, un contacto dbilsimo como el roce de una mosca. Mir a su alrededor y no vio nada.

Sinti otro contacto cerca del hombro, y luego un tercero.

De pronto los vio; eran muy pocos y parecan menudos copos de algodn provistos de temblorosos filamentos. Las molculas protenicas de los anticuerpos. Pareca como si estuvieran explorando su superficie, palpndola, probndola, para decidir si era o no inofensiva. Eran pocos, pero salan otros de entre las columnas y se movan en direccin a ella. A la luz miniaturizada del "Proteus", poda verlos ahora con toda claridad. Cada uno de los filamentos brillaba como un tembloroso rayo de sol.

 Vengan de prisa!  grit . Esto est lleno de anticuerpos.

Su memoria evocaba con demasiada claridad la imagen de los anticuerpos revistiendo la clula bacteriana, cubrindola completamente y aplastndola a continuacin al juntarse merced a las fuerzas intermoleculares. Un anticuerpo toc su codo y qued agarrado a l. Ella agit el brazo con tanta repugnancia como temor, de modo que todo su cuerpo se torci y choc con la columna. El anticuerpo no solt presa. Otro se reuni con l, entrelazando sus filamentos y adaptndose entre s perfectamente.

**** ** ****

 Anticuerpos...  murmur Grant.

Michaels dijo:

 Debe de haber daado los tejidos prximos y provocado su aparicin.

 Pueden hacerle algo?

 No inmediatamente. No estn sensibilizados con respecto a ella. No hay anticuerpos adaptados a su forma. Sin embargo, alguno de ellos puede adaptarse a algn punto por mera casualidad y estimular la formacin de otros igualmente adaptables. En tal caso, podran acudir en masa.

Grant poda distinguirlos ya, girando alrededor de ella como un enjambre de pequeas moscas.

 Michaels  dijo , vuelva usted al submarino. Basta con que se exponga una persona. La sacar de aqu de alguna manera. Si no lo consigo, ya cuidarn ustedes tres de llevar al barco lo que quede de nosotros. No podemos correr el riesgo de desminiaturizarnos aqu.

Michaels vacil y luego dijo:

 Tenga cuidado.

Y, dando media vuelta, se dirigi al "Proteus".

Grant sigui nadando en direccin a Cora. La turbulencia producida por su avance imprimi un rpido movimiento giratorio a los anticuerpos.

 Salgamos de aqu en seguida, Cora jade.

 Oh, Grant! De prisa!

l empez a tirar desesneradamente de las bombonas de oxgeno de Cora, que haban hendido una columna, quedndose pegados a ella. Gruesos filamentos de una materia viscosa brotaban de la hendidura, y tal vez eran ellos los que haban provocado la llegada de los anticuerpos.

 No se mueva, Cora. Deie que... Ah! El tobillo de Cora haba quedado aprisionado entre dos fibras, y l las separ. Ahora. Venga conmigo.

Ambos dieron una media voltereta y empezaron a alejarse. El cuerpo de Cora estaba lleno de pegadizos anticuerpos, pero el grueso de stos qued de momento atrs. Pero desrjus. orientados por algo eme deba de ser equivalente al olfato a escala microscpica, emoezaron a seguirlos; orimero, unos pocos; desuus, muchos de ellos, y, por ltimo, todo el creciente enjambre.

 No podremos llegar  iade Cora.

 S que podremos  dijo Grant . No escatime la fuerza de sus msculos.

 Es que siguen pegndose. Tengo miedo. Grant.

Grant la mir por encima del hombro y se ech un poco atrs. Ella tena la espalda medio cubierta de un mosaico de conos de algodn. Al menos en aquella parte de su cuerpo, haban sabido adaptarse a su superficie.

l le frot la espalda apresuradamente, pero los anticuerpos permanecieron agarrados a ella, aplanndose al contacto de su mano y recobrando despus su forma primitiva. Unos cuantos empezaban ahora a probar y catar el cuerpo de Grant.

 Ms de prisa, Cora!

 No puedo...

 S que puede. Agrrese a m, quiere?

Siguieron ascendiendo, pasaron sobre el borde del precipicio y avanzaron en direccin al "Proteus", que les estaba esperando.

**** ** ****

Duval ayud a Michaels a pasar por la escotilla.

 Qu ha pasado ah fuera?

Michaels se quit el casco y jade:

 Miss Peterson qued atrapada en las clulas de Hensen. Grant est tratando de liberarla, pero los anticuerpos bullen a su alrededor.

Duval abri los ojos con espanto.

 Qu podemos hacer?

 No lo s. Tal vez logre sacarla de all. En otro caso, tendremos que seguir adelante.

 No podemos abandonarlos!  dijo Owens.

 Claro que no! dijo Duval. Tenemos que dirigirnos all los tres y... Se interrumpi y aadi despus, con voz ronca : Por qu ha vuelto usted, Michaels? Por qu no se ha quedado all?

Michaels mir a Duval con hostilidad.

 Porque nada poda hacer  dijo . Yo no tengo los msculos ni los reflejos de Grant. Les habra estorbado. Si quiere usted ayudarles, puede ir.

 Tenemos que traerlos, vivos o... o como sea  dijo Owens. Empezarn a desminiaturizarse dentro de un cuarto de hora aproximadamente.

 Est bien grit Duval. Pongmonos los trajes de inmersin y vayamos inmediatamente a su encuentro.

 Espere dijo Owens. Ah vienen. Voy a preparar la escotilla.

**** ** ****

Grant tena la mano fuertemente asida a la rueda de la escotilla, mientras brillaba la luz roja encima de l. Pellizc los anticuerpos pegados a la espalda de Cora, apresando las fibras lanudas de uno de ellos entre el ndice y el pulgar y sintiendo cmo se encoga hasta convertirse en una especie de ncleo fibroso.

Esto es una cadena peptnica, pens.

Vagos recuerdos de sus das de instituto acudieron a su mente. En una ocasin, haba logrado escribir la frmula qumica de una porcin de aquella cadena, y ahora tena ante l el ser real. Si tuviese un microscopio, podra ver los tomos individuales? No; Michaels haba dicho que stos se disolveran en la nada, hiciera lo que hiciera.

Tir de la molcula anticuerpo. sta permaneci al principio fuertemente agarrada, pero al fin cedi. Las molculas contiguas, firmemente sujetas a aqulla, se desprendieron tambin. Salt todo un pegote, y Grant las arroj, chapaleando para alejarlas. Permanecieron juntas y volvieron atrs, buscando el sitio donde se haban agarrado.

No tenan cerebro, ni siquiera en forma primitiva, y era estpido imaginarlas como monstruos rapaces o al menos como vidas moscas. No eran ms que molculas, con los tomos dispuestos de tal modo que las hacan agarrarse a las superficies adecuadas por el ciego impulso de las fuerzas interatmicas. Una frase surgi de lo ms recndito de la memoria de Grant: Fuer/as de Van der Waals. Nada ms que esto.

Sigui tirando de los copos adheridos a la espalda de Cora. sta grit:

 Ya vienen, Grant. Entremos en la nave.

Grant mir hacia atrs. Las molculas avanzaban en direccin a l, percibiendo su presencia. Hileras y cadenas de ellas se elevaban sobre el borde del precipicio y bajaban hacia ellos como ciegas culebras.

 Tenemos que esperar... dijo Grant. De pronto, brill la luz verde . Por fin! Adelante!

Desesperadamente, hizo girar la rueda.

Estaban rodeados de anticuerpos, los cuales atacaban sobre todo a Cora. Haban sido sensibilizados con respecto a ella y mostraban ahora menos vacilaciones. Se agarraban y se unan, cubriendo sus hombros y formando su lanoso mosaico sobre su abdomen. Vacilaron sobre la curva tridimensional y desigual de los senos, como si esto resultara algo nuevo para ellos.

Grant no tuvo tiempo de ayudar a Cora en sus vanos esfuerzos por librarse de los anticuerpos. Abri la puerta de la escotilla, empuj a Cora al interior, con anticuerpos y todo, y se desliz detrs de ella. Apenas si caban los dos en el compartimiento.

Empuj vigorosamente la puerta, mientras los anticuerpos seguan introducindose por ella. La puerta se cerr sobre su masa elstica, pero las vellosidades de centenares de ellos impedan que acabase de cerrarse. Grant empuj con la espalda para contrarrestar su presin y logr hacer girar la rueda de cierre de la puerta. Una docena de menudos copos de lana, suaves y casi bonitos si se observaban separadamente, se retorcieron dbilmente en la rendija entre la puerta y la pared. Pero muchos centenares de ellos, que no haban sido atrapados, llenaban el fluido a su alrededor. El aire comprimido empez a expulsar el lquido, silbando en sus odos; pero, en aquel momento, Grant slo pensaba en arrancar los anticuerpos adheridos a Cora. Algunos se haban fijado a su propio pecho, pero esto no tena importancia. En cambio, cubran todo el estmago y la espalda de Cora. Haban formado una franja compacta alrededor de su cuerpo, desde el pecho a los muslos.

 Me estn comprimiendo, Grant  dijo ella.

A travs del cristal de su mscara, Grant pudo ver la angustia pintada en su rostro; y advirti tambin que tena que hacer un esfuerzo para hablar.

El lquido descenda rpidamente de nivel; pero no podan esperar. Grant golpe la puerta interior.

 No... no... puedo res... jade Cora.

Se abri la puerta y el lquido que an quedaba en la cmara se desparram en el suelo de la nave. Duval estir un brazo, agarr a Cora y tir de ella. Grant la sigui.

 Dios santo!  exclam Owens . Miren cmo vienen!

Con gesto de disgusto y repugnancia, empez a tirar de los anticuerpos, como haba hecho Grant.

Se desprendi una hilera, y otra, y otra.

 Ahora es fcil dijo Grant, con una ligera sonrisa. Basta con expulsarlos.

Todos pusieron manos a la obra. Los corpsculos caan en la capa de fluido que se haba extendido por el suelo de la embarcacin y se agitaban dbilmente.

 Su constitucin slo les permite actuar en el fluido del cuerpo  dijo Duval . En cuanto se encuentran rodeados de aire, las atracciones moleculares cambian de naturaleza.

 Bueno; nos hemos librado de ellos, Cora...

Cora respiraba con profundos y entrecortados jadeos. Duval le quit delicadamente el casco; pero ella se agarr al brazo de Grant y rompi a llorar sbitamente.

 Pas tanto miedo...! solloz.

 Lo pasamos los dos  afirm Grant . Cundo dejar de pensar que es malo sentir miedo? El miedo tiene una finalidad, no sabe?  Le acarici el cabello . Hace fluir la adrenalina, de manera que uno puede nadar ms de prisa y aguantar ms tiempo. Un adecuado mecanismo del miedo es la condicin bsica del herosmo.

Duval empuj a Grant con impaciencia.

 Est usted bien, Miss Peterson? Cora respir profundamente y, haciendo un esfuerzo, pero con voz tranquila, dijo:

 Perfectamente, doctor.

 Tenemos que salir de aqu  dijo Owens, que haba vuelto a su cabina. Se est agotando el tiempo.

CAPITULO XVI: CEREBRO

En el cuarto de control, los receptores de televisin parecieron volver a la vida.

 General Crter...

 S. Qu pasa ahora?

 Se han puesto de nuevo en marcha, seor. Han salido del odo y se dirigen velozmente al cogulo.

 Ah! Han sobrevivido!  Mir el cronmetro, que marcaba 12. Doce minutos dijo.

Mir vagamente a su alrededor, buscando su cigarro, y lo vio en el suelo, pisoteado. Lo recogi, comprob que estaba aplastado y lo tir con disgusto

 Doce minutos. Podrn llegar, Reid?

Reid se haba derrumbado en su silla. Pareca angustiado.

 Pueden llegar. Incluso es posible que destruyan el cogulo. Pero...

 Pero, qu?

 No s si tendremos tiempo de sacarlos de all. No podemos hacerlo mientras estn en el cerebro, sabe? Si esto fuera posible, igual hubiramos podido destruir el cogulo desde fuera. Esto significa que tienen que llegar al cerebro y seguir despus hasta algn sitio del cual puedan ser extrados. Si no lo hacen...

 Me han trado dos tazas de caf y un cigarro  dijo Crter, enfurruado, y no he podido tomar un sorbo ni aspirar una bocanada...

 Estn llegando a la base del cerebro dijo el altavoz.

Michaels haba vuelto a su mapa. Grant estaba detrs de l, contemplando el complejo dibujo.

 Est el cogulo ah?

 S  dijo Michaels.

 Parece muy lejano. Slo nos quedan doce minutos. |

 No est tan lejos como parece. Ahora podemos navegar sin obstculos. Llegaremos a la base del cerebro en menos de un minuto, y, desde all hasta el cogulo, ser un momento...

De pronto, se hizo un gran resplandor alrededor de la nave. Grant levant la cabeza, asombrado, y vio, en el exterior, una enorme pared de luz lechosa, cuyos lmites permanecan invisibles.

 El tmpano del odo  dijo Michaels . Al otro lado, se encuentra el mundo exterior.

Grant sinti de pronto una aoranza casi insoportable. Haba estado a punto de olvidar que exista un mundo exterior. Tena la impresin de que haba estado toda su vida navegando por un mundo de pesadilla, de tubos y de monstruos, como el Holands Errante del sistema circulatorio... Pero, no; all estaba la luz del mundo exterior, filtrndose a travs del tmpano.

Michaels se inclin sobre el mapa y dijo:

 Usted me orden que volviera al barco cuando estbamos entre las clulas ciliares, no es verdad, Grant?

 As fue, Michaels. Quera que estuviera en la nave y no en aquellas clulas.

 Dgaselo a Duval. Su actitud ..

 Por qu se preocupa? Su actitud es siempre desagradable, no?

 Esta vez se mostr insultante. No pretendo ser un hroe...

 Prestar testimonio a su favor.

 Gracias, Grant. Y... y no pierda de vista a Duval.

Grant se ech a rer.

 Descuide.

En el mismo instante se acerc Duval, como si advirtiera que estaban hablando de l, y dijo bruscamente:

 Dnde estamos, Michaels?

Michaels le mir con expresin dolida y respondi:

 Estamos a punto de entrar en la cavidad subaracnoides. Justo en la base del cerebro  aadi, dirigindose a Grant.

 Est bien. Qu le parece si entrsemos ms all del nervio oculomotor?

 De acuerdo  dijo Michaels . Si cree que es lo ms conveniente para llegar al cogulo, entraremos por all.

Grant se apart de ellos e inclin la cabeza para entrar en el cuarto almacn, donde Cora yaca en una litera.

sta hizo ademn de levantarse, pero l alz una mano.

 No se levante. Qudese ah.

Y se sent en el suelo, al lado de ella, encogiendo las rodillas y rodendolas con los brazos. Sonri a la joven, y ella le dijo:

 Estoy perfectamente. Esto no son ms que melindres y ganas de estar tumbada.

 Bien hecho. Es usted la melindrosa ms linda que jams he visto. Voy a imitarla durante un minuto, si no le parece mal.

Ella le devolvi la sonrisa.

 Me resultar difcil quejarme de usted en lo sucesivo. A fin de cuentas, parece exclusivamente dedicado a salvarme la vida.

 No es ms que parte de una campaa astuta y extraordinariamente sutil para que se sienta obligada conmigo.

 Y lo estoy! Sin duda alguna!

 Se lo recordar a su debido tiempo.

 Hgalo, por favor. Y ahora, en serio, Grant: muchas gracias.

 Me gusta que me d las gracias, pero no hago ms que cumplir mi misin. Por esto me enviaron aqu. Recuerde: debo tomar las decisiones y remediar los apuros.

 Pero esto no es todo, verdad?

 Le parece poco? protest Grant. Cuido de introducir snorkel en los pulmones, de arrancar algas de los tubos de escape y, sobre todo, de no apartarme de las mujeres bonitas.

 Pero esto no es todo  repiti . Est usted aqu para vigilar al doctor Duval, no es cierto?

 Por qu lo dice?

 Porque es verdad. Las altas esferas de las FDMC no confan en el doctor Duval. Nunca lo han hecho.

Por qu?

 Porque es un hombre abnegado, completamente inocente, pero que se compromete con facilidad. Ofende a los dems, no porque se lo proponga, sino porque no se da cuenta de que resulta ofensivo. Para l, no existe ms que su trabajo...

 Ni siquiera las ayudantes bonitas?

Cora se ruboriz.

 Supongo que... ni siquiera las ayudantes. Sin embargo, aprecia mi trabajo; lo aprecia de verdad.

 Y seguira aprecindolo si otra persona la apreciase a usted?

Cora desvi la mirada, y luego dijo, con firmeza:

 Pero no es desleal. Lo malo es que es partidario del libre intercambio de informacin con el Otro Lado, y adems lo dice, porque no sabe reservarse sus opiniones. Entonces, cuando los otros discrepan de l, les dice que son unos estpidos.

Grant asinti con la cabeza.

 S; me lo imagino. Y por eso todo el mundo lo adora, porque a la gente le gusta que la llamen estpida.

 Bueno; es su manera de ser.

 Escuche: no debe preocuparse por esto. No desconfo de Duval ms que de cualquiera de los otros.

 Michaels s que desconfa de l.

 Lo s. Hay momentos en que Michaels desconfa de todos, tanto de los de dentro como de los de fuera del barco. Incluso desconfa de m. Pero le aseguro que no le presto ms atencin de la que creo que merece.

Cora pareci inquieta.

 Quiero decir que Michaels piensa que estrope deliberadamente el lser? Que el doctor Duval y yo..., puestos de acuerdo...?

 Creo que lo considera una posibilidad.

 Y usted, Grant?

 Tambin opino que es una posibilidad.

 Pero, lo cree?

 Es una posibilidad, Cora. Entre otras muchsimas. Algunas posibilidades son ms probables que otras. Deje que yo solo me ocupe de este asunto, querida.

Antes de que ella pudiera responder, ambos oyeron la voz furiosa de Duval:

 No, no y no! Ni hablar de ello, Michaels. Y no tolerar que un necio me diga lo que tengo que hacer.

 Necio! Quiere que le diga lo que es usted, hijo de...?

Grant corri hacia proa y Cora le sigui, pisndole los talones.

 Cllense! dijo Grant. Qu sucede?

Duval se volvi y dijo, echando chispas:

 He reparado el lser. El hilo ha sido adelgazado debidamente; lo he conectado con el transistor y he colocado ste en su sitio. Se lo he dicho a ese necio... Volvi la cara en direccin a Michaels, y repiti : S, a ese necio..., porque me lo ha preguntado.

 Bueno  dijo Grant . Y qu hay de malo en todo eso?

Michaels respondi, acaloradamente:

 Pues que una cosa es lo que diga ese hijo de perra, y otra lo que haya hecho en realidad. Ha juntado varias piezas, y esto tambin puedo hacerlo yo. Puede hacerlo cualquiera. Pero, cmo sabe que el aparato funciona?

 Porque lo s. Hace veinte aos que trabajo con lser. S perfectamente cundo funcionan.

 Entonces, demustrelo, doctor. Hganos compartir su seguridad. Haga una prueba!

 No! O el aparato funciona, o no funciona. Si no funcionase, no podra repararlo en modo alguno, porque he hecho ya todo lo posible. Esto significa que no perdemos nada si espero a llegar al cogulo y descubrimos all que no funciona. En cambio, si funciona, y funcionar, no debemos olvidar que ha sido recompuesto. No s cunto puede durar; pero supongo que slo podr hacer una docena de descargas, como mximo. Quiero reservarlas todas ellas para el cogulo, sin desperdiciar una sola. No

quiero que fracase la misin por haber ensayado el lser una sola vez.

 Y yo le digo que tiene que probarlo  dijo Michaels . Si no lo hace, le juro, Duval, que, en cuanto estemos de regreso, le arrastrar ante las FDMC y har que lo despedacen en trozos tan pequeos que...

 Esto me preocupar tal vez cuando volvamos. Mientras tanto, el lser es mo y har con l lo que se me antoje. No puede usted obligarme a hacer lo que no quiero, y tampoco Grant puede obligarme.

Grant movi la cabeza.

 Yo no le obligo a hacer nada, doctor Duval. Duval asinti con un breve movimiento de cabeza y gir sobre sus talones.

Michaels le mir mientras se alejaba.

 Me las pagar!

 En este caso  dijo Grant , l tiene razn, Michaels. No estar usted resentido con l por motivos personales?

 Porque me llama cobarde y necio? Desde luego, no es la mejor manera de ganarse mi aprecio. Pero mi simpata o antipata personales no tienen la menor importancia. Creo que es un traidor.

 Eso es totalmente falso  respondi Cora, indignada.

 Dudo mucho que sea usted un testigo imparcial en este caso dijo Michaels, con voz helada. Pero dejemos esto. Ya veremos lo que hace Duval cuando lleguemos al cogulo.

 Lo eliminar dijo Cora, si el lser funciona.

 Si funciona... dijo Michaels. En cuyo caso no me sorprendera que matase a Benes... y no por accidente.

**** ** ****

Crter se haba quitado la guerrera y remangado las mangas de la camisa. Estaba casi tumbado en la butaca, apoyndose en la rabadilla, y tena en la boca un segundo cigarro, el cual acababa de encender. Pero no aspiraba el humo.

 Han llegado al cerebro? dijo.

El bigote de ReId haba perdido al fin su rigidez. El hombre se frot los ojos.

 Prcticamente, estn en el cogulo. Se han detenido. Crter mir el cronmetro, que marcaba 9.

Se senta agotado, carente de jugos, de adrenalina, de tensin, de fuerza vital.

 Cree que lo lograrn?  dijo.

Reid movi la cabeza.

 No; no lo creo.

Dentro de nueve minutos, tal vez diez, los hombres, la embarcacin y todo lo dems, recobraran su tamao natural, haciendo estallar el cuerpo de Benes si no eran extrados a tiempo.

Crter pens en lo que diran de las FDMC los peridicos si fracasaba el intento. Crev or los discursos de todos los polticos del pas, y de los del Otro Lado. Qu retroceso significara para las FDMC? Cuntos meses, o aos, tardaran stas en rehabilitarse?

Fatigosamente, empez a redactar mentalmente su carta de dimisin.

**** ** ****

 Hemos penetrado en el cerebro anunci Owens, dominando su excitacin.

Reduio una vez ms la iluminacin interior de la nave. Todos miraron al frente y se sintieron tan maravillados que todo lo dems, incluso el objeto de su misin, se borr or un instante de su mente.

 Qu maravilla!  murmur Duval . ste es el punto culminante de la Creacin.

Grant experiment tambin esta impresin. Indudablemente, el cerebro humano era el instrumento ms complicado del Universo, encerrado en el menor espacio posible.

Les rodeaba un inmenso silencio. Las clulas que alcanzaban a ver eran desiguales, melladas, y estaban provistas de una especie de dendritas fibrosas, que brotaban aau y all como matojos. Mientras navegaban por el fluido intersticial y a lo largo de los pasadizos entre las clulas, pudieron ver las dendritas oscilando sobre su cabeza, y, por un instante, tuvieron la impresin de pasar bajo las ramas retorcidas de una hilera de rboles viejsimos.

 Observen que no se tocan  dijo Duval . Puede verse claramente la separacin; siempre el mismo hueco, que hay que saltar qumicamente.

 Parecen estar llenas de luces  dijo Cora.

 No es ms que una ilusin dijo Michaels, en un tono todava ligeramente irritado. El reflejo de la luz miniaturizada produce este efecto. Pero nada tiene que ver con la realidad.

 Cmo lo sabe? pregunt al punto Duval. ste es un importante campo de investigacin. El reflejo de la luz miniaturizada tiene que variar ligeramente segn la estructura del contenido molecular de la clula. Me atrevo a predecir que esta clase de reflexin llegar a ser el instrumento ms eficaz para el estudio de los detalles microscopeos de las clulas. Es muy posible que las tcnicas derivadas de nuestra misin sean mucho ms importantes que lo que le ocurra a Benes.

 Lo dice usted a modo de excusa, doctor? pregunt Michaels.

Duval enrojeci:

 Explqueme esto!

 Ahora, no dijo Grant, imperiosamente. Ni una palabra ms, caballeros.

Duval suspir profundamente y se volvi de cara a la ventana.

 De todos modos dijo Cora, se ven las luces. Mire hacia arriba, Grant. Observe aquella dendrita que se acerca.

 Ya la veo dijo Grant.

A diferencia de lo que haban observado en el resto del cuerpo, los acostumbrados reflejos no brillaban aqu desordenadamente y dando la impresin de una densa nube de lucirnagas. Por el contrario, el destello corra a lo largo de la dendrita, y empezaba uno nuevo antes de que el primero hubiese llegado al final de su recorrido.

 Saben lo que parece? dijo Owens. Recuerdan los viejos rtulos anunciadores, a base de bombillas elctricas, con mviles intermitencias de luz y de sombra?

 S  dijo Cora . Esto es exactamente lo que parece. Pero, por qu?

 Una onda de despolarizacin recorre la fibra nerviosa al ser sta estimulada  dijo Duval . Cambian las concentraciones inicas; el in de sodio entra en la clula. Esto transforma la intensidad de carga y hace bajar el potencial elctrico. De alguna manera, esto debe afectar al reflejo de la luz miniaturizada, que es precisamente aquello a que antes me refera, y lo que estamos viendo es la onda de despolarizacin.

Ahora que Cora haba llamado nuestra atencin sobre la circunstancia, o tal vez porque nos habamos adentrado ms en el cerebro, la onda de destellos estaba presente en todas partes; movindose a lo largo de las clulas, trepando y descendiendo por las fibras, retorcindose segn una pauta increblemente compleja que pareca, a primera vista, totalmente arbitraria, pero que, de algn modo, daba una impresin de orden.

 Lo que estamos viendo  dijo Duval  es la esencia de la humanidad. Las clulas son el cerebro fsico; pero esos mviles destellos representan el pensamiento, la mente humana.

 Es sa la esencia? dijo Michaels, rudamente. Yo tena entendido que era el alma. Dnde est el alma humana, Duval?

 Cree usted que no existe, slo porque no puede descubrirla? dijo Duval. Dnde est el genio de Benes? Nos encontramos en su cerebro Seleme dnde est el genio.

 Basta!  dijo Grant.

Michaels llam a Owens y le dijo:

 Casi hemos llegado. Pase el capilar en el punto indicado. Limtese a cruzar.

Duval dijo, reflexivamente:

 Esto es lo ms pavoroso. No nos hallamos simplemente en el cerebro de un hombre. Lo que nos rodea es la mente de un genio cientfico, de alguien a quien casi me atrevera a comparar con Newton.

Guard un momento de silencio y, despus, cit:

...Donde se ergua la estatua

de Newton con su cara prismtica y silente.

El ndice de mrmol de una mente...

Grant le interrumpi con un murmullo reverente:

...viajando

eternamente por extraos mares de ideas, solo.

**** ** ****

De nuevo se hizo un breve silencio. Grant dijo:

 Creen ustedes que Wordsworth pensara, o pudo pensar, en esto, al hablar de los  extraos  mares  de ideas? Porque ste es literalmente el mar de las ideas, no? Y muy extrao, ciertamente.

 Jams habra pensado que le gustase la poesa, Grant dijo Cora.

Grant asinti con la cabeza.

 Todo msculos y nada de ideas. ste es mi retrato.

 No se enfade...

 Cuando hayan terminado de recitar versos dijo Michaels, srvanse mirar adelante, caballeros.

Seal con el dedo. Volvan a estar en el torrente sanguneo; pero los glbulos rojos (de color azulado) flotaban prcticamente inmviles, vibrando slo ligeramente a causa del movimiento de Brown. Frente a ellos, vease una sombra.

A travs de las paredes transparentes del capilar, poda percibirse un bosque de dendritas, cuyas ramas y filamentos eran recorridos por hileras de destellos luminosos. Pero stos corran cada vez ms despacio, hasta que cesaron totalmente al llegar a cierto punto.

El "Proteus" se detuvo. Hubo un momento de silencio. Despus, Owens, con voz pausada, dijo:

 Creo que hemos llegado a nuestro punto de destino. Duval asinti con la cabeza.

 S. El cogulo.

CAPITULO XVII: COAGULO

 Observen cmo cesa la accin nerviosa en el cogulo  dijo Duval. Prueba evidente de que existe lesin nerviosa. No me atrevera yo a jurar que salvaremos a Benes, aunque destruyamos el cogulo

 Magnfico razonamiento, doctor dijo Michaels, en tono sarcstico. Una buena excusa para usted, no?

 Cllese, Michaels  dijo Grant, framente.

 Pngase el traje de inmersin, Miss Peterson  dijo Duval. Tenemos que actuar con toda rapidez. Y pngaselo del revs. Los anticuerpos se han familiarizado con su superficie normal, y podra haber algunos por estos alrededores.

Michaels sonri, desalentado.

 No se molesten. Es demasiado tarde.  Seal el cronmetro, que pasaba ahora lentamente del 7 al 6, y aadi : No hay tiempo para realizar la operacin y volver al punto de la yugular donde debe realizarse la extraccin. Aunque lograsen destruir el cogulo, empezara aqu la desminiaturizacin y mataramos a Benes.

Duval sigui vistindose, y lo propio hizo Cora. Aqul dijo:

 De todos modos, no saldr peor librado que si dejamos de operarle.

 Pero s nosotros. Al principio, la desminiaturizacin ser lenta. Tal vez tardemos un minuto en alcanzar un tamao que atraiga la atencin de los glbulos blancos. Hay millones de ellos en el lugar de la lesin. Seremos engullidos.

 De veras?

 Incluso dudo de que el "Proteus" y nosotros pudisemos soportar la fuerza fsica de la compresin dentro del hueco digestivo de una clula blanca. Ni siquiera en nuestro estado de miniaturizacin, ni cuando adquirisemos mayor  tamao.  Seguiramos  aumentando, pero,  cuando hubisemos recobrado nuestras dimensiones normales, no seramos ms que una nave aplastada y unos seres humanos aplastados. Es mejor que nos saque de aqu, Owens, y nos lleve cuanto antes al punto en que debemos ser extrados.

 Alto ah! dijo Grant, irritado. Cunto tardaremos en llegar al lugar de la extraccin?

 Dos minutos  dijo Owens, con voz dbil.

 Nos quedan, pues, cuatro minutos. Tal vez ms. No es cierto que el clculo de los sesenta minutos deja un margen de seguridad? Podemos seguir miniaturizados algn tiempo ms, si el campo aguanta un poco ms de lo previsto.

 Puede ser  dijo Michaels, secamente , pero no se haga ilusiones. Un minuto ms. Dos minutos en el exterior. No podemos vencer el Principio de Incertidumbre.

 Est bien. Dos minutos. Y la desminiaturizacin, no puede tardar un poco ms de lo que calculamos?

 Acaso un minuto o dos, si tenemos suerte dijo Duval.

 Todo depende de la naturaleza azarosa de la estructura bsica del Universo  intervino Owens . Si tenemos suerte, si todo se desarrolla a favor nuestro...

 Pero slo un minuto o dos, como mximo  dijo Michaels.

 Est bien  dijo Grant : nos quedan cuatro minutos, ms otros dos minutos posibles, ms un minuto o dos de desminiaturizacin incipiente, antes de que podamos perjudicar a Benes. Esto hace un total de siete minutos, a nuestra larga y deformada escala. Adelante, Duval!

 Todo lo que va usted a lograr, maldito estpido,

ser matar a Benes, y a nosotros con l chill Michaels. Llvenos al lugar de la extraccin, Owens.

Owens vacil.

Grant corri a la escalerilla y trep a la cabina de Owens.

 Pare el motor, Owens  le dijo . Prelo.

Owens apoy un dedo en el interruptor, pero se detuvo. Grant alarg rpidamente la mano y, con ademn enrgico, lo hizo girar hasta el punto de Off.

 Ahora, bajemos. Venga conmigo abajo.

Casi arranc a Owens de su asiento, y ambos bajaron la escalerilla. Todo esto haba ocurrido en unos pocos segundos, durante los cuales Michaels haba permanecido observndoles boquiabierto, demasiado aturrullado para actuar.

 Qu diablos ha hecho?  pregunt al fin.

 La nave permanecer aqu  dijo Grant , hasta eme la operacin haya terminado. Ponga manos a la obra, Duval.

 Coja el lser, Miss Peterson  dijo Duval.

Ambos se haban puesto los trajes de inmersin. El de Cora mostraba las costuras y le daba un triste aspecto.

 Debo de estar hecha una facha  dijo ella.

 Se han vuelto locos todos? grit Michaels. No tenemos tiempo. Es un suicidio. Escchenme. Estaba temblando de ansiedad. No pueden hacer nada.

 brales la escotilla, Owens  dijo Grant.

Michaels se lanz hacia delante; pero Grant lo agarr, le hizo dar media vuelta y le dijo:

 No me obligue a pegarle, doctor Michaels. Me duelen los msculos y no tengo ganas de emplearlos; pero, si pego, pegar fuerte, y le prometo que le romper la mandbula.

Michaels levant el puo, como dispuesto a aceptar el reto. Pero Duval y Cora haban desaparecido ya por la escotilla, y cuando Michaels lo advirti su voz se hizo casi suplicante.

 Escuche, Grant: acaso no comprende la situacin? Duval matar a Benes. Le ser muy fcil. Una nfima desviacin del lser, y nadie se dar cuenta. En cambio, si sigue mi consejo, podemos dejar a Benes con vida e intentarlo de nuevo maana.

 Maana, Benes puede estar muerto, y tengo entendido que no pueden volver a miniaturizarnos durante algn tiempo.

Pero puede estar vivo; mientras que, si no detiene a Duval, morir indefectiblemente. Y, si no pueden miniaturizarnos a nosotros, pueden hacerlo con otras personas.

 Y con otro barco? Slo disponemos del "Proteus", y nicamente ste rene condiciones.

Michaels estaba cada vez ms excitado.

 Le digo, Grant, que Duval es un agente enemigo.

 No lo creo.

 Por qu? Porque es tan religioso? Porque da muestras de una piedad ridicula? Acaso no es ste el disfraz ms adecuada? O se ha dejado usted influir por su amante, por esa...?

 No termine la frase, Michaels! dijo Grant. Y ahora escuche. No hay la menor prueba de que sea un agente enemigo, ni razn alguna que me induzca a creerlo.

 Pero yo le digo...

 S muy bien lo que dice. Pero lo cierto es que yo creo que es usted el agente enemigo, doctor Michaels.

Yo?

 S. En realidad, tampoco tengo verdaderas pruebas; ninguna prueba valedera ante un tribunal de justicia; pero creo que el servicio de seguridad podr encontrarlas.

Michaels se apart de Grant y se lo qued mirando, horrorizado.

 Claro! Ahora lo comprendo! Usted es el agente, Grant! No lo est viendo, Owens? Hemos tenido docenas de ocasiones de salir de aqu, una vez comprobado que la misin no poda tener xito, y l se ha negado siempre. Nos oblig a permanecer aqu. Por esto se esforz tanto en repostar aire en el pulmn... Por esto... Aydeme, Owens! Aydeme!

Owens permaneci indeciso.

 El cronmetro est a punto de saltar a cinco  dijo Grant. Disponemos de tres minutos ms. Dme estos tres minutos, Owens. Sabe que Benes no vivir, a menos que destruyamos el cogulo en estos tres minutos. Saldr a ayudarles, y usted vigilar a Michaels. Si no he regresado cuando el cronmetro marque dos. salga de aqu y slvese con el barco. Benes morir, y tal vez moriremos tambin nosotros. Pero usted se salvar y podr acusar a Michaels.

Owens guard silencio.

 Tres minutos  dijo Grant, y empez a ponerse el traje de inmersin.

El cronmetro pas al 5.

 Tres  minutos dijo Owens, al fin, Est bien. Pero slo tres minutos.

Michaels se sent, abrumado.

 Permite usted que maten a Benes, Owens. Yo he hecho cuanto he podido; mi conciencia est tranquila.

Grant cruz la escotilla.

**** ** ****

Duval y Cora nadaron velozmente en direccin al cogulo, llevando l el lser y ella el aparato que suministraba la energa.

 No veo ninguna clula blanca  dijo Cora . Y usted, doctor?

 Yo no las miro  dijo, bruscamente, Duval.

Miraba fijamente hacia delante. El resplandor de los faros de proa y de los otros ms pequeos de la nave quedaba amortiguado por una maraa de fibras que pareca encerrar el cogulo, precisamente al otro lado del punto en que cesaban los impulsos nerviosos. La pared de la arteriola haba sido lesionada y estaba ahora completamente bloqueada por el cogulo, que oprima fuertemente aquella seccin de fibras y de clulas nerviosas.

 Si logramos romper el cogulo y aliviar la presin sin tocar el propio nervio murmur Duval, todo ir bien. Y si dejamos slo una pequea escara que mantenga cerrada la arteriola. Maniobr para adoptar la posicin conveniente y levant el lser Y si esto funciona  aadi.

 Doctor Duval  dijo Cora , recuerde que dijo usted que, para economizar los rayos, lo mejor era dirigirlos desde arriba.

 Lo recuerdo muy bien  dijo Duval, gravemente , y es esto lo que me propongo hacer.

Apret el gatillo del lser. Un finsimo rayo de luz brill durante un breve instante.

 Funciona! dijo Cora, alegremente.

 Ha funcionado esta vez  dijo Duval . Pero tendr que hacerlo muchas ms.

El cogulo haba mostrado su relieve durante un brevsimo instante, bajo el brillo intolerable del rayo del lser, cuya trayectoria qued marcada por una hilera de diminutas burbujas. Despus, la oscuridad pareci todava ms intensa.

 Cierre un ojo, Miss Peterson dijo Duval, a fin de que la retina no tenga que readaptarse.

Brill de nuevo el lser, y, al apagarse, Cora cerr el ojo que tena abierto y abri el que tena cerrado.

 Funciona, doctor Duval  dijo, muy excitada . El brillo progresa ahora hasta perderse de vista. Se est iluminando toda una zona oscura.

Grant se acerc a ellos, nadando.

 Cmo va eso, Duval?

 No va mal respondi ste. Si puedo atravesarlo en sentido transversal y aliviar la presin sobre un punto clave, creo que todo el trayecto del nervio quedar berado.

Nad hacia un lado.

 Nos quedan menos de tres minutos  le grit Grant.

 Djeme en paz  dijo Duval.

 Todo marcha bien, Grant dijo Cora. Lo conseguir. Acaso Michaels ha armado jaleo?

 Un poco  dijo Gran, seriamente . Owens se ha quedado vigilndole.

 Vigilndole?

 Por si acaso...

**** ** ****

En el interior del "Proteus", Owens lanzaba inquietas miradas a su alrededor.

 Que me aspen si s lo que he de hacer  murmur.

 Permanecer sentado y dejar que los asesinos realicen su trabajo  dijo Michaels, con sarcasmo . Tendr que responder de esto, Owens.

ste guard silencio.

 No ir usted a creer que soy un agente enemigo  dijo Michaels.

 Yo no creo nada  respondi Owens . Esperaremos la seal de los dos minutos y, si no han regresado, nos marcharemos de aqu. Le parece mal?

 Est bien  dijo Michaels.

 El lser funciona  prosigui Owens . He visto su brillo. Y adems...

Qu?

 El cogulo. Ahora puedo ver el destello de la accin nerviosa en aquella direccin, donde antes no se vea.

 Yo no veo nada  exclam Michaels, mirando al exterior.

 Pues yo s  insisti Owens . Le digo que el lser runciona. Y volvern. Creo que estaba usted equivocado, Michaels.

Michaels se encogi de hombros.

 Bueno, tanto mejor. Ojal me equivoque y Benes siga viviendo. Aunque...  Su voz adquiri un tono de alarma : Owens!

 Qu pasa?

 Algo anda mal en la escotilla. Ese maldito imbcil de Grant deba estar demasiado excitado para cerrarla debidamente. O fue realmente a causa de la excitacin?

 Pero, qu es lo que anda mal? Yo no veo nada.

 Est ciego? Est entrando fluido. Mire el suelo.

 Ha estado mojado desde que Grant y Cora se libraron de los anticuerpos. No recuerda que...?

Owens estaba mirando la escotilla, y Michaels aprovech aquel momento para asir el destornillador utilizado por Grant para abrir la tapa del aparato de radio y descargar un golpe con el mango en la cabeza de Owens.

Lanzando una exclamacin ahogada, Owens cay de rodillas, aturdido.

Michaels volvi a golpearle, con prisa febril, y empez a meter el inerte cuerpo en el traje de inmersin. El sudor formaba grandes gotas sobre su calva. Abri la puerta de la cmara de salida y arroj a Owens dentro de ella. Despus dej que la cmara se llenase de lquido y abri la puerta exterior, perdiendo un momento precioso al buscar el botn correspondiente en el tablero de control.

Lgicamente, hubiese tenido que comprobar la expulsin de Owens, pero no tena tiempo para hacerlo.

No hay tiempo pens, no hay tiempo...

Subi precipitadamente a la cabina y estudi los mandos. Habra que apretar algn botn para poner el motor en marcha. Ah! Ah estaba! Un estremecimiento de triunfo recorri su cuerpo al escuchar el distante zumbido de los motores.

Mir hacia el cogulo. Owens tena razn. Un destello luminoso recorra un largo nervio que hasta entonces haba permanecido a oscuras.

**** ** ****

Duval disparaba el rayo del lser a breves y rpidos intervalos.

 Creo que esto es cosa hecha, doctor  dijo Grant. Se acab nuestro tiempo.

 S; creo que lo he conseguido. El cogulo ha sido destruido. Una porcin de l. Ah..., Mr. Grant, la operacin ha sido un xito!

 Y nos quedan tres minutos para salir de aqu, o tal vez dos. Volvamos a la embarcacin...

 Alguien llega dijo Cora.

Grant dio media vuelta y se lanz en direccin a una figura que nadaba desmayadamente.

 Michaels...! exclam. Y, acto seguido : No; es Owens. Qu...?

 No lo s  dijo Owens . Creo que me golpe. No s cmo he llegado hasta aqu.

 Dnde est Michaels?

 En la nave. Supongo...

 Los motores se han puesto en marcha! exclam Duval.

 Qu...? exclam Owens, aturdido. Quin...?

 Michaels dijo Grant. Se ha apoderado de los mandos.

 Por qu abandon usted la nave, Grant? pregunt Duval, severamente.

 Esto mismo me pregunto yo. Haba confiado en que Owens...

 Lo siento  dijo ste . No crea que fuese realmente un agente enemigo. No poda...

 Lo malo es que tampoco yo estaba completamente seguro dijo Grant. Naturalmente, ahora..

 Un agente enemigo!  dijo Cora, horrorizada.

En aquel momento son la voz de Michaels:

 Eh, vosotros! Dentro de dos minutos llegarn los glbulos blancos; pero yo estar ya camino de regreso. Lo siento, pero despreciasteis las oportunidades que os di de salir conmigo.

La nave empez a describir una amplia curva ascendente.

 Ha puesto el acelerador al mximo  dijo Owens.

 Y creo que se dirige hacia el nervio prosigui Grant.

 Esto es exactamente lo que estoy haciendo, Grant  dijo la voz de Michaels, sarcsticamente . Bastante dramtico, no cree? En primer lugar, arruinar la obra del santurrn Duval, ms que por sta, para producir la lesin que atraer al punto a un ejrcito de glbulos blancos. Ellos cuidarn de ustedes.

 Escuche! grit Duval. Piense un poco! Por qu hacer esto? Piense en su pas!

 Pienso en la Humanidad!  le respondi Michaels, con furia . Lo importante es mantener alejados de esto a los militares. La miniaturizacin ilimitada, puesta en sus manos, significara la destruccin del mundo. Si son tan imbciles que no saben ver esto...

El Proteus se encaminaba ahora directamente hacia el nervio que Duval acababa de poner al descubierto.

 El lser! dijo Grant, desesperadamente. Denme el lser! Arranc el aparato de las manos de Duval. Dnde est el gatillo? No se preocupe. Ya lo he encontrado.

Apunt hacia arriba, tratando de interceptar la trayectoria de la nave.

 Dme la fuerza mxima  grit a Cora . Toda la fuerza!

Afin la puntera, y un rayo de luz del grueso de un lpiz brot del aparato y se extingui.

 El lser est agotado, Grant  dijo Cora.

 Tmelo, por favor. De todos modos, creo que he alcanzado al "Proteus".

Era difcil afirmarlo. En la oscuridad general, no se vea nada con claridad.

 Me parece que le ha dado al timn  dijo Owens . Ha destruido mi barco.

Bajo la mscara, las lgrimas corrieron por sus mejillas.

 Sea cual fuere la parte alcanzada  dijo Duval , la nave parece gravemente averiada.

Efectivamente, el "Proteus" se estaba hundiendo, mientras sus luces de proa oscilaban arriba y abajo en un extenso arco. La nave sigui descendiendo, roz la pared de la arteriola, pas a un palmo del nervio y se hundi en un bosque de dendritas, enganchndose en ellas y desprendindose a continuacin, hasta quedar inmvil, como una burbuja de metal sujeta por gruesas y suaves fibras.

 No ha tocado el nervio dijo Cora.

 Pero ha causado bastantes daos  observ Duval . Puede formarse un nuevo cogulo . , o tal vez no. Espero que as sea. En todo caso, no tardarn en acudir los glbulos blancos. Tenemos que marcharnos en seguida.

 Adonde?  dijo Owens.

 Si seguimos el nervio ptico, podemos llegar al ojo en menos de un minuto. Sganme.

 No podemos abandonar la nave dijo Grant. Pronto empezar a desminiaturizarse.

 Lo que no podemos hacer es llevarla con nosotros  dijo Duval . No tenemos ms alternativa que intentar salvar nuestras vidas.

 Tal vez podra intentarse algo insisti Grant. Cunto tiempo nos queda?

 Nada!  dijo Duval, rotundamente . Creo que ha empezado la desminiaturizacin. Dentro de un minuto habremos aumentado lo bastante para llamar la atencin a las clulas blancas.

 Dice que ha empezado la desminiaturizacin? Yo no noto nada ..

 Ni lo notar. Pero lo que nos rodea parece ligeramente menor de lo que era. Partamos!

Duval lanz una rpida mirada a su alrededor para orientarse.

 Sganme repiti, y empez a nadar.

Cora y Owens le siguieron, y, despus de un momento de vacilacin, Grant hizo lo propio.

Haba fracasado. Y, en resumidas cuentas, haba fracasado porque, al no estar completamente convencido de que Michaels era un enemigo, haba vacilado.

Se maldeca interiormente y pensaba con amargura que era un imbcil, un incapaz para su trabajo.

**** ** ****

 Pero no se mueven  dijo Crter, furioso . Permanecen quietos junto al cogulo. Por qu? Por qu? Por qu?

El cronmetro marcaba 1.

 Demasiado tarde tiara que puedan salir exclam Reid.

Lleg un mensaje del servicio encefalogrfico.

 Seor, los datos del EEG(Electroencefalograma) indican que el cerebro de Benes empieza a recobrar su funcin normal.

 Entonces  chill Crter , la operacin se ha realizado con xito. Por qu se quedan all?

 No tenemos manera de saberlo.

El cronmetro seal 0 e inmediatamente son un timbre de alarma. Su agudo repiqueteo llen la estancia de vibraciones de mal augurio.

Reid levant la voz para hacerse or.

 Tenemos que sacarlos de all.

 Ser la muerte de Benes.

 Benes morir igualmente si no los sacamos.

 Si hay alguien fuera de la nave  dijo Crter , no podremos extraerlo.

Reid se encogi de hombros.

 Es algo inevitable. En tal caso, si los glbulos blancos no dan cuenta de ellos, se desminiaturizarn sin sufrir dao.

 Pero Benes morir.

Red se inclin sobre Crter y grit:

Nada podemos hacer para evitarlo. Nada! Benes es hombre muerto! Quiere arriesgarse a matar intilmente a otras cinco personas?

Crter pareci derrumbarse.

 D la orden!  dijo.

Red se dirigi al transmisor.

 Extraigan el "Proteus"  dijo, con voz pausada, y se encamin seguidamente a la ventana que dominaba la sala de operaciones.

**** ** ****

Michaels estaba medio inconsciente cuando el "Proteus" se detuvo sobre el lecho de dendritas. El sbito giro de la embarcacin al recibir el rayo del lser  s, tena que haber sido el lser, le haba arrojado con gran violencia contra el tablero de mandos. Lo nico que senta era un intenso dolor en el brazo derecho. Sin duda se lo haba roto. Se haba fundido un sector de la pared y slo la tensin superficial del plasma evitaba la inundacin.

El aire que quedaba le durara el par de minutos que faltaban para empezar la desminiaturzacin. Incluso le pareci, mientras observaba, que las dendritas se haban estrechado un poco. Y, como stas no podan menguar de tamao, lo que ocurra era que l empezaba a aumentar, aunque muy lentamente al principio. Cuando hubiese recobrado su tamao normal, podran curarle el brazo. Los otros seran devorados por las clulas blancas. Y l dira..., dira..., cualquier cosa, para explicar la avera del barco. En todo caso, Benes morira, y la miniaturizacin indefinida morira con l. Y habra paz..., paz...

Observ las dendritas, mientras su cuerpo permaneca doblado, inerte, sobre el tablero de control. Poda moverse? Estaba paralizado? Se haba roto tambin la columna vertebral?

Reflexion vagamente sobre esta posibilidad. Sinti que sus facultades de comprensin y de raciocinio se diluan, mientras una nube lechosa cubra las dendritas.

Una nube lechosa?

Un glbulo blanco!

S; era un glbulo blanco. La nave era mayor que los elementos que flotaban en el plasma, y la embarcacin estaba en el lugar de la lesin. Sera ella la que primero atraera la atencin de la clula blanca

La ventanilla del "Proteus" se cubri de leche resplandeciente. La materia lechosa invadi el plasma del boquete del casco de la nave y pugn por quebrantar la barrera de la tensin.

El penltimo ruido que oy Michaels fue el chasquido del "Proteus", frgil en su estructura de tomos miniaturizados, rebasado en su punto de rotura y quebrndose en aicos bajo la presin del glbulo blanco.

El ltimo ruido que oy fue el de su propia risa.

CAPITULO XVIII:  OJO

Cora vio el glbulo blanco casi al mismo tiempo que Michaels.

 Miren!  grit, horrorizada.

Se detuvieron y se volvieron a mirar.

El glbulo blanco era enorme. Tena cinco veces el dimetro del "Proteus", o tal vez ms. Comparado con los individuos que lo observaban, era una montaa, una montaa de protoplasma lechoso, pulstil, desprovisto de piel. Su ncleo, grande y lobulado, sombra lechosa en el interior de su materia, pareca un ojo maligno y de contorno irregular, y la forma total de aquella criatura cambiaba a cada instante. Una porcin de ella se hinch en direccin al "Proteus".

Grant, como obedeciendo a un impulso reflejo, empez a nadar hacia el "Proteus".

Cora le agarr de un brazo.

 Qu va a hacer, Grant?

 Es imposible salvarle  dijo Duval, excitado . Malgastar su vida intilmente.

Grant sacudi violentamente la cabeza.

 No estoy pensando en Michaels, sino en el barco.

 Tampoco puede salvar el barco dijo Owens, con tristeza.

 Pero podemos, tal vez, llevarlo a un sitio donde pueda expansionarse sin peligro. Escuchen: aunque sea aplastado por el glbulo blanco, aunque se desintegre en tomos, cada tomo miniaturizado se desminiaturizar; en realidad, ha empezado ya la desminiaturizacin. Lo mismo da que Benes muera a causa de la nave intacta o de un montn de chatarra.

 Pero no puede sacar el barco de aqu dijo Cora . Oh, Grant! Por favor, no quiera morir despus de todo lo que hemos pasado.

Grant le sonri.

 Me sobran razones para no morir, crame, Cora. Sigan nadando los tres y djenme hacer un experimento de colegial.

Y ech a nadar en direccin al monstruo El corazn le lata de un modo insoportable. Haba otros glbulos blancos detrs de aqul, bastante lejos; pero slo uno le interesaba: el que estaba engullendo al "Proteus".

Al acercarse, pudo ver su superficie. Una porcin de sta manifestbase claramente de perfil; dentro de ella, haba granulos y una especie de burbujas. Un mecanismo muy intrincado, demasiado complicado para que lo hubieran comprendido los bilogos, y todo l encerrado en una gota microscpica de materia viva El Proteus se hallaba ahora en su interior; una sombra oscura encerrada en una de las burbujas. Grant crey ver por un instante la cara de Michaels en la cabina; pero, indudablemente, fue slo fruto de su imaginacin.

Grant alcanz al fin la palpitante y montaosa superficie; pero, cmo llamar la atencin a una cosa semejante? No tena ojos ni sentidos, ni inteligencia, ni voluntad. Era una mquina automtica de protoplasma, construida para reaccionar de cierto modo contra un ataque. Cmo? Grant lo ignoraba. Sin embargo, cuando se aproximaba una bacteria, la clula blanca lo saba. A su manera celular, ella lo saba. Por esto haba reaccionado en presencia del "Proteus" y lo haba engullido.

Grant era mucho ms pequeo que el Proteus, mucho menor que una bacteria, incluso en aquel momento. Sera lo bastante grande para que el glbulo blanco lo advirtiera? Sac el cuchillo y lo hundi profundamente en la masa que tena ante l, rasgndola hacia abajo. Nada ocurri. No sali sangre, porque las clulas blancas carecen de ella. En cambio, apareci una protuberancia en el protoplasma, taponando la ruptura de la membrana.

Grant hundi de nuevo el cuchillo. No quera matar la clula, ni se crea capaz de hacerlo, dado su tamao actual. Sin embargo, no habra una manera de atraer su atencin?

Se apart un poco y advirti, con emocin creciente, que una protuberancia de la pared avanzaba en direccin a l. Se alej ms y la protuberancia le sigui. Su presencia haba sido advertida No saba cmo; pero lo cierto era que el glbulo blanco, con todo lo que contena, con el Proteus en su interior, haba empezado a seguirle.

Se alej ms de prisa. El glbulo blanco le sigui, pero (tal como fervientemente deseaba) con poca rapidez. Grant haba previsto que la clula blanca no era apta para alcanzar velocidad, que se mova como una amiba, proyectando una porcin de su sustancia y vertindose despus en la protuberancia. En condiciones corrientes, luchaba contra objetos inmviles, contra bacterias o contra desperdicios extraos e inanimados. Su movimiento amiboide era suficiente para esto. En cambio, ahora tena que habrselas con un objeto capaz de desplazarse rpidamente. Ojal su rapidez fuese bastante, pens ardientemente Grant. Con creciente velocidad, nad al encuentro de sus compaeros, que avanzaban despacio, esperndole.

 Dense prisa  jade . Creo que me sigue.

 Y hay otros detrs  dijo Ehival, alarmado.

Grant mir hacia atrs. A lo lejos, pululaban los glbulos blancos. Cuando uno de ellos advirti su presencia, la haban advertido ya todos los dems.

 Cmo...?

 Vi cmo hera usted a la clula blanca. Si la lesion, brotaron de ella sustancias qumicas que pasaron al torrente sanguneo, sustancias qumicas que atrajeron a las clulas blancas de los sectores prximos.

 Entonces, por el amor de Dios, nademos!

**** ** ****

El equipo quirrgico se haba reunido alrededor de la cabeza de Benes, mientras Crter y Reid observaban desde arriba. La depresin de Crter aumentaba por momentos.

La operacin haba terminado. Y no haba servido para nada, para nada, para...

 General Crter! Seor!  dijo una voz apremiante, estridente, temblorosa de excitacin.

 Qu?

 El "Proteus", seor. Se mueve!

Crter grit:

Suspendan la intervencin!

Todos los miembros del equipo quirrgico levantaron la cabeza con interrogativa sorpresa. Reid tir de la manga a Crter.

 El movimiento puede ser simple efecto de la lenta aceleracin de la desminiaturizacin del barco. Si no los saca de all ahora mismo, pueden verse amenazados por los glbulos blancos.

 Cul es el movimiento? grit Crter. Adonde se dirige?

 A lo largo del nervio ptico, seor.

Crter se volvi a Reid.

 Adonde conduce? Qu significa esto?

El rostro de Reid se ilumin.

 Significa una salida de emergencia  dijo  en la que no haba pensado. Se encaminan al ojo, para salir por el conducto lacrimal. Todava pueden conseguirlo, lesionando el ojo en el peor de los casos. Que alguien traiga un portaobjetos. Vayamos abajo, Crter.

**** ** ****

El nervio ptico era un haz de fibras, y cada una de stas como una ristra de salchichas.

Duval se detuvo para posar la mano en la juntura entre dos de las salchichas.

 Un nodulo de Ranvier dijo, maravillado, y lo estoy tocando.

 Deje de tocar y siga nadando  jade Grant.

Grant observaba ansiosamente para asegurarse de que el glbulo blanco continuaba la persecucin. El que se haba tragado al "Proteus". En cuanto a ste, ya no poda verlo. Si estaba en el interior del glbulo blanco ms prximo, se haba hundido tanto en su sustancia que se haba hecho invisible. Pero, si aquel glbulo blanco no era su glbulo, entonces, a pesar de todo, Benes morira. Los nervios lanzaban destellos al ser heridos por la luz de los cascos, y los destellos retrocedan con gran rapidez.

 Impulsos luminosos  murmur Duval . Los ojos de Benes no estn completamente cerrados.

 Todo est menguando de tamao  dijo Owens . Han reparado en ello?

 S  respondi Grant, moviendo la cabeza.

El monstruoso glbulo blanco era slo la mitad de lo que haba sido momentos antes.

 Slo disponemos de unos segundos  dijo Duval.

 Yo no puedo seguir gimi Cora.

Grant se coloc a su lado.

 Claro que puede! Estamos ya en el ojo. Con franquear el espacio de media lgrima estaremos salvados.

Le rode la cintura con un brazo y la empuj hacia delante; despus tom el lser que ella segua llevando.

Duval dijo:

 Pasando por aqu, saldremos al conducto lacrimal.

Su aumento de tamao haca que casi llenasen el espacio intersticial por el que seguan nadando. Al aumentar su volumen, haba aumentado tambin su velocidad, y las clulas blancas no parecan ya tan amenazadoras.

Duval abri de un puntapi la pared membranosa que se levantaba ante ellos.

 Pasen dijo. Usted primero, Miss Peterson. Grant la empuj y pas detrs de ella. Despus lo hizo Owens y, por ltimo, Duval.

 Ya hemos salido  dijo Duval, esforzndose por dominar su emocin. Estamos fuera del cuerpo.

 Espere dijo Grant. Quiero que salga tambin esa clula blanca. En otro caso...

Aguard un instante y lanz un grito de entusiasmo.

 Ah est! Y, por todos los santos, que es la nuestral

La clula blanca se desliz por la abertura practicada por Duval, aunque con ciertas dificultades. El "Proteus", o su estructura deshecha, vease claramente a travs de la sustancia. Haba crecido hasta alcanzar un tamao equivalente a la mitad del glbulo blanco, y el pobre monstruo tena que enfrentarse con un inesperado ataque de indigestin. Sin embargo, luch con gallarda. Haban estimulado su impulso de persecucin, y no poda hacer otra cosa sino seguir adelante.

Los tres hombres y la mujer ascendieron por una sima que se llenaba de fluido. El glbulo blanco, que apenas se mova, subi tras ellos. La suave y curva pared de uno de los lados era transparente; no a la manera de la fina pared de los capilares, sino transparente de verdad. No haba seales de membranas celulares ni de ncleos.

 Es la crnea  dijo Duval . La otra pared es el prpado inferior. Tenemos que alejarnos lo ms posible para no daar a Benes al desminiaturizarnos, y slo disponemos de unos segundos.

En lo alto, a algunos metros por encima de ellos (a su todava diminuta escala), vease una hendidura horizontal.

 Por all dijo Duval.

**** ** ****

 El barco se encuentra en la superficie del ojo dijo una voz, en tono triunfal.

 Muy bien  dijo Reid . Es el ojo derecho.

Uno de los tcnicos, que sostena el portaobjetos, se inclin sobre el ojo cerrado de Benes. Haba sido colocada una lente en el lugar adecuado. Con ayuda de unas pinzas forradas de fieltro, alguien pellizc suavemente el prpado inferior y tir de l hacia abajo.

 Ah est  dijo el tcnico, con voz apagada . Como una mota de polvo.

Con mucho cuidado, aplic el portaobjetos al ojo y retir la lgrima que contena la mota.

Todos se echaron atrs.

 Si ya puede verse a simple vista, aumentar de volumen con gran rapidez dijo Reid. Despejen!

El tcnico, debatindose entre la prisa y la necesidad de mostrarse amable, coloc el portaobjetos en el suelo y se alej a toda velocidad.

Las enfermeras se llevaron rpidamente la mesa de operaciones, cruzando la doble puerta de la estancia, y, con una velocidad increble, las motas de polvo del portaobjetos recobraron su tamao natural.

Tres hombres, una mujer y un montn de fragmentos metlicos, redondeados y erosionados, aparecieron en el lugar donde momentos antes no haba nada.

 Solamente han sobrado ocho segundos  murmur Reid.

Pero Crter grit:

Dnde est Michaels? Si sigue todava dentro de Benes...

Y ech a correr detrs de la mesa de operaciones, abrumado una vez ms por la conciencia de la derrota.

Grant se quit el casco y le llam con un ademn.

Todo est en orden, general Eso es lo que queda del "Proteus", y, en su interior, encontrar lo que queda de Michaels. Tal vez nicamente un montn de gelatina orgnica y algunos fragmentos de huesos.

**** ** ****

Grant no se haba acostumbrado todava al mundo normal. Haba dormido, con breves interrupciones, durante quince horas, y se despert sorprendido de hallarse en un mundo de espacio y de luz.

Desayun en la cama, mientras Crter y Reid sonrean junto a la cabecera.

 Tambin reciben los otros este tratamiento? inquiri.

 Todo lo que pueda comprarse con dinero... dijo Crter, al menos, durante una temporada. Slo hemos dejado marchar a Owens. Estaba ansioso de volver junto a su mujer y sus hijos, y le dejamos partir, pero slo cuando nos hubo explicado someramente lo ocurrido. Por lo visto, Grant, el xito de la misin se debi principalmente a usted.

 Es posible, si quiere usted olvidar algunos fallos  dijo Grant >. Si va a recomendarme para una medalla y un ascenso, lo acepto de antemano. Si va a recomendarme para unas vacaciones pagadas de un ao de duracin, lo acepto todava con mayor entusiasmo. Pero, en realidad, la misin habra fracasado sin la ayuda de cualquiera de nosotros. Incluso Michaels nos gui con eficacia durante la mayor parte del trayecto.

 Michaels... dijo Crter, pensativo. Lo que a l se refiere debe permanecer secreto, sabe? La versin oficial es que muri en cumplimiento del deber. No conviene que se sepa que un traidor se haba infiltrado en las FDMC. Y, en realidad, an no s si era un traidor.

 Yo le conoca lo bastante para afirmar que no lo era dijo Red. Al menos, no en el sentido corriente de la palabra.

Grant asinti con la cabeza.

 Estoy de acuerdo. No era un villano de novela. Perdi un tiempo precioso poniendo a Owens el traje de inmersin antes de echarlo fuera de la nave. Estaba dispuesto a dejar que lo mataran los glbulos blancos, pero no poda hacerlo con sus manos. No... Yo creo que realmente quera que la miniaturizacin indefinida siguiera siendo un secreto, para bien de la Humanidad.

 Era partidario de la miniaturizacin para usos pacficos  dijo Reid . Y, en esto, comparto su opinin. Qu ventajas se obtendran si...?

Crter le interrumpi:

 Esto es fruto de una mentalidad que lleg a hacerse irracional por un exceso de tensin. Escuchen: sufrimos esto desde que se invent la bomba atmica. Siempre hay gente que se imagina que, si se elimina cualquier nuevo descubrimiento de espantosas consecuencias, todo marchar bien. Slo que no pueden suprimirse los descubrimientos cuando llega su tiempo. Si Benes hubiese muerto, la miniaturizacin indefinida habra sido descubierta el ao prximo, o dentro de cinco aos, o dentro de diez. En este caso, Ellos hubieran podido tenerla primero.

 Y ahora  dijo Grant , los primeros seremos nosotros. Y qu haremos con ella? Abocarnos a la guerra final? Tal vez Michaels tena razn.

 Y tal vez el sentido comn prevalecer en ambos bandos replic Crter, secamente. Hasta ahora, as ha sido.

 Y especialmente dijo Reid habida cuenta de que, cuando se sepa esta historia y los medios periodsticos difundan la noticia del alucinante viaje del "Proteus", los usos pacficos de la miniaturizacin sern dramatizados hasta el punto de que nos permitirn luchar contra el dominio militar de la tcnica. Y tal vez tengamos xito. Crter tom un cigarro, frunci el ceo y no contest directamente.

 Dgame, Grant: cundo empez a sospechar de Michaels?

 En realidad, no sospech  respondi Grant . Todo fue producto de un montn de pensamientos confusos. En primer lugar, general, usted me embarc en el submarino porque sospechaba de Duval.

 Oh...! Espere...

 Lo sabamos todos los que estbamos a bordo. Tal vez a excepcin del propio Duval. Esto me dio un punto de partida... equivocado. Sin embargo, no estaba usted seguro del terreno que pisaba, pues, en otro caso, me lo habra advertido. Por consiguiente, no estaba dispuesto a dar un resbaln. Haba gente poderosa a bordo de la nave, y yo saba que, si me equivocaba, usted se echara atrs y yo me llevara el rapapolvo.

Reid sonri complacido. Crter enrojeci y observ atentamente su cigarro.

 Naturalmente  prosigui Grant , no le guardo rencor. El recibir los palos forma parte de mi oficio..., siempre que no pueda evitarlo. Por esto esper hasta estar seguro y, en realidad, no lo estuve nunca.

Sufrimos una serie de accidentes, o de posibles accidentes. Por ejemplo, el lser se averi y exista la posibilidad de que Miss Peterson fuese la causante de la avera. Pero, lo habra hecho de una manera tan burda? Ella conoca docenas de maneras de estropearlo de forma que su aspecto siguiera siendo normal y dejara, empero, de funcionar debidamente. Poda haberlo amaado de modo que se desviase la puntera de Duval y matase el nervio o incluso al propio Benes. Una avera burda poda ser nicamente fruto de un accidente o deliberada obra de cualquiera que no fuese Miss Peterson.

En otra ocasin, se solt mi cable salvavidas cuando me hallaba en el pulmn, y a punto estuve de perder la vida Duval era en este caso el principal sospechoso; pero fue l quien propuso iluminar la abertura con los faros de la nave, y a esto debo mi salvacin. Por qu intentar matarme, para salvarme despus? No tena sentido. O era un accidente, o el cable haba sido soltado no por Duval, sino por otra persona.

Perdimos el aire del depsito, y este pequeo desastre poda ser muy bien obra de Owens Pero, al abastecernos de aire, Owens improvis un aparato de miniaturizacin que pareci hacer milagros. Poda abstenerse de hacerlo, y nadie hubiera podido acusarle de sabotaje. Por qu soltar nuestro aire y trabajar despus como un diablo para reponerlo? De nuevo surga el dilema: o haba sido un accidente, o el aire haba sido soltado por alguien que no era Owens.

Poda prescindir de m mismo, porque saba que no me dedicaba al sabotaje. Por consiguiente, slo quedaba Michaels.

 Y dedujo usted que l era el responsable de todos los accidentes dijo Crter.

 No; todava podan haber sido simples accidentes. Esto nunca lo sabremos. Pero, si haban sido sabotajes, Michaels era indudablemente el candidato ms probable, pues era el nico que no haba intervenido en las operaciones de emergencia y el nico incapaz de actuar con mayor sutileza. Consideremos, pues, a Michaels.

El primer accidente fue nuestro tropiezo con la fstula arteriovenosa. O fue pura desgracia, o Michaels nos haba conducido deliberadamente a ella. A diferencia de los otros casos, si era sabotaje no haba ms que un posible culpable: Michaels. Por cierto que se lo dije al propio Michaels en una ocasin. Slo l poda conducirnos hasta all; slo l conoca lo bastante el sistema circulatorio de Benes para descubrir una fstula microscpica, y era l quien haba sealado el punto de nuestra introduccin en la arteria.

 Sin embargo  objet Reid , pudo no ser ms que una desgracia, un error de buena fe.

 Cierto. Pero, as como en todos los dems accidentes los posibles sospechosos hicieron todo lo posible por sacarnos del atolladero, Michaels propuso el inmediato abandono de la misin en cuanto entramos en el sistema venoso. Y lo propio hizo en los dems momentos crticos. Fue el nico que se mostr contumaz en este aspecto. Y, sin embargo, no fue aqu donde se delat en realidad.

 Entonces, en qu se delat?  pregunt Crter.

 Al empezar la misin, cuando fuimos miniaturizados e insertos en la arteria cartida, yo sent temor. Todos estbamos, al menos, un poco inquietos; pero Michaels era el que pareca ms asustado. Estaba casi paralizado de miedo. De momento, no me llam la atencin. Lo consider natural. Ya les he dicho que yo mismo estaba bastante atemorizado, y, en realidad, prefera no ser el nico. Pero ..

 Pero qu?

 A partir del momento en que pasamos la fstula arteriovenosa, Michaels no volvi a dar muestras de temor. En varias ocasiones, cuando todos los dems estbamos nerviosos, l era el nico que no lo estaba. Permaneca firme como una roca. Al principio, me haba confesado reiteradamente su cobarda, como explicacin de su evidente miedo; en cambio, cuando el viaje tocaba a su fin, se enfureci al sugerir Duval que era un cobarde. Su cambio de actitud me pareca cada vez ms extrao.

Pens que haba de existir una razn concreta de aquel miedo inicial. Cuando corra un riesgo junto con los dems, era valiente. Era, pues, muy posible que sintiera miedo cuando su conocimiento del peligro no era compartido por los otros. Su incapacidad de compartir el miedo, la necesidad de enfrentarse l solo con la muerte, era lo que lo haca cobarde.

Al principio, todos estbamos atemorizados por el mero hecho de la miniaturizacin; pero sta se llev a cabo con pleno xito. Despus, todos confiamos en que llegaramos al cogulo, se practicara la operacin y saldramos al exterior, empleando, como mximo, unos diez minutos.

En cambio, Michaels poda ser el nico que saba que esto no ocurrira as. Poda ser el nico en saber que habra dificultades y que estbamos a punto de meternos en un verdadero remolino. Owens haba hablado de la fragilidad de la nave durante la instruccin, y Michaels deba de esperar la muerte. Slo l debi esperar la muerte. No es, pues, de extraar que estuviera a punto de derrumbarse.

Cuando cruzamos la fstula y salimos indemnes de la prueba, su sensacin de alivio se manifest de un modo casi delirante. A partir de entonces, tuvo la seguridad de que no podramos cumplir nuestra misin, y su nerviosismo ces. Cada vez que superbamos una crisis, aumentaba su furor. Y, al llenar ste su nimo, no le dejaba sitio para el miedo.

Cuando llegamos al odo, yo haba adquirido ya el convencimiento de que Michaels, y no Duval, era nuestro hombre. Por esto imped que obligase a Duval a probar el lser, y por esto lo alej de Miss Peterson cuando sta fue atacada por los anticuerpos. Sin embargo, en el ltimo momento comet un error. No permanec con l durante la operacin del cogulo y le di ocasin de apoderarse de la nave. Y fue porque todava flotaba en mi mente la sombra de una duda...

 De que posiblemente el traidor fuera Duval?  dijo Crter.

 S. Por esto quise presenciar la operacin, aunque nada hubiera podido hacer si Duval hubiese sido el traidor. A no ser por esta estupidez final, habra trado el barco intacto y a Michaels con vida.

 Bueno  dijo Crter, levantndose , no podemos quejarnos. Benes vive y se recupera lentamente. Sin embargo, no estoy seguro de que Owens piense lo mismo. No se consuela de la prdida de su barco.

 Es natural  dijo Grant , pues era una estupenda embarcacin. Y , a propsito, saben dnde est Miss Peterson?

 Levantada y tan campante. Por lo visto, tiene ms aguante que usted.

 Quiero decir si est por aqu, en las FDMC.

 S. Supongo que en el departamento de Duval.

 Ya... dijo Grant, sbitamente desanimado. Bueno, voy a lavarme, a afeitarme y a salir de aqui

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Cora reuni los papeles.

 Entonces, doctor Duval, si el informe puede esperar hasta despus del fin de semana, me gustara ausentarme durante estos das.

 Desde luego  dijo Duval . Creo que a todos nos conviene un poco de descanso. Cmo se encuentra?

 Perfectamente, segn creo.

 Ha sido toda una experiencia, no?

Cora sonri y se dirigi a la puerta, en el momento en que asomaba un lado de la cabeza de Grant.

 Miss Peterson?

Cora dio un respingo, reconoci a Grant y corri hacia l, sonriendo.

 En el "Proteus" me llamaba Cora.

 Y puedo seguir hacindolo?

 Naturalmente. Y espero que lo haga en lo sucesivo. Grant vacil.

 Puedes llamarme Charles. E incluso espero que algn da llegues a llamarme el bueno y viejo Charlie.

 Lo intentar, Charles.

 Cundo terminas el trabajo?

 Acabo de dejarlo para el fin de semana.

Grant reflexion durante un momento, se frot el mentn recin afeitado y seal con la cabeza en direccin a Duval, que estaba inclinado sobre su mesa de trabajo.

 Sigues  comprometida con l? pregunt al fin.

 Admiro su trabajo respondi Cora, gravemente, y l admira el mo.

Y se encogi de hombros.

 Puedo yo admirarte a ti? dijo Grant.

Ella vacil y, despus, sonri ligeramente.

 Cuando quieras, y todo el tiempo que quieras. Con tal de que yo pueda admirarte tambin de vez en cuando.

 Avsame cuando esto ocurra, para que adopte la actitud adecuada.

Se echaron a rer. Duval levant la cabeza, los vio en el umbral, sonri dbilmente y agit la mano, en un ademn que igual poda ser de saludo como de despedida.

 Voy a ponerme el traje de calle  dijo Cora . Despus, me gustara ver a Benes. Te parece bien?

 Est permitida la visita?

Cora movi la cabeza.

 No. Pero nosotros somos un caso especial.

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Benes tena los ojos abiertos. Intent sonrer.

Una enfermera murmur, con inquietud:

 Slo un minuto, por favor. l no sabe nada de lo ocurrido; por consiguiente, no se refieran a ello.

 De acuerdo  dijo Grant, y. dirigindose a Benes, aadi en voz baja : Cmo se encuentra?

Benes esboz de nuevo una sonrisa.

 Ni yo mismo lo s. Muy cansado. Tengo jaqueca y me duele el ojo derecho; pero, al parecer, he salvado la vida.

 Bravo!

Se necesita algo ms que un porrazo en la cabeza para matar a un cientfico  dijo Benes . Las matemticas dan al crneo la dureza de una roca, no?

 Nos alegramos mucho dijo Cora amablemente.

 Ahora debo recordar lo que vine a decir. Est todo muy confuso, pero empieza a volver a mi memoria. Lo llevo todo dentro, todo dentro de m.

Y sonri ampliamente.

 Le sorprendera saber todo lo que lleva dentro de usted, profesor  dijo Grant.

La enfermera los acompa a la puerta, y Grant y Cora, dndose la mano, salieron a un mundo que pareci de pronto vaco de temores y ocupado enteramente por la perspectiva de una dicha infinita.

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Este libro se imprimi en los talleres

Composicin Mecnica Saturno,

Andrs Doria, 29-31. Barcelona.

En papel Pluma Cisne

fabricado por Papelera

del Mijares, S. A.
